Nace en Reino Unido el primer bebé gestado en un útero trasplantado de donante fallecida
El nacimiento de un niño llamado Hugo Powell a finales de diciembre de 2025 en el hospital Queen Charlotte's and Chelsea, en el oeste de Londres, y que se ha dado a conocer públicamente ahora, es el primer caso en el Reino Unido de un bebé gestado en un útero trasplantado procedente de una donante fallecida, un hito médico del que hasta el momento solo hay dos nacimientos documentados en Europa y apenas unas decenas en todo el mundo. La madre, Grace Bell, informática de unos treinta años residente en el condado de Kent, nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH), una anomalía congénita poco frecuente que provoca la ausencia o el desarrollo incompleto del útero, aunque las pacientes conservan ovarios funcionales y características sexuales normales, lo que implica que pueden producir óvulos pero no gestar. Esta condición afecta aproximadamente a una de cada 5.000 mujeres en el Reino Unido. El trasplante que hizo posible el nacimiento se realizó en junio de 2024 en el Churchill Hospital de Oxford y duró alrededor de diez horas, tras lo cual Bell inició meses después un tratamiento de fertilidad mediante fecundación in vitro. Los embriones creados con sus propios óvulos y el esperma de su pareja, Steve Powell, fueron transferidos al útero trasplantado, lo que permitió el embarazo y, finalmente, un parto por cesárea justo antes de Navidad del año pasado. El recién nacido pesó 3,09 kilogramos. Bell ha descrito el nacimiento como un acontecimiento que nunca creyó posible. «Jamás pensé que esto sería posible. Soy lo más feliz que he sido en mi vida», declaró a los medios británicos, y añadió que piensa a diario en la mujer que donó el órgano y en su familia. «No hay palabras suficientes para agradecer a mi donante y a su familia. Su bondad y altruismo hacia una completa desconocida es la razón por la que he podido cumplir mi sueño de ser madre», afirmó. La donación del útero se produjo tras la muerte de una mujer cuya identidad permanece en el anonimato. Sus padres explicaron en un comunicado que la pérdida de su hija había «destrozado» sus vidas, aunque subrayaron que la donación de órganos había permitido salvar o mejorar la vida de otras personas. Cinco órganos adicionales de la donante fueron trasplantados a cuatro receptores distintos. «A través de la donación de órganos, ha dado a otras familias el precioso regalo del tiempo, la esperanza, la curación y ahora la vida», afirmaron. El útero no está incluido automáticamente en el consentimiento presunto de donación vigente en Inglaterra, por lo que los equipos médicos deben solicitar de forma específica la autorización a la familia para su extracción. A diferencia de órganos vitales como el corazón o los pulmones, este trasplante no tiene como objetivo salvar la vida de la receptora sino permitir la gestación, lo que exige evaluar cuidadosamente los riesgos quirúrgicos y la necesidad de inmunosupresión. El profesor Richard Smith, cirujano ginecológico del Imperial College Healthcare NHS Trust y director clínico de la organización Womb Transplant UK, estuvo presente en el parto y describió el proceso como el resultado de décadas de investigación. «Ha sido un viaje increíble. Todo el equipo ha estado trabajando durante años para que esto sucediera», declaró. El matrimonio decidió poner al niño el segundo nombre de Richard en su honor. El procedimiento forma parte de un ensayo clínico nacional que contempla diez trasplantes de útero procedentes de donantes fallecidas. Hasta la fecha se habían realizado tres intervenciones de este tipo en el Reino Unido, aunque esta es la primera que ha culminado en un nacimiento. Paralelamente, el país ya había registrado en 2025 otro nacimiento tras un trasplante de útero de donante viva, en ese caso la hermana de la receptora. A escala mundial, se han realizado más de un centenar de trasplantes de útero y han nacido más de setenta bebés como resultado, aunque la mayoría de las intervenciones han utilizado órganos de donantes vivas. Los casos con donantes fallecidas representan una proporción menor debido a la complejidad de preservar el órgano y coordinar la cirugía en un tiempo limitado. En este caso, una vez que la receptora decida que no tendrá más hijos, los médicos prevén retirar el útero trasplantado para evitar la necesidad de inmunosupresores de por vida, medicamentos indispensables para prevenir el rechazo del órgano pero asociados a importantes efectos secundarios. Bell y su pareja han señalado que contemplan la posibilidad de tener un segundo hijo antes de someterse a esa intervención. La doctora española Isabel Quiroga, cirujana de trasplantes y codirectora del equipo que ha puesto en marcha el primer programa de trasplante de útero del Reino Unido, declaró a la BBC que «muy pocos bebés han nacido en Europa como resultado de que sus madres recibieran un útero de una donante fallecida» y detalló que «nuestro ensayo pretende determinar si este procedimiento podría convertirse en un tratamiento aprobado y habitual para algunas de las cada vez más numerosas mujeres en edad fértil que no tienen un útero viable».