La opereta de Chalamet: «Una peli, qué rollo»
En un capítulo de la cuarta temporada de 'Industry', Harper y Yasmin indagan en la palanca que mueve el mundo y reflexionan sobre la motivación de las personas. El contexto es el que es porque la conversación, sin spoilear nada, es decisiva en los estertores de la serie, pero se puede extrapolar a cualquier situación de la vida, fuera de operaciones en corto y movimientos financieros. «¿Qué lleva a la gente a hacer cosas? ¿Las carencias? ¿Las necesidades?», se preguntan las protagonistas en el episodio. La duda eterna, yo también me lo pregunto. No sé qué llevó a Ona Gonfaus , la 'influencer' invitada al Festival de Málaga , a decir «pues no sé ahora, una peli, qué rollo» , cuando le pidieron una recomendación en la alfombra roja del certamen de cine, ni tampoco que una persona que está de moda como ella, que vive de hacer negocio con lo que es tendencia, sea capaz de colapsar y sugerir un título de 2023, desfasado ya, como si «la nueva de 'Ocho apellidos'» fuera una novedad por ponerle el adjetivo «nueva». Tampoco sé qué se le pasó por la cabeza a Timothée Chalamet para mezclar churros con merinas, meterse en un charco y, después de una meticulosa campaña para ganar el Oscar en la que incluso ha desfilado de naranja butano como homenaje a las pelotas de Ping Pong acuñadas por el personaje que inspiró a su Marty Supreme, enredarse con lo que es o no es minoritario. Soltó el actor que admiraba a las personas que dicen en las entrevistas que hay que mantener vivos los cines, pero que no quería trabajar en ballet u ópera porque «a nadie le importa eso». Como si el tenis de mesa llenara el Metropolitan como lo hace 'Tristán e Isolda'. Hay una triste evidencia en que las salas cada vez están más vacías, porque el público disfruta más del sillón que de la butaca, y prefiere embobarse con el móvil a quedarse embobado por la magia que arroja el proyector o lo que sucede detrás de los atriles. Son más de redes sociales, o sea, el escaparate, que del buscar un trasfondo. A nadie le importa el mensaje, salvo si se le puede acribillar por ello, como a Chalamet, a la 'influencer' o a María Pombo, una opinadora a la que ni siquiera se dejó opinar sobre si leer no te hace mejor persona. Igual ya nos hemos vuelto tan picajosos que ni siquiera la cultura nos salva.