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Vino, bombones y flores en la noche blanca de San Valentín

La Real Sociedad vivía en la nube del 2026. Tras un cierre de año plagado de dudas, con un despido de entrenador incluido, el nuevo año trajo esperanzas de volver a ser el equipo competitivo de antaño. Pie y medio en la final de la Copa del rey, invicto en liga, victoria ante el Barcelona, empate contra el Atlético de Madrid y racha de once partidos invictos convertían a los vascos en el club de moda del futbol español. Era una historia de amor entre Pellegrino Matarazzo y el templo de Anoeta. Pero como en las comedias románticas que por estos días pululan en la televisión, el día más esperado terminó siendo el que dejó el corazón "partío"

Era sábado 14 de febrero, y el Santiago Bernabéu acogía el encuentro liguero entre el Real Madrid y la Real Sociedad. En las gradas los fanáticos más acérrimos tenían su cita particular con el club de sus amores. Y aunque este en los tiempos recientes ha dejado con más dudas que aciertos esta relación sentimental, la noche más romántica del año dejaría una cita ideal.

Gonzalo García se encargó de poner el vino tras una asistencia de Trent Alexander-Arnold que recordó sus mejores tiempos en Anfield, cuando cabalgaba por la banda derecha como el mejor del mundo. En las citas ideales nunca puede faltar un buen vino. Y ese fue precisamente el que sirvió un Gonzalo que por edad, cara y tiempo de juego no debería de verse tentado a caer en lunas de vino tinto, pero en jornadas como esta todo es bienvenido.

Oyarzabal quiso amargar la cita con un gol de penal para empatar el juego a 1, pero su corazón preso de hielo no sería más que admirador. Tres minutos bastaron para que Vinicius trajera los bombones que endulzan cualquier cita. A falta del Casanova merengue, ese que con sus goles a toda hora trata de enamorar a una legión de seguidores, el brasileño luchó un par de penales, los batalló, los cobró y los marcó, como si goles fueran amores en tardes de febrero.

Y si faltaba algo para cerrar la faena, Fede Valverde recordó que los mejores amores no son los que se pegan como sellos y no faltan en ningún momento del año, si no los que a la hora de la cita llegan con las mejores sorpresas. Y el halcón, ausente en gran parte de las mejores citas de la temporada, apareció con flores el día de San Valentín. El uruguayo no es de esos amores de verano que tienen fecha de caducidad, sino como los amores imperecederos, que aparecen con una nota, con un te quiero a las 4 de la tarde, con flores en el momento en que tu cabeza necesita respirar.

Es que así es el amor en el fútbol, y más en el Real Madrid. Un plantel que provoca fiebres de amor cuando las cosas salen mal, pero también explosión de corazones cuando el día va por buen camino. En el día de San Valentín el club merengue le recordó a su afición que su relación es como la describiera un ilustre poeta de voz rasgada, un amor de esos que cuando no mueren matan, porque amores que matan nunca mueren.

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