Texas impulsa un corredor carguero vía México para contenedores asiáticos
LAREDO, Texas. Durante décadas, el Canal de Panamá ha sido la arteria central del comercio marítimo entre Asia y la Costa Este de Estados Unidos. Sin embargo, los cambios recientes en el comercio global —congestión, restricciones climáticas, mayores tarifas y una creciente presión por resiliencia logística— están llevando a empresas y gobiernos a repensar cómo, por dónde y con qué nivel de certidumbre se mueven las mercancías.
En ese nuevo contexto, México y Texas emergen como una alternativa estratégica, no para reemplazar al Canal de Panamá, sino para complementarlo y aliviar sus cuellos de botella estructurales. El corredor Asia–Manzanillo–Port Laredo–Estados Unidos representa una ruta multimodal capaz de ofrecer mayor previsibilidad, flexibilidad operativa y tiempos competitivos para el comercio transpacífico con destino al mercado estadounidense.
Este esquema será presentado y analizado a profundidad durante el Global Trade Summit 2026, que se llevará a cabo en Laredo, Texas.
Un nuevo mapa para el comercio transpacífico… ¡ Donde Mexico gana!
Las disrupciones de los últimos años dejaron una lección clara: la eficiencia ya no es suficiente. Hoy, las cadenas de suministro globales se diseñan bajo criterios de resiliencia, diversificación y certidumbre regulatoria.
El Canal de Panamá seguirá siendo una infraestructura clave —e incluso obligatoria— para embarques con contratos anclados a puertos específicos de la Costa Este, mercancías que requieren mínima manipulación o cadenas que privilegian el tránsito completamente marítimo. En estos casos, los exportadores deberán seguir planificando con sus forwarders reservas anticipadas, ventanas de tránsito y esquemas de reruteo ante contingencias.
Sin embargo, para un volumen creciente de carga asiática, la ruta vía México ofrece una alternativa viable y estratégica, especialmente para empresas que buscan reducir riesgos climáticos, diversificar rutas y optimizar su costo total puesto en destino.
Manzanillo: la puerta transpacífica de México
El Puerto de Manzanillo, responsable de más del 40 % de la carga contenerizada de México, se consolida como el punto de entrada natural para mercancías provenientes de China, Corea del Sur, Japón y el Sudeste Asiático. Actualmente en expansión hacia una capacidad superior a 10 millones de TEU, Manzanillo combina conectividad marítima con una red terrestre robusta.
Desde la costa del Pacífico mexicano, los contenedores pueden desplazarse por ferrocarril o autotransporte hacia el norte del país, aprovechando corredores logísticos que conectan con Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, hasta alcanzar la frontera con Texas.
Esta integración convierte a Manzanillo no solo en un puerto marítimo, sino en el primer eslabón de un sistema intermodal continental.
Port Laredo: el corazón terrestre del corredor
Una vez en la frontera, Port Laredo desempeña un papel decisivo. Más que un punto de cruce, este puerto interior se ha consolidado como el principal nodo terrestre de comercio internacional del hemisferio occidental, concentrando el mayor intercambio binacional de camiones y ferrocarril entre México y Estados Unidos.
Su fortaleza no radica únicamente en infraestructura, sino en capacidad operativa, experiencia aduanera y coordinación binacional. La especialización de sus agentes aduanales y operadores logísticos en sectores de alta complejidad —como el automotriz, autopartes y manufactura avanzada— permite procesar contenedores con altos estándares de cumplimiento, seguridad y trazabilidad.
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En este corredor, Port Laredo no es solo un punto de paso: es el lugar donde se orquesta la entrada terrestre de Asia al mercado estadounidense, redistribuyendo carga hacia el Eje Este y el Medio Oeste con tiempos competitivos y certidumbre regulatoria.
Ventajas del esquema Asia–México–Texas
El corredor Manzanillo–Port Laredo ofrece beneficios claros frente a la ruta tradicional vía Panamá:
Menor tiempo marítimo: el tránsito Asia–Manzanillo es más corto que el trayecto marítimo completo hacia la Costa Este.
Reducción del costo total: el transbordo terrestre se compensa con menores tarifas portuarias y mayor previsibilidad.
Flexibilidad aduanera y seguridad: procesos certificados bajo marcos como CTPAT y OEA.
Diversificación estratégica: menor exposición a cuellos de botella climáticos y operativos del Canal de Panamá.
Este modelo responde a una lógica moderna: no concentrar el riesgo en una sola ruta, sino construir sistemas redundantes y confiables.
Una visión regional y continental compartida
De consolidarse, este corredor reposicionará a México como puente logístico entre Asia y Norteamérica, al tiempo que refuerza el papel de Texas —y particularmente de Port Laredo— como el eje terrestre de la logística continental.
“Empresas con operaciones en Asia, junto con operadores logísticos certificados y agencias aduanales de alto nivel, ya están adaptando servicios para recibir un mayor flujo de contenedores provenientes del Pacífico mexicano con destino final en Estados Unidos”, comento Javier Amieva, CEO de AMERICAS TRADE ALLIANCE (ATA).
“Este no es un proyecto aislado. Es parte de una reconfiguración más amplia del comercio global, donde las rutas se diseñan no solo para mover mercancías, sino para sostener economías con estabilidad, velocidad y visión de largo plazo”.
De la ruta a la estrategia
El Global Trade Summit 2026, que se celebrará del 12 al 14 de julio en Laredo, Texas, será el espacio donde líderes del sector público y privado analizarán este corredor como lo que realmente es: una nueva arquitectura logística para Norteamérica. Porque en el comercio del futuro, no ganan las rutas más antiguas, sino las mejor diseñadas.