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Precisión milimétrica y control 24 horas: así vigilan las presas madrileñas para evitar inundaciones

Abc.es 
Las presas de la Comunidad de Madrid registraron el pasado 10 de febrero la octava mayor aportación diaria de su historia. La concatenación de borrascas y el deshielo en la Sierra derivado de las jornadas intensas de nevadas generó casi 400 metros cúbicos. Esta circunstancia ha llevado a que los trece embalses de la región quedaran por encima del 86% de su capacidad total y que once de estas infraestructuras liberen agua en estos momentos para garantizar la seguridad hidrológica. Este proceso supone un trabajo constante de vigilancia tanto física, por parte de los profesionales, como tecnológica durante las 24 horas de todos los días del año; una labor exhaustiva e imprescindible para evitar inundaciones . «La seguridad y monitorización de las presas es extrema», indica Belén Benito, directora de Operaciones del Canal de Isabel II en el embalse de El Atazar, la mayor infraestructura hidráulica de la región, ubicada en la cuenca del Lozoya . «Son infraestructuras que acumulan un volumen de agua muy importante y que es necesario preservarlas, no solo por el abastecimiento, sino porque debemos conseguir sacar por los aliviaderos de las presas un caudal que dañe lo menos posible todo lo que hay aguas abajo de la presa », indica esta ingeniera de Caminos. Para eso, se necesita saber cómo se comporta la presa. Así, los mecanismos de control que emplea esta empresa pública en la región permiten monitorizar cómo se mueve esta infraestructura, en qué cantidad y en qué dirección, además de en qué temperatura, qué tipo de filtraciones y su nivel de presión. «Las presas están auscultadas como un enfermo en una UCI», remarca Benito. El Canal de Isabel II cuenta con unas normas de explotación de los 13 embalses que abastecen la región. Estas instalaciones son tratadas como infraestructuras estratégicas, con vigilancia 24 horas la día, a través de sistemas tecnológicos y, en el caso de El Atazar, también de los profesionales que ahí trabajan. Estas normas indican los niveles de embalse y de resguardo en cada momento del año, así como los protocolos de actuación en situaciones ordinarias y extraordinarias. También todos los procedimientos de inspección, conservación y de auscultación repartidos en las instalaciones de esta empresa pública. Se revisan obligatoriamente cada cinco años y están actualizadas y aprobadas, desde la pasada primavera, por la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico. Estas infraestructuras, a su vez, cuentan con tecnología de vanguardia que facilita su mantenimiento predictivo. Estos instrumentos de vigilancia proporcionan anualmente casi 400.000 datos sobre el comportamiento de los embalses. El 58% de esta información se toma manualmente, mientras que el 42% restante se obtiene a través de sistemas de control automático. Solo El Atazar, que actualmente libera 50 metros cúbicos por segundo a través de su desagüe intermedio, dispone de unos 700 equipos de medida —entre los que se encuentran péndulos, piezómetros, extensómetros, manómetros, termorresistencias y medidores de juntas, entre otros— que suministran hasta 175.000 datos anuales. El péndulo tiene la función de medición de los movimientos horizontales de la presa en cualquier dirección. «Es decir, tenemos un cable que está perfectamente vertical en un orificio que se realiza en la propia estructura de la presa. Si la presa se mueve, el péndulo se descentra con respecto al orificio cilíndrico y entonces en función de cuál sea esa distancia fuera del centro, podemos saber cuánto se ha movido la presa en los planos horizontales», explica Belén Benito. Por su parte, el extensómetro de varillas, detalla, «es el que nos da la la modificación, el movimiento de la presa en en sentido vertical y eso consiste en empotrar una varilla en el cimiento, en la propia roca al fondo de la presa, de manera que vemos cuánto sobresale en uno de los puntos que tenemos de control en las galerías. Al sobresalir, si la presa se estira, la cantidad de varilla que vemos disminuye. Si la presa se encoge, la cantidad de varilla que vemos aumenta. Eso nos permite saber cuánto sube o cuánto baja la presa y saber si está, igual que en el caso de los péndulos, en los rangos de normalidad que nos dan tranquilidad». Es gracias a esta información milimétrica cómo los profesionales consiguen anticiparse en la gestión, lo que les permite desembalsar de forma controlada y evitar así daños en la región. «El Canal de Isabel II ha conseguido laminar el 50% del agua que entraba y evitar que se produjesen inundaciones en zonas pobladas, infraestructuras u otros elementos vulnerables que tenemos en el territorio. Se trata de una coordinación con la Agencia de Seguridad y Emergencias que pues ha permitido un año más poner de manifiesto la importancia de las infraestructuras hidráulicas», ha recalcado el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, durante una visita a esta embalse.

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