Estrella Morente deslumbra en el Liceu: el giro inesperado que marca su nueva etapa musical
Estrella Morente transforma el Liceu con un repertorio inesperado
Estrella Morente eligió el escenario del Liceu para presentar De Estrella a estrellas, proyecto que también dará título a su próximo trabajo discográfico. La propuesta no giró en torno a los palos flamencos más ortodoxos, sino a una selección de canciones universales vinculadas a voces femeninas icónicas y atravesadas por una lectura jazzística.
La cantante apareció arropada por la OCO Band, formación amplia y con marcada vocación instrumental. Desde el inicio quedó claro que no se trataba de un recital convencional. La estructura, los tempos y la puesta en escena rompían con el formato habitual de sus espectáculos anteriores.
Un arranque con sello jazzístico
El concierto se abrió con un solo de saxofón que marcó el tono de la velada. La presencia de Tim Ries, músico asociado durante años a giras internacionales de los Rolling Stones, aportó un matiz distintivo. Ese preludio condujo a una interpretación de Bésame mucho con un tratamiento sonoro refinado y una base rítmica en la que batería y percusiones dialogaron con palmas flamencas.
La combinación definió la línea estética de la noche: respeto por la melodía original y libertad instrumental propia del jazz. Lejos de quedar diluida, la voz de Estrella Morente se integró con precisión, modulando cada melisma y sosteniendo la tensión expresiva sin excesos.
Clásicos revisitados desde el flamenco
En la primera parte sonaron piezas asociadas a figuras imprescindibles del panorama internacional. La gata bajo la lluvia, popularizada por Rocío Dúrcal, adquirió un tono sobrio, con un fraseo contenido. También apareció la adaptación al castellano de Buttare l’amore, canción que Mina convirtió en referencia italiana.
La interpretación de Ne me quitte pas, de Jacques Brel, supuso uno de los momentos de mayor intensidad. Cantada en castellano con guiños en francés, la versión elevó progresivamente el dramatismo hasta desembocar en un clímax medido. No fue un ejercicio de imitación, sino de apropiación estilística.
El homenaje femenino como eje del concierto de Estrella Morente
El hilo conductor del recital fue el reconocimiento a grandes intérpretes. Sin anunciar explícitamente cada nombre, Estrella Morente articuló una ofrenda musical a artistas que marcaron una época. El tributo alcanzó uno de sus puntos más emotivos con Se nos rompió el amor, vinculada de forma inseparable a Rocío Jurado.
La lectura flamenca acentuó el crescendo trágico de la composición. La orquesta sostuvo la tensión mientras la voz desplegaba matices dramáticos que conectaron con el público del Liceu. En ese momento quedó patente que la cantante no actuaba como invitada de una big band, sino como protagonista absoluta del relato musical.
La complicidad familiar y el diálogo escénico
El concierto incluyó intervenciones que ampliaron la dimensión del espectáculo. Soleá Morente, hermana de la artista, apareció en escena para interpretar un poema acompañada únicamente por guitarra. La secuencia aportó un contraste íntimo frente al despliegue instrumental anterior.
También tuvieron espacio los lucimientos individuales de la OCO Band. El piano, el saxofón y las percusiones encontraron momentos de desarrollo autónomo. Esa estructura, más cercana a la lógica del jazz que al esquema del recital flamenco clásico, otorgó dinamismo al conjunto.
Summertime y el punto de inflexión
En la segunda parte llegó uno de los pasajes más significativos. Vestida con chaqueta negra y pajarita, Estrella Morente abordó Summertime, de George Gershwin. La pieza, asociada históricamente a Ella Fitzgerald, se transformó bajo un arreglo que incorporó cadencias flamencas sin perder la esencia original.
Ese cruce de lenguajes confirmó el sentido del proyecto: tender puentes entre tradiciones. La interpretación no buscó competir con versiones históricas, sino explorar un territorio híbrido donde el cante jondo y el jazz convivieran con naturalidad.
Un final que fusiona tango, flamenco y jazz
El desenlace del concierto reforzó la idea de mestizaje musical. Gracias a la vida, de Violeta Parra, apareció impregnada de un duende que fue creciendo hasta desembocar en un cierre vibrante. La intensidad colectiva se trasladó al número final.
Volver, clásico popularizado por Carlos Gardel, sirvió como broche. El eco del tango se fundió con palmas flamencas y líneas de saxofón. La integración de estilos se produjo sin estridencias, consolidando la coherencia del espectáculo.
Así, Estrella Morente no solo ofreció un concierto en el Liceu, sino que presentó una declaración artística. La cantante confirmó una nueva etapa en la que el flamenco dialoga con estándares internacionales y repertorios universales. El resultado fue una velada que amplía su horizonte creativo y que sitúa su nombre en un cruce de caminos donde tradición e innovación avanzan de la mano.