El eterno debate del toro grande o no grande: «No puede ser excesivamente...»
«Para el esplendor de la Fiesta, para que en el ruedo se vea toda la grandeza de la misma, el toro no puede ser excesivamente grande». Lo dice (decía) Domingo Dominguín en mayo de 1951 en 'El Ruedo' en una entrevista realizada por Anton. Porque ya en los cincuenta -y antes- se daban vueltas y vueltas al 'tamaño' de los toros. Ahondaba Domingo González en su reflexión: «Hay que tener en cuenta que los toros pesados, gordos, no pueden llegar a las suertes con esa embestida y esa codicia de los otros. Un toro de muchas arrobas resulta fatigoso, lento, retardado... Y la Fiesta no puede ser así». Comentaba el gran Dominguín, señor de una dinastía excepcional, que el animal precisa de «agilidad, de mucho movimiento, que, en suma, responde y satisface al espectador...» Y se refería, claro, a los toreros: «Si es verdad que el toro tiene una gran importancia, el torero se lleva lo más sobresaliente de la Fiesta, porque su figura, en contraste con la fiera, crea esta magnífica estampa que tanta atracción y emotividad proporciona». Del tamaño del ganado hablaba así Morante de la Puebla hace unos años en la Asociación el Toro: «Cada plaza tiene un tipo de toro. El tipo de toro de Madrid es un toro muy grande, ya más grande no lo hay. Lo hay más feo, que es el de Pamplona, igual de grande. Pero el de Madrid es tremendamente grande. Entonces no podemos querer que el toro de un pueblo sea igual que el de la capital». Regresando a Dominguín, comentaba el entrevistador las quejas de la afición por el encarecimiento de las entradas. Así respondía el torero, empresario y apoderado: «La afición desconoce muchos pormenores del toreo por dentro, que en realidad son de verdadera trascendencia. Desconoce, por ejemplo, la carestía del ganado, cosa muy natural, pues los pastos salen carísimos y el mantenimiento de una ganadería alcanza hoy cifras que suponen un verdadero capital». Que se lo pregunten al criador de bravo actual: la vida sigue igual. En las cosas del parné, comentaron también el caché de los toreros. Y, sí, la vida también sigue igual: muy pocos son los que se hacen ricos. «El torero, aunque cobra muy buen dinero, no puede hacerse rico... ¡No! Hoy los gastos que pesan sobre él son fabulosos, pues entre impuestos y otros muchos desembolsos no le queda cifra libre para hacerse millonario. Además, quienes ganan dinero son muy pocos. Los demás viven holgadamente y otros con grandes dificultades. Claro que esto pasó siempre, ya que en todas las épocas nada más que fueron dos o tres los que pudieron llamarse privilegiados». A algunos, hoy, apenas les queda para el café después de liquidar. Y como hoy -aunque de otro modo- subrayaba Domingo González que «cada vez hay más afición» , aunque muchas voces apuntasen hacia lo contrario, con la palabra «crisis» siempre en la boca. Era una entrevista con la percha de la ausencia de Luis Miguel Dominguín de San Isidro en tiempos de la Empresa de Toros de Madrid al frente. «Ha sido cuestión de no llegar a un arreglo en cuanto al contrato. Existía la promesa de haber dado cinco corridas a partir del día 13 de este mes (mayo)... Lo fundamental, por encima de los intereses de nosotros, era servir a la afición». Acuerdos, desacuerdos, tiras, aflojas, trapío, dineros... La vida sigue, sino igual, parecida. Salvo en esos retratos a toda página con los que se 'publicitaban' los de luces. En blanco y negro y de toreros. «¡Luis Miguel!», con la montera calada. «Voces del tendido que se han escuchado estas tardes de la Feria de San Isidro: ¡Luis Miguel! ¿Por qué no has venido a Madrid?». Y al lado, la confirmación de Antonio Chaves Flores, «el torero de Triana».