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Italia y Cuba: historias de solidaridad durante expo de carteles en homenaje a Fidel

Antes de iniciar el conversatorio en la sala Manuel Galich de Casa de las Américas, Abel Prieto, su director, sostiene un libro entre sus manos que no demora en mostrar al auditorio.

—Este es un ejemplar de alto valor literario, pero también histórico para Cuba —comenzó a decir el intelectual sobre la edición de El arpa y la sombra, de Alejo Carpentier, que en 1991 publicara la Asociación Recreativa y Cultural Italiana (ARCI). —Era un momento de extrema tensión para nuestro país, en el que solo teníamos papel para los libros escolares, y gracias a esta organización se logró imprimir este ejemplar y muchos otros que vinieron después. Su publicación marcó un camino de solidaridad que llega hasta hoy, donde en otro de nuestros momentos más difíciles vuelven a acompañarnos.

Las palabras de Abel, tras aplausos de gratitud, cedieron a los testimonios de una representación de integrantes de la ARCI y de la ONG Promoción Social y Cooperación Social (ACRS) que llegaron a la Isla para mostrar su apoyo ante las nuevas presiones del gobierno de Estados Unidos.

Días previos a su viaje, ARCI firmó un comunicado donde proclamaba la necesidad de acompañar a Cuba no solo con palabras, sino con hechos concretos, un acto de valentía en sí mismo si se tienen en cuenta las sanciones que han retractado a gobiernos enteros, pero que, tras la publicación del documento, prefirió enfrentar la mayor organización de promoción social de Italia.

«Con esto le damos continuidad al compromiso iniciado hace más de 30 años —revela Walter Massa, presidente de la ARCI, y continúa: —ahora más que nunca partimos del concepto de cultura como herramienta vital para la emancipación, la libertad y la resistencia, esa es nuestra forma de concebirla y contribuir al desarrollo de los pueblos. 

«No podemos olvidar la ayuda médica de los cubanos a ciudades como Crema y Turín cuando se enfrentaban los picos de Covid-19, y ese es solo un caso de tantos en que Cuba nos ha demostrado cómo la fraternidad debe imponerse a las peores circunstancias. Frente al autoritarismo que amenaza al mundo, nunca debemos perder el anhelo de lograr esa fraternidad».

A decir de Gianluca Mengozzi, líder de la ARCS, la solidaridad de Europa hacia Cuba se expande a pesar de cuán desolador se muestre el panorama. «La nación caribeña emerge como paradigma de libertad, resistencia, y ante todo, se ha convertido en un símbolo de esperanza. Por responsabilidades de trabajo he tenido que permanecer en Filipinas, África, países del continente americano, y me resulta admirable cómo para lugares tan distantes Cuba tiene la misma connotación: el referente de cuán lejos puede llegar un pueblo con ideales».

—Ese referente es el que ustedes nos ayudan a sostener con empeños como el de hoy —intercedió Alpidio Alonso, ministro de Cultura. —No se trata únicamente de nuestro país, sino de la humanidad, la justicia. Nuestra lucha es por la independencia, por los principios, por la dignidad humana y sabemos que el precio es alto en un mundo tan envilecido, pero ese sentido de la dignidad se ha forjado durante muchos años de lucha y lo tienen incorporado en el ADN la mayoría de las personas que habitan esta Isla.  

—Defender a Cuba significa defender la soberanía —continúa Daniele Lorenzi, expresidente de ARCI e iniciador del vínculo con Cuba durante el Período Especial. —Aún recuerdo cuando llegué por primera vez y me recibió Miguel Barnet, entonces al frente de la Uneac, e impulsamos muchos proyectos que llegan hasta la actualidad, por lo que nuevamente estamos aquí por la misma causa y el mismo objetivo: contribuir desde la cultura a luchar por la libertad.  

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Desde el público, entre tantísimas personalidades de la cultura nacional, el propio Barnet evocó aquel encuentro inicial en un momento en que se tensaba la relación de la Isla con muchos países europeos.

«Daniel me dijo: vamos a abstraernos del contexto y concentrarnos en la publicación de nuevos libros. Esa sensación de apoyo y alivio que viene a socorrernos cuando estamos en aprietos la he sentido hasta hoy, y si vamos a la historia, digamos que es la influencia directa del legado italiano en nuestro país».

A continuación refirió que muchos de los monumentos más sagrados para la Patria llevan la impronta de artistas italianos, hecho que corroboró René González Barrios, director del centro Fidel Castro Ruz, quien además se refirió a la presencia de soldados peninsulares en los procesos independentistas de la Isla.

«Natalio Argenta, por ejemplo, desembarcó con Calixto García para pelear en la Guerra Chiquita en 1880. Había sido capitán de Giuseppe Garibaldi y antes de partir a la Isla, compuso en Cayo Hueso un Himno a la libertad de Cuba. Poco después, hecho prisionero y condenado a muerte, frente al pelotón de fusilamiento gritó: Muero por la República Universal, Viva la República Universal.

«Por si fuera poco, el simbolismo de la presencia italiana se extendió en el tiempo gracias a figuras como la de Gino Doné, quien formó parte de los expedicionarios del yate Granma y participó en la contienda que, en definitiva, trajo la liberación nacional bajo el liderazgo del Comandante en Jefe».

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Justo en homenaje al Centenario de Fidel se inauguró, al término del conversatorio, la exposición Fidel: Carteles en Revolución, que incluye más de una treintena de obras de la colección Arte de Nuestra América Haydée Santamaría.

A juicio de Jaime Gómez Triana, vicepresidente de Casa de las Américas, las piezas no solo reflejan retratos de Fidel, sino su pensamiento y hechos relevantes que protagonizaba, por lo que su contenido narra una parte importante del proceso revolucionario cubano, la «manera en que el pueblo y las organizaciones políticas y de masas se han apropiado de la imagen de su líder».

La muestra ilustra, de forma paralela, la evolución del diseño gráfico en Cuba después de los años 60 y su auge como disciplina que supo fusionar, con maestría, el compromiso social con la excelencia estética.

Silvia Llánez, directora de Artes Plásticas de Casa de las Américas, explicó que como parte del proceso de curaduría se decidió omitir los pies de obra con el fin de estimular una observación mucho más activa del contenido expuesto.

«No se trata de quién los firmó, sino de los recursos que los componen, la interpretación que se realice y el registro del hecho histórico del que son portadores, ya sea una convocatoria a marchar en la Plaza un 28 de septiembre o la invitación a participar en un acto con Fidel. Sin duda se convierten en un mecanismo de convocatoria de gran eficacia».

En los próximos meses se prevé la inauguración de otras exposiciones en homenaje al centenario del Comandante en Jefe, que se centrarán en la representación que sobre su figura se ha hecho desde la pintura, el grabado y la fotografía.

«Además, nos centraremos en el vínculo que tuvo con la colección de arte popular de la Casa y las entregas que realizó a la institución, incluida la pieza más representativa, el Árbol de la Vida, un regalo de Fidel en 1975. A él le agradecemos y le recordaremos con cada una de las exposiciones venideras», concluyó Gómez Triana.

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