Cáritas Ucrania da las gracias
La gratitud es la actitud fundamental del cristiano, dijo en la misa del martes de carnaval el sacerdote ante el Señor de Sevilla. Y una organización católica como Cáritas Ucrania se ha tomado muy en serio agradecer la ayuda que desde la archidiócesis llegó a ese país cuando sus vecinos rusos desencadenaron la invasión a gran escala cuatro años atrás. Su presidenta, Tetiana Stawnychy, pasó por Sevilla para rendir cuentas y agradecer el esfuerzo de los sevillanos, canalizado a través de la Cáritas diocesana, en un gesto que le honra a ella, a la organización que representa y al noble pueblo ucraniano que resiste este invierno bajo las bombas y los drones temperaturas de entre 15 y 25 bajo cero sin electricidad ni gas. «Dios se encuentra en las manos del que se da al otro; me conmueve conocer a gente que se ha comprometido con nosotros estando tan lejos. Gracias, profundamente gracias», afirmó. Sevilla fue la diócesis española que, proporcionalmente, más ayudó al pueblo ucraniano. No sólo a través de la colecta de fondos emprendida por hermandades, comunidades y parroquias sino con la acogida de miles de refugiados de la guerra y el envío de recursos materiales. La crisis que activó Cáritas Española en febrero de 2022, justo hace cuatro años, se mantiene en vigor y ha permitido recaudar 18 millones de euros transferidos a Cáritas Ucrania. En Andalucía, se han obtenido 2,5 millones de euros, de los que un tercio, 840.000 euros, son aportaciones de los fieles sevillanos, lo que demuestra «el enorme sentido de la responsabilidad» en la archidiócesis, dijo el director de la Cáritas diocesana, Miguel Carbajo, en el encuentro celebrado en la Facultad de Teología con Tetiana Stawnychy. La fase de emergencia no ha terminado, aunque la guerra haya entrado en esa fase en la que las ganancias territoriales son mínimas para ambos ejércitos. En cambio, Rusia está golpeando con dureza las infraestructuras críticas de las grandes ciudades ucranianas con ataques masivos con drones y misiles balísticos que interrumpen los suministros básicos a los civiles, a centenares de kilómetros del frente de batalla. Una sola cifra da idea de la escalada bélica en cuanto a represalias contra la población civil. En 2022, el año de la invasión y comienzo de las hostilidades, la Rusia de Vladimir Putin lanzó 447 drones contra la retaguardia. El año pasado se contabilizaron 54.705 ataques de aeronaves no tripuladas, desencadenando lo que Tetiana Stawnychy definió como «crisis dentro de la crisis». La 'zona roja' de exclusión de civiles a partir de la línea del frente se ha profundizado de 10 a 25 kilómetros por la proliferación de drones con que los ocupantes se dedican a «cazar civiles». La presidenta de Cáritas Ucrania, y a la vez vicepresidenta de la organización caritativa católica a nivel europeo, explicó con lujo de detalles la situación sobre el terreno. Los cortes de energía eléctrica dejan atrapados en sus casas a personas vulnerables que viven en pisos altos y la interrupción del bombeo de gas impide caldear los hogares cuando en el exterior se registran temperaturas bajo cero. La ONU calcula que 10,8 millones de ucranianos necesitarán algún tipo de ayuda humanitaria en el presente año. En el país hay 2,5 millones de hogares destruidos y el número de ciudadanos que necesita una solución habitacional a largo plazo ronda los cuatro millones. En 2022, 7,1 millones de ucranianos recibieron ayuda como desplazados en su propio país y otros 7 millones huyeron al extranjero. «Al inicio de la guerra, Cáritas era la única organización capaz de atender a los civiles con una red propia capaz de escalar actuaciones sobre el terreno por todo el país», dijo Stawnychy en el acto organizado por Cáritas en la Facultad de Teología el martes pasado. La organización se sirvió en los primeros momentos de su amplia experiencia y entrenamiento desde 1991 en que se decretó la independencia del país tras la caída de la Unión Soviética. Desde 2014, fecha de la anexión unilateral de Crimea y el Donbás, Cáritas se preparó para socorrer a las víctimas de las hostilidades. «En 2022, hasta quinientas parroquias ucranianas se convirtieron en puntos de ayuda a refugiados gracias a que Cáritas asumió la formación con cursillos de sus voluntarios sobre el terreno y modernizó la gestión para canalizar la llegada de fondos masivos», dijo Tetiana Stawnychy, quien señaló que las Cáritas Española e italiana habían servido de inspiración a su homóloga ucraniana. En la actualidad, Cáritas Ucrania gestiona 72 centros de resiliencia distribuidos por todo el país donde se procura, tras la primera respuesta de emergencia, la estabilización y recuperación temprana de los hogares afectados y una transición hacia la autosuficiencia y la integración comunitaria para rehacer la vida tras un impacto como el de la guerra. Ese número es aproximadamente un cuarto del total de centros de atención de Ucrania. Tal despliegue en unas 400 parroquias convertidas en nudos activos de atención a víctimas es posible gracias a los 12.000 voluntarios registrados de Cáritas Ucrania, muchos de los cuales (hasta un 40% en los primeros compases de la conflagración bélica) habían recibido a su vez ayuda como desplazados. Tetiana Stawnychy agradeció vivamente el esfuerzo de los sevillanos, vehiculado por Cáritas, que se volcaron con aquel país en el momento de producirse la invasión por parte de Rusia. Suya fue la iniciativa de conocer la archidiócesis hispalense para transmitir directamente un mensaje de agradecimiento.