Negacionistas de la violencia machista
Estos hombres, esta ralea viril, siguen existiendo en España, ahora si cabe más agraviados, más furiosos, más crecidos. El auge de ciertos discursos negacionistas, como el de las denuncias falsas, les carga de razón y les convierte en víctimas, víctimas de las mujeres, del sistema, de las leyes
Diez mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en España en lo que va de 2026. Las cuatro últimas, junto a una niña de 12 años y un niño de 10, en la última semana. Si a esto sumamos los casos de violencia y acoso sexual, las noticias se suceden en todos los ámbitos e instituciones. Aún no ha acabado febrero.
Rafael Sánchez Ferlosio escribió en 1994 un texto titulado Virilidad en el que decía que hay hombres pertenecientes a una “ralea viril” que todo lo remedian “con hostias y polvos” porque no ven al otro como sujeto, sino sólo “como objeto de sometimiento y control”. Treinta años después, estos hombres, esta ralea viril, siguen existiendo en España, ahora si cabe más agraviados, más furiosos, más crecidos. El auge de ciertos discursos negacionistas, como el de las denuncias falsas, les carga de razón y les convierte en víctimas, víctimas de las mujeres, del sistema, de las leyes. Les absuelve de responsabilidad, porque les construye el relato de que la culpa es de ellas y a ellos no les queda otra que matar o matarse. No abundan los testimonios de hombres maltratadores que reconozcan “las hostias y los polvos no consentidos” porque la mayoría no reconoce las palizas, las amenazas, el sometimiento, las agresiones. Se sienten genuina e injustamente atacados. Cada maltratador se considera el mejor de los maridos, el padre más protector y entregado. La culpa siempre es de otros. La culpa es de ellas y de un sistema y una ley que los discrimina, que les quita su lugar, el sitio que merecen. Y este negacionismo se extiende como un vacío negro alrededor de las víctimas, siempre cuestionadas, siempre sospechosas de intenciones ocultas y egoístas. ¿No será que se lo merecían?
El auge del negacionismo de la violencia contra la mujer (la mujer cercana, tu familiar o tu vecina) y la promesa de erradicar “los chiringuitos violetas” coincide con un gravísimo fallo institucional. La mayoría de las mujeres asesinadas debían estar bajo protección: cinco habían denunciado a su agresor y, en otro caso, había denuncia de una tercera persona. Los agresores estaban en el sistema VioGén, algunos con seguimiento y calificación de riesgo baja. Habían dado el difícil paso de denunciar y puesto su vida en manos de un sistema que les falló. Se insiste en que denuncien, si lo hacen se sospecha de sus intenciones, y en el peor de los casos pierden la vida o matan a sus hijos. Algo falla.
Los abogados y asociaciones que trabajan con víctimas de violencia apuntan a múltiples factores: falta de medios, desconexión entre servicios de atención a las víctimas, policía y juzgados, dificultad para evaluar el riesgo en el que se halla una mujer maltratada porque requeriría muchas más horas de entrevistas y análisis, a lo que se unen los fallos en las pulseras y la poca consecuencia que tiene para el agresor el quebrantamiento de las órdenes de alejamiento. Sería necesario reevaluar los protocolos y los fallos de coordinación con las administraciones locales y autonómicas. Insistir en la concienciación ciudadana, para que entre todos seamos capaces de tejer redes de prevención y protección.
Más recursos, mejores protocolos, más coordinación. Más educación y más ayuda de los entornos cercanos a las víctimas de maltrato o violencia sexual. Más implicación de todos los ciudadanos. Negarnos a negar la realidad. Qué casualidad que ahora todo el mundo conozca a un hombre víctima de denuncia falsa pero nadie conozca a un maltratador. ¡Pero si es un hombre tan normal, tan campechano, tan trabajador! ¡Si adora a sus hijos! Hombre, ¿que tiene carácter? Pues como todo el mundo. Y ellas, mientras tanto, aisladas, invisibles, mentirosas, manipuladoras. Y finalmente, asesinadas.
Estas historias solo admiten finales infelices. Ya son 1.353 las mujeres asesinadas desde que se creó el registro oficial, en 2003. Y 66 menores asesinados desde 2013, cuando empezó a contabilizarse. Y también desde 2013, 510 menores que se han quedado huérfanos. ¿No hemos tenido suficiente?