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Las voces femeninas de la hostelería cordobesa en el Día de la Mujer

Abc.es 
Detrás de muchos de los bares, restaurantes y cocinas que forman parte del día a día de Córdoba hay historias de mujeres que han levantado negocios, sostenido equipos y aprendido un oficio exigente a base de trabajo, intuición y muchas horas de esfuerzo. Historias distintas, trayectorias que no siempre empezaron en la hostelería, pero que hoy forman parte del presente de uno de los sectores más importantes de la ciudad. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, seis profesionales del sector, Antonia Arjona, Isabel Rosales, Ana Ruz, Pilar Vidal, Sole Torres y Paola Gualandi, comparten su experiencia en un oficio que exige carácter, capacidad de adaptación y una enorme vocación. Antonia Arjona recuerda cómo empezó en la hostelería en un contexto muy diferente al actual: «Cuando vinimos de viaje de novio, ya me metí yo en la cocina. Llamé a mi suegra, se vino a ayudarme, y empezamos a hacer ensaladillas y cosas en nuestra cocina y las bajábamos hechas, ya que el bar no tenía cocina propia». Para ella, la mujer trabajaba «más en la cocina. De puerta para adentro, y no tenía tanta visibilidad como tiene hoy en día». Aun así, Antonia se considera adelantada a su tiempo: «Yo he vivido los tiempos un poquito adelantados. Siempre lo he visto fácil, nunca lo he visto difícil… yo he sido valiente, y con mi marido hemos trabajado codo con codo . Yo nunca me he sentido en un segundo plano. He sido libre totalmente para comportarme y ser como soy». Isabel Rosales destaca la visibilidad y la igualdad de oportunidades: «Pero seguir apostando por esa visibilidad que tiene que tener la mujer que quiera tenerla. Y si tú quieres tener un proyecto laboral y quieres ponerlo en valor, tú tienes que estar ahí, tienes que luchar por ello y se te tiene que dar toda la herramienta y posibilidades para conseguirlo y que los demás lo valoren». Sobre la conciliación, Isabel señala que «si tu pareja quiere ayudarte, quiere apoyarte en ese proyecto familiar de vida, pues es mucho más fácil y es lo justo. Si no es así y tiene que ser a la mujer con la familia, los cuidados y todo lo que conlleva el ámbito que aún se le atribuye a la mujer por ser mujer, pues es muy complicado. Y algunas se quedan en el camino ». Para madre e hija, el legado es claro: la mujer aporta otra mirada al sector y debe recibir el reconocimiento que se merece. Ana Ruz reconoce que la presencia femenina ha aumentado, aunque persisten desigualdades: «Cada vez la mujer tiene más presencia en la empresa y poco a poco ocupan puestos más importantes, pero todavía el hombre predomina, sobre todo en cargos altos». Por otro lado, nos habla de la conciliación, que sigue siendo un desafío: «Cuando eres empresaria, autónoma y estás 24-7 dedicada al negocio, es complicado sacar tiempo, sobre todo los primeros años». También, asegura, ha enfrentado barreras de género en la relación con proveedores: «Hay muchos que quieren hablar siempre con un hombre. Es triste que todavía siga existiendo eso» . Aun así, anima a las jóvenes a perseverar: «Mi mensaje es que no se rindan, que sigan adelante, que si quieren emprender, que lo hagan y que luchen por lo que estamos luchando las que ya estamos». Además, Ana concluye que los valores humanos son fundamentales en su visión de negocio: «Hay que trabajar, por supuesto, pero no hay que vivir para trabajar, hay que trabajar para vivir». Pilar Vidal ha tenido que demostrar su valía desde sus inicios: «Siendo mujer y muy joven, sí que tienes esa doble dificultad, ya que muchas veces se piensa que la chica tiene que ser como la ayudante de...» . Aunque reconoce avances, la visibilidad femenina sigue limitada: «Sigue habiendo muchos hombres liderando en la cocina. Hace falta que se reconozca mucho más a la mujer, ya que también damos otro punto de vista y un toques diferente». Además, Vidal nos cuenta que se ha visto cuestionada en su trabajo por su género: «Sí, lo he sufrido algunas veces, tanto con clientes como con compañeros. Incluso con algún compañero, que me cuestionaba por ser mujer, teniendo yo más experiencia o formación que esa persona». Para Pilar, la conciliación sigue siendo un reto para muchas mujeres y asegura que muchas «Acaban dedicándose a otras cosas porque no pueden conciliar, y sin embargo un hombre - en igual posición- puede trabajar en el sector sin problema». Paola Gualandi reconoce que su carácter ha sido clave para abrirse camino : «En el momento en que tú demuestras con hechos, es difícil que alguien pueda juzgarte solo por ser mujer. Al final no queda otra que aceptarlo y tirar para adelante». Además, Gualandi destaca el valor del punto de vista femenino en cocina y equipo: «La sensibilidad, organización y perfeccionismo que las mujeres aportan se nota y es muy útil no solo para el cliente, sino para la empresa y equipo» . La conciliación también es central en su experiencia, ya que actualmente es madre de un bebé de diez meses: «La base para poder reemprender un camino así es la mentalidad. Un niño cambia tu vida, pero buscamos soluciones: llevarlo con nosotros, adaptarnos y dar importancia al equipo que nos respalda. No me permito no hacer una familia por tener un restaurante, ni no tener un restaurante por crear una familia». Y si le preguntamos por la visibilidad de la mujer en el sector, Paola concluye que aún hay retos de representación: «Lo que más falta son cabezas visibles liderando. Debajo hay muchas mujeres, pero que realmente cojan el liderazgo… pocas« . No obstante, asegura, que »se están empezando a dar visibilidad a la persona que está detrás (del chef principal) y es fundamental para que el sector siga evolucionando». Sole Torres, madre de dos niños, destaca los avances en conciliación en su restaurante: «Tenemos unos horarios muy buenos y los compaginamos bien, pensando que solo abrimos por la noche, viernes y sábado. La conciliación es súper guay». Torres ha querido también resaltar la importancia del toque femenino en sala y cocina y les dice esto a las nuevas generaciones: «Es necesario… aunque escuchen que no se puede, que tropiecen, que se levanten y sigan adelante». Además, Torres termina la entrevista comentando que se siente orgullosa de su trayectoria: «Si hace ocho años me hubieras dicho que iba a tener un restaurante y desenvolverme así en la sala, no me lo hubiera creído. Cada día me gusta más mi trabajo, los retos que se presentan, el trato con el cliente,... ». Hoy, estas seis mujeres, aunque hay muchísimas más en Córdoba, representan la transformación de un sector que históricamente fue masculino. Desde la experiencia pionera de Antonia Arjona hasta la frescura emprendedora de Ana Ruz, pasando por la determinación de Pilar Vidal, Sole Torres y Paola Gualandi, todas coinciden en un punto: la mujer aporta una mirada diferente, enriquecedora y necesaria en la hostelería . Sus historias reflejan retos superados, barreras todavía existentes y la importancia de la visibilidad, la conciliación y el reconocimiento profesional. Lo que empezó como un trabajo de «puertas para adentro» hoy se traduce en liderazgo, innovación y ejemplo para las futuras generaciones. Como dice Isabel Rosales, «hay que seguir apostando por la visibilidad de la mujer». Un recordatorio de que el cambio no solo es posible, sino inevitable. La hostelería cordobesa tiene ahora un rostro más plural, más humano y más justo, gracias al talento y la tenacidad de estas mujeres que están redefiniendo el sector.

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