Natalia Valdebenito a 10 años de Viña: “Tener a una mujer hablando con 15 mil personas calladas fue absolutamente político”
Para Natalia Valdebenito, actriz de formación y una de las comediantes más relevantes del circuito chileno, recordar su paso por el Festival de la Canción de Viña del Mar dista mucho de lo que usualmente se asocia a la experiencia del humor en el popular certamen. Una que históricamente ha estado sujeta al escrutinio previo y posterior de la prensa, sin contar la cultura construida en torno al “monstruo” y sus ansias por “devorar” a los artistas que no cumplan con sus expectativas.
“Chile se siente muy divertido. Si fuera una persona, sería como el tío que tira la talla en el asado. Y entonces, como todos nos creemos divertidos, siempre es difícil hacer humor“, explicó Valdebenito. “Acá es como que tienes que pasar por una prueba constante en que te dicen ‘a ver, hazme reír, a ver si puedes’. Me acuerdo que cuando partí me decían ‘no, si yo hago lo mismo que tú cuando estoy curada'”, recordó entre risas.
Pero su experiencia sobre el escenario de la Quinta Vergara fue distinta. No solo porque vivió el proceso con la tranquilidad y el goce de quien confía en la seriedad de un trabajo bien hecho, sino también por la huella que dejó la que hoy, 10 años después, continúa siendo una de las mejores rutinas humorísticas que han pasado por el festival viñamarino.
“Recuerdo que disfruté mucho ese abismo“, confesó sobre los meses que vinieron entre la invitación hecha por el entonces director del espacio, Alex Hernández, y la llegada del miércoles 24 de febrero del 2012, día en que compartió vitrina con Alejandro Sanz y Luis Jara. “Era algo muy incierto, muy improbable, y había una absoluta incertidumbre“, continuó. “Porque no había un camino. No había referente, no había nada. Se podía tomar y decir ‘bueno, vamos a sembrar aquí’, o ‘nos vamos a concentrar en que salga lo más honesto posible’, que creo que es lo que sucedió”.
Por esos días, Valdebenito llevaba varios meses trabajando en “Gritona“, el exitoso espectáculo que luego sirvió como la columna vertebral de su rutina en Viña. Algo que, en sus palabras, le permitió concentrarse solo en el trabajo, no en el suceso. “Y luego partí la preparación de alto rendimiento. Harto entrenamiento físico, estar sola. Estudiar para adentro, porque no ensayo tanto, pero sí había hecho el show bastante, así que iba ya preparada”.
Natalia Valdebenito en el Festival de Viña. Foto: archivo Festival de Viña del Mar 2016.
Sin embargo, las consecuencias de la sobre exposición y el sesgo de género que hasta entonces cargaba sobre el festival —que sumaba 14 años sin incluir a una humorista mujer en la parrilla— igualmente se hicieron presentes. En las conferencias de prensa previas, recuerda, las preguntas no giraban en torno al texto. Tampoco al oficio. “Me dijeron de todo. La pregunta era ‘¿qué vas a hacer con el fracaso?’”, contó. “Y cuando me di cuenta de que la otra persona tampoco sabía lo que iba a pasar, que la incertidumbre era absolutamente verdadera, dije: ‘no sé, pero tú tampoco lo sabes’. Ese 50% fue el que me jugué”.
Una incertidumbre que terminó por transformarse en una ventaja, pues no había un camino trazado hacia el éxito ni un manual para recibir gaviotas. Tampoco existía el circuito de bares consolidado de hoy, ni una cultura masiva del stand up que entendiera sus propios códigos. “Cuando pedíamos espacios en bares era hacernos un lugar donde tocaban bandas. No era algo que al bar le interesara tener”, recordó la actriz. “No había nada. Entonces, no teniendo esa presión, probablemente tuve la posibilidad de pasarlo mejor”.
Algo que, lejos de significar una improvisación descuidada, se alzó como consecuencia de un trabajo profundamente meticuloso que el público supo valorar. “Eso es lo más lindo que sucedió, y que es lo más lindo que le pasa a las personas mateas”, expresó con cariño. “Cuando se ve el trabajo es súper lindo. Y creo que, con los años, este show del festival ha ido tomando un peso más importante respecto a la calidad. Primero del texto, que me lo dicen mucho. Al hilo conductor y la tranquilidad. Lo vi hace unos días, por eso estoy con la mente fresquita al respecto, no estoy inventando. Pero si yo no fuera yo, diría ‘oye, que está tranquila la galla'”.
Lo anterior, además de la lectura de género sobre lo que significó su rutina en el Festival de Viña del Mar que, para muchos, marcó un antes y un después en la visibilización de mujeres en la comedia televisiva. “El solo hecho de tener una mujer ahí arriba, hablando con 15 mil personas calladas, es absolutamente político”, afirmó. “A veces, la gente me dice ‘oye, tú antes no eras política’. Pero no se trata de nombre o no a un político. Lo político es el punto de vista”.
Natalia Valdebenito, actriz y comediante.
Perspectiva que incluyó hablar del deseo, de la contradicción, de la mujer “buena” y la “mala” al mismo tiempo. “Somos todo eso. No soy perfecta. No impuse nada de eso porque nunca ha sido mi fin ser un ejemplo de nada. Todo lo contrario”, subrayó. Y ahí es donde aparece la resistencia. “Si bien se abrió una puerta (para las mujeres), también es como que nos hubiesen dado permiso. Y mientras más existimos personas como yo, más resistencia hay”, reflexionó. “Hubo un boom en que dijimos ‘sí, vamos a decir todo lo que queramos’, pero siento que fue un rato. Ahora está todo más edulcorado, más amarillo”.
La discusión sobre los límites del humor —lo vulgar, lo correcto, lo que incomoda— también entra en el análisis. “La xenofobia es mucho más grosera que decir ‘vagina’ en televisión. La grosería está en la falta de empatía, en faltar el respeto”, indicó la comediante. En efecto, para Valdebenito la diversidad no es una consigna abstracta, sino una condición básica para que el humor respire: “Que existan todos los tipos de mujer. Si queremos imponer que solo somos rockeras es mentira. Si queremos imponer que todas somos mamás, otra mentira”.
Y es que, en el humor, “ser igual al otro no vale nada”. “Es cosa de gustos. Si te gusta chucheta, anda a la hueá más chucheta, sino, tienes otras opciones. Por eso es linda la diversidad, porque el público puede elegir y no tenemos que ser todos iguales. Nadie quiere ser igual al otro. En esta cuestión si no es diferente, no vale”.
También hay, en su reflexión, una preocupación por el presente y el futuro del oficio, particularmente por las condiciones en que se ejerce el humor. “Estar de oposición no es algo que me incomode. Las personas que estamos menos comprometidas comercialmente, con la marca que sea, vamos a pasarlo muy bien”, planteó con picardía sobre lo que proyecta para los próximos cuatro años. “Pero me imagino que quienes están medios atrapados por las marcas que están auspiciando sus espacios van a tener un cerco un poco más grande”.
Natalia Valdebenito, actriz y comediante.
Cerco que, explica, no es nuevo. “Los auspiciadores siempre tienen un límite. Esto no es una novedad”, dijo. Lo que le inquieta es cuánto puede estrecharse ese margen en un contexto donde la exposición y el financiamiento condicionan contenidos. “Yo quisiera que la comedia siempre fuera un lugar de resistencia. Que sea un lugar donde se salga de la norma, del tipo, de las formas”, insistió, consciente de que esa aspiración no es sencilla en una industria como la actual.
Esto, además de dar la chance de un respiro. “Ojalá dé un espacio donde puedas decir ‘ay, sí, hueona, me carga esto’, o ‘soy feliz con esto’, sin culpa”, describió. Y tratar de darle a la gente un espacio de cariño también, porque la comedia es nobleza, es puro cariño”. Es en esa definición donde se juega, a su juicio, la capacidad del humor de estar a la altura de los tiempos que vienen.
Volviendo al Festival de Viña, y 10 años después, la actriz reconoce que la posibilidad de retornar al escenario de la Quinta incluye, por sobre todo, el costo de la exposición. “Lo último que me complica es el show, porque creo que para eso estoy hecha. Mi peguita yo la sé hacer”, sostuvo con seguridad. “Todo lo demás es lo que se cobra. Tiene que valer la pena”.
Mirar hacia atrás, entonces, no es un gesto nostálgico, sino un ejercicio de perspectiva. “Yo ya superé ese show. Hubo un tiempo que tuve nostalgia, pero después entendí que las cosas suceden una sola vez. Esta es la única primera vez”, reflexionó. Quizás ahí está la clave de esa noche que dejó frases y momentos para la posteridad y que, según ella misma, mantiene vigencia por haberla vivido sin garantías, sin libreto de consagración y con los ojos bien abiertos.