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'El último brindis', de Julián Quirós, no fueron días de vino y rosas

Abc.es 
La corrupción es un espectáculo mucho más apasionante que la virtud. Desde su atalaya de 'Las Provincias', el periódico que dirigió durante 11 años, Julián Quirós fue testigo privilegiado de un asalto a los cielos que acabó en un derrumbamiento que se llevó por delante a tres presidentes y decenas de dirigentes y altos cargos. Valencia es el escenario de 'El último brindis' , la novela del actual director de ABC, una cruda y verídica crónica disfrazada de ficción de una etapa que empieza con el procesamiento de Francisco Camps por el asunto de los trajes y que concluye con la muerte de Rita Barberá en 2016. Aseguraba Joseph Fouché , el jefe de la policía que sobrevivió a la monarquía, la Revolución y Napoleón, que todo hombre tiene su precio y que lo que hace falta es saber cuál es. Quirós describe no ya sólo las miserias del poder sino, sobre todo, un clima moral en el que todo vale. Lo hace dando un nombre imaginario a personajes perfectamente reconocibles y relatando unos hechos que nada tienen de ficción. Lo que sale de la pluma de Quirós es una verdadera novela negra sin derramamiento de sangre. Una trama de corrupción , luchas de poder, deslealtad y ambición que teje el trasfondo de la sucesión de mayorías absolutas del PP que acaban cuando Alberto Fabra no logra revalidar su mandato en 2015. En ese momento, la Justicia había abierto ya sumarios que salpicaban la gestión de Zaplana y de Camps , mostrando la cara oculta de una falsa época de vino y rosas. Nadie sale bien librado de la narración de Quirós. Hay dirigentes políticos, borrachos de 'hybris', que se estrellan contra el suelo al querer volar cerca del sol. Otros buscan enriquecerse mediante el amaño de contratos y la concesión de favores. No faltan los empresarios sin escrúpulos que corrompen todo lo que tocan. Y tampoco fiscales ambiciosos que saltan por encima de la ley en busca de una notoriedad pública que les ayude en su carrera. Especialmente interesante, lleno de matices y sin autoindulgencia, es el retrato de Quirós hace del periodismo . De un lado, el periódico local que investiga la corrupción se revela como un instrumento indispensable para revelar los abusos del poder . Pero, por otro, el periodismo sucumbe en ocasiones a las presiones y los intereses económicos que amenazan su independencia. Es fácil intuir que Yelbes, el director del diario de Valencia sobre el que gira la narración, es un trasunto del propio Quirós, aunque en la segunda parte de la novela se enmascara en un ejercicio de automortificación. He leído de un tirón 'El último brindis' mientras hacía un mapa mental de sus protagonistas y del espacio físico del relato. Y al acabar el libro he sentido una mezcla de perplejidad y tristeza por algunos personajes a los que conocí, sin entrever su miseria moral. Y también piedad por los inocentes que pagaron por pecados que no habían cometido y que fueron linchados en el huracán de investigaciones judiciales que convirtieron la Justicia en un espectáculo. Nada era como parecía hasta que el edificio comenzó a derrumbarse. Si Dashiell Hammett contó en 'Cosecha roja' la degradación de 'Poisonville', una ciudad manejada por cuatro gánsteres, Quirós ha escrito la crónica del derrumbe de un sueño y la condena al infierno de una clase política que ignoró los límites. Una novela muy bien escrita, con una trama que funciona como un reloj y con las reflexiones de alguien que ha visto demasiado y que vomita ante el espectáculo de una degradación de la que nunca quiso ser cómplice.

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