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El Ejército de Tierra acelera su ofensiva antidrón: así mejora sus capacidades electrónicas frente a nuevas amenazas

El Ejército de Tierra refuerza sus capacidades electrónicas antidrón ante un entorno más exigente

El Ejército de Tierra acelera la consolidación de sus capacidades electrónicas antidrón como parte de la transformación impulsada por el Ministerio de Defensa. La experiencia reciente en conflictos internacionales ha confirmado que los drones, incluidos los de bajo coste, pueden generar un impacto táctico significativo.

La amenaza ya no se limita a sistemas militares complejos. Plataformas comerciales modificadas, drones FPV y aeronaves autónomas forman parte del nuevo catálogo de riesgos. Detectarlos a tiempo y neutralizarlos con eficacia se ha convertido en una prioridad operativa.

El salto se materializa en unidades especializadas como el Regimiento de Guerra Electrónica 31, conocido como REW 31. Esta unidad, con base en el acuartelamiento Zarco del Valle en El Pardo, ha incrementado su protagonismo en maniobras y ejercicios de alta exigencia. Su misión: detectar, analizar y neutralizar amenazas aéreas no tripuladas mediante tecnología electrónica avanzada.

Cómo funcionan las nuevas capacidades electrónicas antidrón del Ejército de Tierra

Detección de emisiones y localización de frecuencias

La primera fase en la lucha antidrón es la detección. Los operadores emplean sistemas portátiles basados en localizadores de radiofrecuencia capaces de captar las emisiones generadas por el control remoto de un dron. Esta capacidad permite identificar la frecuencia exacta utilizada para su guiado.

Con sistemas móviles integrados en vehículos tácticos, el Ejército de Tierra puede ampliar el alcance de vigilancia electrónica. Estos equipos rastrean el espectro electromagnético en busca de señales sospechosas. Una vez localizada la emisión, se inicia el análisis técnico.

La identificación de la frecuencia es un paso crítico dentro de las capacidades electrónicas antidrón. Permite determinar si se trata de un vuelo autorizado, una actividad civil o una posible amenaza. En entornos operativos complejos, esta diferenciación resulta esencial para evitar interferencias indebidas.

Intercepción y análisis en tiempo real

Tras detectar la señal, la información se transfiere a equipos más avanzados de tipo portátil. Estos sistemas permiten enlazar con la aeronave objetivo y obtener datos en tiempo real. En determinados escenarios, los operadores pueden incluso acceder a la señal de vídeo transmitida por el dron.

Esta capacidad ofrece una ventaja táctica decisiva. Conocer qué está observando el dron y cuál puede ser su objetivo permite valorar el nivel de amenaza y adoptar una respuesta proporcional. La guerra electrónica ya no se limita a interferir. También implica inteligencia técnica inmediata.

En ejercicios recientes, el despliegue en distintos entornos ha demostrado la eficacia del procedimiento. Los equipos se integran en maniobras conjuntas, coordinándose con otras unidades para generar una respuesta escalonada frente a amenazas simuladas, incluidos drones FPV empleados como vectores ofensivos.

Neutralización activa: el paso decisivo en la lucha antidrón

Escudos antidrón y emisión dirigida

La fase final es la neutralización. Una vez confirmada la amenaza, los operadores activan dispositivos portátiles conocidos como escudos antidrón. Estos sistemas emiten un haz dirigido en la frecuencia previamente identificada.

El efecto es inmediato. Al interferir el enlace original entre el piloto y la aeronave, el dron pierde el control externo. En función de su configuración, puede aterrizar de forma controlada, regresar al punto de origen o quedar inutilizado.

El conocimiento previo y concreto de la frecuencia es lo que garantiza la eficacia de la acción. Sin esa información, la interferencia sería menos precisa y podría afectar a otros sistemas. Por ello, las capacidades electrónicas antidrón del Ejército de Tierra se basan en un proceso estructurado: detección, análisis y neutralización.

Integración doctrinal y formación especializada

El factor humano es determinante. Los operadores del REW 31 reciben instrucción específica en guerra electrónica y manejo de sistemas antidrón. La tecnología exige precisión y coordinación, especialmente en escenarios donde múltiples señales compiten en el espectro electromagnético.

Además, estas capacidades no operan de forma aislada. Se integran en un marco más amplio que incluye inteligencia, protección de fuerzas y apoyo a unidades desplegadas. La interoperabilidad con otros sistemas de defensa aérea multiplica la eficacia global.

El refuerzo de las capacidades electrónicas antidrón responde a una tendencia clara en el ámbito militar. Los conflictos recientes han evidenciado que los drones pueden emplearse para reconocimiento, corrección de fuego o ataque directo. Frente a ello, la guerra electrónica se consolida como una herramienta esencial.

El avance del Ejército de Tierra en este ámbito confirma una adaptación progresiva a un entorno donde la amenaza evoluciona con rapidez. La combinación de tecnología comercial adaptada, equipos militares específicos y formación especializada marca el nuevo estándar en la protección frente a aeronaves no tripuladas.

Con estos desarrollos, el Ejército de Tierra no solo incrementa su capacidad de respuesta inmediata. También refuerza su posición dentro del conjunto de las Fuerzas Armadas, consolidando unas capacidades electrónicas antidrón que hoy resultan imprescindibles en cualquier escenario operativo moderno.

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