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Crítica de 'Águilas de El Cairo' (***): Una estrella de cine en el punto de mira

Abc.es 
Es la tercera película que el director sueco de origen egipcio Tarik Saleh l e dedica a la ciudad de El Cairo y a la situación política , religiosa, social y artística en Egipto. Hizo 'El Cairo confidencial', 'Conspiración en El Cairo' y ahora 'Águilas de El Cairo', y por supuesto no puede viajar y mucho menos rodar en su país de origen precisamente porque sus películas, muy críticas con el régimen autoritario del presidente Abdelfatah el-Sisi, aprovechan los ingredientes del género de intriga para dejar un duro y desolador retrato del país. 'Águilas de El Cairo' ha encontrado sus exteriores en Casablanca y reconstruye de modo inquietante los interiores, intrigas y miserias del gobierno egipcio. Su personaje protagonista es George Fahmy, el actor más popular de Egipto, al que interpreta Fares Fares, también sueco, de origen libanés y tan popular como su personaje. George Fahmy es querido por todos los egipcios y por capricho del presidente le presionan para que le encarne en una película que cante sus glorias; Fahmy se da cuenta pronto de que sus reticencias a aceptar el encargo no sirven y se ve acorralado por una red en la que él es el boquerón. Sus problemas familiares, paternos, matrimoniales, románticos y sexuales son solo una muestra de lo complicado que es vivir en una autocracia cuando todos te conocen y los ojos del poder te observan con suspicacia, y el retrato que muestra Tarik Saleh es doblemente angustioso: por la precaución, el miedo, la crueldad y la permanente sensación de complot con que se vive alrededor del líder, y por los efectos que produce en el actor en la red, aunque sea admirado, querido y hasta cierto punto influyente, que carga no solo con esos miedos y crueldades sino también con una profunda sensación de culpa, de complicidad, de infidelidad hacia sí mismo. Además del actor estrella que interpreta Fares Fares, que lleva todo el peso del desolador retrato, hay otros personajes bien perfilados, como el que hace Amr Waked, los fríos, insobornables y despiadados ojos del poder y también su puño; o las excelentes Lyna Khoudri y Zineb Triki, amante y despojo una y esposa de ministro y mujer sin escapatoria. Todas las tramas se desarrollan con interés y narra y filma Saleh con los acentos adecuados, tanto en las intrigas amorosas y sórdidas como en los muchos avatares del rodaje de la película sobre el presidente, que están vistos con un cierto sentido del humor negro, los aprietos con los censores religiosos, la vigilancia del 'productor' o los miedos del director y los actores, expuestos a que cualquier ráfaga de aire se los lleve por delante. Una sátira oscura y espeluznante o un thriller político que, por ahora, no le va a abrir las puertas de Egipto ni a Tarik Saleh ni a su cine.

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