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Zapatero regresa a la agenda de campaña del PSOE con una dirigencia alarmada por las encuestas

El expresidente estará en León y ha sido reclamado en Segovia, Zamora, Salamanca, Valladolid y Soria para la campaña electoral que arranca esta semana y en la que Ferraz detecta una alta fidelidad de votantes, incluso transferencia de voto popular. Los socialistas, sin embargo, rozan el abismo en Andalucía con Montero como candidata sin que nadie se atreva a plantear alternativas ni dinámicas disruptivas

El CIS pronostica un empate técnico de PP y PSOE en Castilla y León

La última vez que Felipe González pidió el voto para el PSOE fue hace diez años. En medio de un tsunami por la marcha del Reino Unido de la Unión Europea, el expresidente participó en el cierre de campaña de las elecciones generales de 2016 junto a Pedro Sánchez que tuvo lugar en el distrito madrileño de Villaverde. Allí mismo descartó tanto una gran coalición PSOE-PP como una alianza de izquierdas con Podemos, a cuyos dirigentes consideraba unos “irresponsables”, como David Cameron, “por querer fracturar el país”. Defendía antaño un partido que no fuera muleta ni bisagra de nadie y apostaba por un proyecto mayoritario para la sociedad, así como por una regeneración que en ningún caso podía impulsar el PP. 

Luego llegó la fractura del PSOE por la abstención en la investidura de Mariano Rajoy, unas primarias a cara de perro por el liderato socialista en las que el expresidente apoyó a la sevillana Susana Díaz; la moción de censura que sacó al PP de La Moncloa; el primer gobierno de coalición con Pablo Iglesias de vicepresidente y un cada vez más hondo distanciamiento entre la dirección socialista y González, que no perdía ocasión de declararse “huérfano de representación política”. 

Pese a todo, el presidente del Gobierno que más años ha vivido en La Moncloa aún participaría en dos ocasiones en actos de partido: el congreso federal de 2021 en Valencia, donde los asistentes recibieron a los ex secretarios generales José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González con una ovación de casi dos minutos y la conmemoración del 40 aniversario de la victoria socialista de 1982 que tuvo lugar en Sevilla. Un acto con el que el PSOE ensayó un intento de reconciliación interna que jamás volvió a repetirse. 

Desde entonces, nunca más ha sido invitado y nunca más ha tenido una palabra de apoyo al Gobierno de Sánchez. Todo lo contrario. Críticas constantes, declaraciones con las que ha restado afectos y sumado animadversiones y un sinfín de intentos de acercamiento con la dirección actual, como los que intentó el recientemente fallecido Guillermo Fernández Vara, que resultaron baldíos.

El recorrido de José Luis Rodríguez Zapatero, que también fue enviado al purgatorio socialista tras su salida del Gobierno, ha sido distinto. Una desastrosa gestión de la voraz crisis económica sepultaron su figura y su legado durante años y, tras su salida de La Moncloa en 2011, sufrió un largo periodo de ostracismo. Cuando Pedro Sánchez tomó las riendas del partido en 2014 le mandaron directamente al infierno, donde permaneció hasta 2017, después de haber sido uno de los principales impulsores de la candidatura de Susana Díaz para asumir el liderazgo del partido. 

La celebración del décimo aniversario de la promulgación de la ley de Dependencia, a finales de 2017, sirvió, no obstante, de excusa para tributarle un homenaje y recuperar los logros de sus gobiernos. Desde entonces, ha sido referente indiscutible de la militancia, que no pierde ocasión de demostrarle afecto cada vez que tiene ocasión, además de un valor seguro para las campañas electorales, con la excepción de la reciente de Aragón. Una ausencia que ha tenido más que ver con su deseo de permanecer en barbecho después de las informaciones que le relacionan con el rescate de Plus Ultra y su relación profesional con el empresario Julio Rodríguez, detenido en el marco de la investigación judicial sobre la aerolínea, que con una decisión de partido. 

Desde que en 2023 se le atribuyó, tras una entrevista en Cope con la que levantó la moral de la aliada tropa socialista, parte del mérito del despertar de la izquierda en la campaña de las generales, la derecha y sus terminales mediáticas le han situado en el punto de mira y convertido en el blanco de sus iras. Tanto que la asociación ultraderechista llegó a presentar sin prueba alguna una querella en la que le imputó un delito de narcotráfico y hasta la posesión de una mina de oro en Venezuela.

El PP le ha citado a comparecer ante la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado el próximo 2 de marzo, justo el día que arranca la campaña de las elecciones de Castilla y León, previstas para el día 15. La intención, como ya ha avanzado la portavoz popular en la Cámara Alta, Alicia García, es demostrar que el expresidente “está rodeado de sospechas de corrupción hasta las cejas” y que “la huida de Zapatero ha llegado a su fin”.

Una premonición que en el PSOE no solo no comparten, sino que creen que puede favorecer al expresidente, quien acude a la cita con una firme voluntad de “mantener el respeto y la dignidad de la democracia”, según ha avanzado en conversación con elDiario.es. Zapatero sabe que el PP activó la convocatoria dándole carácter de urgencia -el plazo habitual son 15 días para la citación- cuando se hizo público que el día 6 de marzo participaría en un mitin en León y cuenta con que será una orgía de ataques, como lo fue la del presidente del Gobierno.

Lo que no sabe el PP es que con citación o sin ella, Zapatero no solo estará en León durante la campaña, sino que ha sido reclamado por las federaciones socialistas de Segovia, Zamora, Salamanca, Valladolid y Soria para que participe en diferentes actos y que en Ferraz dan por hecho que tendrá al menos cuatro presencias hasta el día 15 de marzo “porque en nada influirá en nuestra agenda la descarnada campaña de difamación contra el expresidente promovida por las derechas política y mediática”.

No todos los socialistas son de la misma opinión porque también los hay que defienden que Zapatero ha debido defenderse de todas las acusaciones que vierten sobre él antes de acudir al Senado, algo que ha preferido no hacer hasta el momento salvo para negar el abultado patrimonio y los ingresos que se le atribuyen, negar cualquier gestión con el Gobierno en favor del rescate de Plus Ultra y afirmar que todas sus actividades han sido conforme a la legalidad. Pero en lo que no hay duda alguna es en que si hay alguien que puede reeditar “el milagro” de la campaña de 2023 es el expresidente, más en un momento en el que entre los cuadros del PSOE han empezado a emitir señales de alarma por las encuestas.

No es el caso de Castilla y León, donde los datos que maneja Ferraz con Carlos Martínez como aspirante a la Junta son mucho más halagüeños que los que se manejaron durante las campañas de Extremadura y Aragón y resultaron ciertos una vez abiertas las urnas en sendos territorios. Esta vez, los socialistas cuentan con una altísima fidelidad de voto respecto a las elecciones de 2022, además de una ligera transferencia de voto del PP al PSOE, además de una subida espectacular de Vox. “Estamos en condiciones de disputar la primera fuerza política a Mañueco”, aseguran desde Ferraz donde los responsables de campaña, a diferencia de lo que ocurrió con la de Pilar Alegría en Aragón, han tomado las riendas de las de Martínez, con quien hay “una absoluta coordinación entre el mensaje y la acción de partido”.

No ocurre lo mismo en Andalucía, cuyas elecciones se prevén para junio y donde las perspectivas de la vicepresidenta María Jesús Montero rozan el desastre. Los últimos datos que maneja Ferraz, muy similares a los de una encuesta publicada esta semana por un digital andaluz, sitúan al PSOE por debajo de 20% del voto, una horquilla de entre 24 y 27 escaños (hasta 6 menos de los actuales) y una valoración de Montero no solo muy por debajo de Juanma Moreno, sino también de la del candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo. Apenas un 15% de los andaluces prefiere a la vicepresidenta del Gobierno como presidenta de la Junta. El PSOE se enfrenta a un resultado por debajo del que obtuvo Juan Espadas hace 4 años y a quedar en tercera posición, por detrás de Vox, en Almería y Córdoba mientras que empataría en escaños con la ultraderecha en Málaga, Cádiz, Granada y Huelva. 

Una radiografía demoledora para la mano derecha de Sánchez y con diagnóstico muy grave para quien fue partido hegemónico en Andalucía durante casi 40 años que ha hecho convulsionar al socialismo andaluz, pero también a una parte de la dirección nacional convencida de que con esos resultados en un territorio clave para el PSOE difícilmente en 2027 se podrá reeditar el resultado de las generales de 2023. Y todo sin que nadie se atreva a plantear a Sánchez ni decisiones disruptivas ni, a estas alturas, un cambio de candidatura que él mismo impulsó desde La Moncloa, pese a que puede tener consecuencias letales para el Gobierno y para el PSOE.

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