Estudiante con ceguera se prepara para ser ingeniero en el TEC: ‘Hay que seguir adelante a pesar de las adversidades’
En su temprana juventud, Justin es un universitario que asume la vida con entusiasmo. Una cualidad que podría ser usual en personas de su edad, pero que en su caso se considera admirable por todo lo que ha pasado para llegar a este momento. “A pesar de que las cosas parezcan difíciles hay que tomarlas bien, motivarnos a hacer las cosas de la mejor manera”, afirma el futuro Ingeniero.
Justin Hernández Acuña, de 18 años, es estudiante de Ingeniería en Seguridad Laboral e Higiene Ambiental en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC). Hoy, mientras cursa su segundo año de carrera sueña con un futuro en el que pueda incorporarse al mercado laboral: se ha demostrado a sí mismo de que “nada es imposible”.
Hace cinco años, su pensamiento era diferente: con 13 años fue declarado con ceguera y en ese momento pensó que ya no merecía la pena continuar sus estudios.
“Fue un golpe duro y devastador. Me afectó un tiempo. No sabía cómo reintegrarme a la sociedad por miedo a las burlas, críticas o que me preguntaran por mi condición, antes no me sentía preparado para hablar de esto. Además, pasó en tiempos de pandemia, era volver a reintegrarme con discapacidad y abrirme a un mundo diferente. Adaptarme a un nuevo mundo”, confió el joven.
El respaldo de su familia, del Centro Nacional de Educación Helen Keller, que apoya a personas con discapacidad visual, de sus profesores y compañeros de colegio lo convencieron de que debía continuar. Gracias al acompañamiento, y sobre todo, a su entereza, Justin avanzó con éxito en su secundaria y siempre alcanzó buenas calificaciones.
En el 2025 ingresó al TEC y gracias al Programa de Admisión Restringida (PAR) pudo además de entrar a su carrera, obtener una beca que, entre otras cosas, le permite permanecer en las residencias universitarias, pues es originario de un pueblo rural en Turrubares.
El PAR es un programa que reserva el 10% de la matrícula de nuevo ingreso a estudiantes de escasos recursos económicos, de colegios públicos y bajo Índice de Desarrollo Social (IDS). Aunque Justin tenía buenas calificaciones, su nota de admisión estaba apenas para la carrera y le propusieron ingresar con admisión restringida para que pudiera recibir el apoyo de la beca.
“Seguir adelante a pesar de las adversidades”
Justin perdió la visión de su ojo derecho antes de los siete años debido a una malformación congénita. A los 11 sufrió un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo y a los 13 le ocurrió lo mismo.
“Antes de cumplir los 14 años ya era una persona ciega. Además, sufro de glaucoma, una enfermedad que afecta el nervio óptico”, contó.
Cuando está en Turrubares, Justin vive con su papá y su hermano, la casa de su abuelita está cerca, por lo que siempre le acompaña, ellos son su principal apoyo tras la muerte de su mamá cuando él era un niño de 10 años.
Tras pasar un proceso de luto, vio en su pérdida una fuente para tomar fuerza y seguir adelante. Hoy piensa que, desde el lugar en el que esté, su madre debe sentirse orgullosa de él.
Justin eligió persistir y tras sus vivencias quiere compartir un mensaje de motivación. Celebra que su hermano mayor haya querido retomar los estudios y así culminar el año de colegio que le falta; para él es gratificante.
“Me gustaría dejar eso, ese mensaje de que independientemente de las condiciones con las que cuentan las personas, deben de saber que siempre van a tener apoyo, va a haber alguien que los va a motivar. (...) Todos podemos, si yo lo estoy logrando por qué otra persona no lo va a lograr, incluso de mejor manera, con menos limitantes o procesos menos lentos. Una persona con sus cinco sentidos tiene hasta más posibilidades de hacer las cosas igual que yo”, comentó.
Para el universitario, siempre que se tenga motivación y la convicción de que se puede lograr lo propuesto, eso es posible. “Hay que seguir adelante a pesar de las adversidades”, afirmó.
Vida universitaria
La experiencia universitaria de Justin ha sido muy positiva, empezando porque le está yendo muy bien y además, porque reconoce “un apoyo inmenso” de la institución. Asegura que tiene diferentes redes que lo respaldan y que constantemente están pendientes de él.
Confiesa que lo que lo enamoró de la universidad es la humanidad y calidez que encontró en cada espacio: eso lo ha hecho motivarse cada día.
En clases, sus profesores han adaptado los contenidos, haciéndolos inclusivos para que Justin aprenda igual que los otros estudiantes.
Actualmente lleva un curso de Dibujo e interpretación de planos, que es para modelar e interpretar planos arquitectónicos. Cuenta que gracias a la creatividad de su docente, le han hecho piezas en relieve y le transmiten la información por medio del tacto.
“Me han apoyado en todo. Se me hizo la compra de una calculadora científica parlante que ronda los $1.000, es algo bastante caro, pero la institución me ayudó con eso”, contó.
En cuanto a la materia teórica y documental, el TEC asigna personas asistentes para que adapten materiales y que de esa manera puedan ser interpretados por lectores de pantalla que pasan el texto a audio en tiempo real.
La computadora y el celular que Justin utiliza cuentan con programas de lectores de pantalla que le permiten su navegación por aplicaciones y sitios web.
“Poco a poco, se ha ido creando una independencia para que pueda tener una estadía en la universidad de la manera más autónoma posible y con la mayor cantidad de igualdad de condiciones”, dijo.
En el mediano plazo, Justin planea hacer una carrera exitosa: rememora que desde el momento en el que decidió retomar sus estudios “con amor y dedicación”, se propuso convertirse en profesional, tener un buen futuro y poder inspirar a otras personas.