Rebecca Solnit y los hombres que explican cosas
El término en inglés «mansplaining» contiene la unión de la palabra «man», que se suele traducir como hombre, y del verbo en inglés «to explain», cuya traducción menos problemática es explicar. Según el diccionario Oxford, «mansplaining» refiere a la actitud de un hombre que explica algo a alguien, normalmente una mujer, de un modo considerado condescendiente o paternalista.
Rebecca Solnit refiere que se le ha atribuido erróneamente la creación de este término; ella precisa que no es la autora del término, pero sí colaboró a su difusión y explicación, narrando una anécdota personal que sigue así: en una fiesta en una hermosa mansión tuvo un encuentro con un hombre mayor y adinerado –dueño de la mansión y anfitrión de la fiesta–. Este señor, sorprendido de que ella fuera escritora, le preguntó sobre qué había escrito, con un tono paternal, como el de un padre preguntando a una niña sobre qué hizo en su tarea. Ella le mencionó el tema de su último libro, y el señor mayor le recomendó leer un libro que había leído recientemente sobre la misma temática. Rebecca se puso a pensar que tal vez no había hecho una adecuada revisión de lo que se había escrito sobre el tema.
Explicar
Después de una larga conversación en la que el hombre le explica el libro que ella debería leer, muy molesta, ella y su amiga le indican que la autora del libro es ella, y que no se trata de un autor, sino de una autora. Solnit cuenta que su amiga tuvo que decirle cuatro veces: «¡ese es su libro!» hasta que el señor fue a comprobar, no en su librero, sino en el «New York Times Book Review», que ella era la autora, lo cual mostraba que el sujeto ni siquiera había leído el libro, sino una reseña del mismo. Como señala Alejandro Dolina: a muchas personas les gusta decir que han leído un libro más que en realidad haberlo leído.
El ensayo «Los hombres me explican cosas» está repleto de referencias similares; sin embargo, lo que trata de hacer notar Solnit es que la mayoría de las veces los hombres no escuchan a las mujeres y no ven la violencia que practican con este comportamiento.
Cuando Solnit publicó una primera versión de este ensayo, ella cuenta que recibió muchas cartas. Algunas de ellas eran de hombres que le decían que no es cierto que los hombres no escuchen a las mujeres, sino que ella desconoce algunas cosas y, entonces, una vez más empezaban a explicarle cosas. Solnit reflexiona sobre la tensión que provoca a los hombres que las mujeres no necesiten que se les expliquen cosas y que en muchas materias sepan más que ellos. El argumento de Solnit no se encuentra solo en la sordera de algunos hombres, sino en el efecto que ello genera en las mujeres, que cansadas de escuchar a los hombres explicándoles cosas, empiezan a dudar de sí mismas y de lo que saben.
Violencia
La violencia cognitiva no se encuentra solo en no escuchar al otro, sino en restarle valor a su palabra. Para Solnit, ello impacta, por ejemplo, en la cantidad de denuncias de violencia contra la mujer que no son atendidas por los policías, porque ellos, en vez de escucharlas, les empiezan a explicar que lo que vivieron no es violencia o que, de alguna manera que ellos explican, es culpa de ellas.
En un sentido similar, Miranda Fricker ha reflexionado sobre la llamada injusticia epistémica, señalando que lo que la caracteriza es la ausencia de manipulación deliberada y consciente; es decir, una especie de naturalización de las relaciones de poder, en las que las mujeres simplemente no son tomadas en serio y sus testimonios no son creíbles. Fricker refiere a la película «El talentoso señor Ripley». En este film, el testimonio de Marge Sherwood no es creído y se la juzga erróneamente como histérica, una especie de actualización del mito de Casandra, princesa troyana que tenía el don de la profecía, pero la maldición de la sospecha e incredulidad en sus palabras.
Escuchar
Regresando a Solnit, ella da a entender que posiblemente los hombres no escuchan el argumento que las mujeres ponen en cuestión; es decir, no lo perciben. Algo así como que el patriarcalismo genera una especie de punto ciego en la cognición masculina, una situación en la que entienden y no entienden lo que las mujeres ponen en cuestión, lo cual, dado el espacio de poder que ejercen los hombres, se convierte en una violencia epistémica, como lo refiere Miranda Fricker; es decir, en restar valor al conocimiento y experiencia de las mujeres. Bajo esta situación, las mujeres se encuentran en una desventaja de apreciación cognitiva muy peligrosa, una clara violencia epistémica que genera una forma directa e indirecta de discriminación y de vulnerabilidad.
Es posible que este 8 de marzo muchos hombres nos expliquen cosas, nos expliquen lo que deberíamos o no pensar, escribir u opinar; pero también es posible encontrar en este 8 de marzo la posibilidad de cuestionar que no se precisa que ni el Estado ni los hombres nos piensen como mujeres. De eso ya hicieron mucho y las cosas en el mundo no están nada bien como para que intenten explicarnos por qué.
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