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Wist’upiku: tradición, compromiso y éxito en el negocio gastronómico

Wist’upiku comenzó como un pequeño emprendimiento familiar. En el tiempo se ha convertido en una cadena de 38 sucursales presente en cuatro ciudades principales de Bolivia. Su historia es un ejemplo de cómo es posible crecer sin perder la esencia, innovar sin traicionar la tradición. Es una historia de perseverancia y cariño, de enfrentar crisis como la pandemia manteniendo el compromiso con la calidad y con el equipo de trabajo.

Energías & Negocios,de La Razón, conversó con ana María Ramírez, representante de la tercera generación familiar de Wist’upiku. La copropietaria nos comparte cómo la empresa ha evolucionado, su presente y porvenir. A través de sus palabras emerge una visión clara sobre los pilares del crecimiento empresarial: la fidelidad a las recetas originales, la capacidad de adaptación ante cambios inesperados, la incorporación estratégica de herramientas digitales, y el deseo de proyectar la marca boliviana hacia mercados internacionales.

– ¿Cómo ha evolucionado Wist’upiku desde una panadería familiar en Cochabamba a una cadena de 38 sucursales en el país?

La historia de Wist’upiku comienza como un emprendimiento familiar fundado por mis abuelos, José Solíz Vaca y Elisa Lazarte Ayala, en Cochabamba. Ellos empezaron con una pequeña panadería en el barrio donde vivían en Cochabamba, donde preparaban empanadas con recetas tradicionales que rápidamente se hicieron muy populares por su sabor y calidad.

Con el paso del tiempo, la empresa fue creciendo gracias al trabajo familiar y al cariño que los clientes siempre han tenido por nuestros productos. Luego mi mamá, María Blanca Solíz, continuó con el legado, consolidando la marca y manteniendo las recetas originales.

Posteriormente, nuestra generación asumió el reto de modernizar la empresa y expandirla a otras ciudades del país. Hoy contamos con 38 sucursales en cuatro ciudades principales de Bolivia, y seguimos trabajando para mantener el equilibrio entre lo tradicional que representa a nuestra marca y el crecimiento como empresa que aporte trabajo a la comunidad y un producto de calidad para las personas.

– ¿Cuál ha sido su estrategia para innovar manteniendo la tradición?

Para nosotros, la tradición es el corazón de la marca. Las empanadas blancas pucakapas son parte de la identidad gastronómica cochabambina y siempre han sido la base de nuestro menú.

Nuestra estrategia para innovar ha sido hacerlo sin perder la esencia del sabor original. Cuando desarrollamos nuevos productos, buscamos que estén inspirados en ingredientes y sabores que forman parte de la gastronomía boliviana.

Así nacieron nuevas variedades como las empanadas de pollo, carne y charque, que han tenido muy buena aceptación entre nuestros clientes.

Antes de lanzar un nuevo producto, solemos observar factores como las sugerencias de los clientes, las tendencias de consumo, lo que gusta al público en el mercado tradicional, ya que nos caracterizamos por el rescate gastronómico de la comida típica de cada región.

– Antes de la pandemia, Wist’upiku contaba con 350 empleados, pero la cifra se redujo al 50%. ¿Cuáles fueron los desafíos más críticos durante el confinamiento?

La pandemia fue uno de los momentos más difíciles que nos ha tocado vivir como empresa. Antes del Covid-19, contábamos con una rutina bien marcada, lo que no solo afectó a nuestra empresa sino a muchas empresas del rubro gastronómico, obligándonos a prescindir de nuestros colaboradores y a cerrar sucursales. Para nosotros fue algo muy duro ya que somos una empresa familiar que valora mucho a su equipo de trabajo.

Sin embargo, decidimos adaptarnos y buscar nuevas formas de seguir adelante. Empezamos a trabajar con otros canales de venta, como el delivery y también la venta puerta a puerta en condominios, para no perder presencia en el mercado.

Nuestro compromiso siempre fue mantener la calidad y el sabor de nuestros productos, porque eso es lo que nos caracteriza. También tuvimos que adaptarnos a nuevas medidas de bioseguridad, lo que implicó capacitarnos mucho más en protocolos sanitarios para garantizar la seguridad tanto de nuestros clientes como de nuestro personal. Fue una etapa muy retadora, pero logramos mantenernos activos hasta que se reactivaron las actividades presenciales.

– Wist’upiku tiene presencia en varias redes sociales. ¿Qué impacto han tenido en la empresa?

Las redes sociales se han convertido en una herramienta muy importante para nosotros. Plataformas como Facebook, Instagram, YouTube y TikTok nos permiten tener un contacto mucho más cercano con nuestros clientes.

Gracias a estas plataformas podemos mostrar nuestros productos, compartir promociones y también contar la historia de la marca. Además, nos ayudan a llegar a públicos más jóvenes que consumen mucha información en medios digitales.

También hemos notado que los canales digitales han cambiado un poco el perfil de nuestros clientes, ya que ahora recibimos más pedidos de personas que prefieren comprar en línea o pedir a domicilio.

– ¿Cuándo decidieron incorporar el servicio de delivery y qué impacto ha tenido?

El servicio de delivery comenzó a tomar mucha más importancia durante la pandemia. En ese momento nos dimos cuenta de que era fundamental acercarnos a nuestros clientes de otras maneras, ya que muchas personas no podían salir de sus casas.

El delivery nos permitió llegar a hogares y oficinas, manteniendo activa la relación con nuestros clientes y ofreciendo una alternativa cómoda para disfrutar nuestros productos.

A pesar de estos retos, el delivery ha sido una herramienta muy importante para mejorar la experiencia del cliente y poder llegar a más rincones de la ciudad.

– ¿Cómo ha evolucionado la estrategia de marketing de Wist’upiku?

A lo largo de los años, la estrategia de marketing de la empresa ha cambiado bastante. En las primeras décadas, el crecimiento se dio principalmente gracias al boca a boca y a la reputación que se fue construyendo con los clientes.

Con el tiempo, también utilizamos medios tradicionales como radio, prensa y publicidad local.

Hoy en día, el marketing es mucho más digital. Utilizamos redes sociales, contenido audiovisual, colaboraciones con influencers y campañas online para conectar con el público.

El principal desafío ahora es posicionar la marca entre las nuevas generaciones, que buscan experiencias auténticas, pero también consumen mucha información digital. Por eso tratamos de comunicar nuestra historia, nuestra tradición familiar y nuestros valores, pero utilizando formatos modernos y cercanos al público más joven.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos para exportar y cuál es la visión futura de la empresa?

Exportar productos gastronómicos desde Bolivia tiene varios desafíos. Entre los principales están las regulaciones sanitarias internacionales, los procesos de certificación y también la logística para transportar productos alimenticios manteniendo su calidad.

Sin embargo, creemos que la gastronomía boliviana tiene un gran potencial y que nuestras empanadas podrían ser muy bien recibidas en otros mercados, proyecto que no desestimamos. Con el trabajo que venimos realizando, creemos poder cumplir y que nuestra marca sea reconocida en el exterior.

En cuanto a nuestros planes, queremos seguir fortaleciendo nuestra presencia dentro del país, abrir nuevas oportunidades de crecimiento y continuar consolidando la marca.

Nuestra visión para los próximos 5 a 10 años es seguir siendo una empresa que no pierda su esencia familiar, que preserve la tradición gastronómica boliviana, pero al mismo tiempo evolucionar con el mercado, fortalecer nuestros canales digitales y continuar llevando el sabor de Wist’upiku a más ciudades y a más personas.

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