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Si a criaturas de Salinas vamos…

Y eso es una verdad incluso desde antes de que en la política figurara el Niño Verde; para ser exactos, desde que su padre fundó el PVEM y, con ello, nuestro partido más oportunista e inescrupuloso (que ya es mucho decir). Donde está el verde, no está la democracia.

Por eso llama la atención la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum a un desplegado de Manlio Fabio Beltrones, Diego Fernández de Cevallos, Francisco Labastida y Jorge Alcocer sobre la reforma electoral.

En lugar de atacar los argumentos de un experto electoral, de dos excandidatos presidenciales y de un senador, la mandataria prefirió decir que son “fantasmas”, personajes que se deben a Carlos Salinas de Gortari.

“Es como, los fantasmas del pasado regresaron”, declaró Sheinbaum en la mañanera, y se extendió: “Manlio Fabio Beltrones, creación de Salinas de Gortari. Diego Fernández de Cevallos, creación de Salinas de Gortari. Porque, por más panista que sea, es el símbolo del PRIANismo. Hay que recordar todo lo que recibió por el fraude electoral del ’88: votaron la quema de las boletas. Algún día recordaremos todo eso. Labastida, que en su libro dice que (…) Zedillo vendió la elección a Estados Unidos para que llegara Fox. Y ellos, muy preocupados por la democracia, artífices de fraudes electorales. Y Alcocer, que también es una fabricación de Salinas de Gortari”.

Alcocer contestó en la red social X con dos fotografías de 1988: una al lado del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el adversario de Salinas ese año, y otra de la campaña de López Obrador por la gubernatura de Tabasco. Nomás.

No sorprende que la presidenta desdeñe a los de afuera, así sea gente como Alcocer, que el sexenio pasado estuvo en el gobierno de Andrés Manuel, en –ni más ni menos– Gobernación, coordinando la oficina de la secretaria Olga Sánchez Cordero.

Pero, si a fabricaciones de Salinas vamos, nada ajusta mejor en la descripción que el PVEM, esa organización sin principios (el dinero no es uno) que la presidenta espera que le apoye en la reforma electoral. Porque, si un partido habría que reclamarle a CSG, ese es el Verde.

Y, para no ir más lejos, van párrafos de Paula Sofía Vásquez Sánchez y Juan Jesús Garza Onofre, que en La mafia verde. Traición, política y escándalos del Partido Verde Ecologista (Ariel, 2023) citan, ni más ni menos, a Alcocer sobre cómo nació el clan dizque ecologista:

“Jorge Alcocer, en una entrevista al semanario Proceso, recordó que el PVEM nació en 1989 por una decisión de Salinas de Gortari para apuntalar al PRI; le encargó a Manuel Camacho que ayudara a Jorge González Torres a formar ese nuevo partido que llenaría el hueco del tema ecológico”.

“De hecho”, siguen los autores Vásquez y Garza, “años después, el mismo Camacho Solís diría: ‘En lo personal, vi con simpatía que pudiera haber un partido verde’. Y, a la pregunta expresa sobre hasta dónde llegó esa simpatía, respondió sin medias tintas: ‘dando facilidades… tenía una buena relación, y la he tenido a lo largo del tiempo con Jorge González Torres, pero nunca tuve el control del partido… Y, bueno, sí, en alguna ocasión, y lo he seguido haciendo, platico con ciertas gentes, pero mi capacidad de influencia, pues, habrá llegado al punto de sugerir algunas candidaturas”.

Al Verde que hoy Morena le ruega no romper, hasta Vicente Fox les negó la secretaría de Medio Ambiente. Ahora, al Niño Verde, heredero de la fabricación de Salinas, lo abrazan en Palacio Nacional. Fabricaciones de la transformación.

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