Se sacó el carnet de conducir en secreto y acabó marcando época en las carreras con Bugatti: la historia de Elisabeth Junek
Pionera - Durante horas lideró la exigente prueba siciliana tras adelantar a rivales destacados en carreteras de montaña, aunque una rueda dañada la obligó a reparar el coche y terminó quinta
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La memoria del automovilismo suele construirse con nombres que todo aficionado reconoce al instante. Aparece Juan Manuel Fangio cuando se habla del dominio en los años 50 y más tarde surge Ayrton Senna como símbolo de velocidad en la Fórmula 1 moderna. En tiempos actuales también se recuerda a Fernando Alonso o Max Verstappen por sus trayectorias en campeonatos de primer nivel.
Sin embargo, en ese recorrido mental casi nunca surge el nombre de una mujer, como si el pasado de este deporte hubiese estado ocupado únicamente por hombres. Esa imagen resulta engañosa porque antes de que existiera el Mundial de Fórmula 1 ya había una piloto que había ganado carreras de enorme dificultad en Europa.
Una piloto checa rompió el relato masculino del automovilismo temprano
La protagonista de esa historia fue la checa Eliška Junková, que logró un resultado que no ha vuelto a repetirse en el automovilismo de velocidad. En 1927 se impuso en su categoría durante el primer Gran Premio de Alemania disputado en Nürburgring. Con un vehículo privado de menor cilindrada consiguió superar a competidores con máquinas más potentes y con equipos mejor preparados. Aquel triunfo la convirtió en la única mujer que ha vencido un Gran Premio internacional en circuitos de velocidad.
El secreto de su rendimiento no estaba en la fuerza física, algo que sí caracterizaba a muchos rivales de la época, sino en una preparación minuciosa. Estudiaba cada tramo del recorrido, memorizaba curvas y reparaba su propio coche cuando surgía un problema durante la prueba. En carreras extremadamente largas, como la Targa Florio en Sicilia, analizaba incluso la alimentación y los descansos para mantener la concentración durante horas.
El piloto italiano Emilio Materassi llegó a decirle antes de una competición mientras le tocaba el hombro que “con esto usted no puede conseguir nada”. Junková respondió señalándose la cabeza y contestó que “con eso no, pero con esto sí”.
La relación con Čeněk Junek abrió su camino hacia las carreras
Su irrupción en ese mundo resultaba aún más llamativa por el contexto. Nació en 1900 en Olomouc, en una familia modesta, hija de un cerrajero. En su ciudad apenas circulaban automóviles cuando era niña. La relación con el banquero Čeněk Junek cambió el rumbo de su vida porque él compartía su interés por la conducción y aceptó desde el primer momento que su esposa compitiera. Primero participó como copiloto y, tras sacarse el carnet en la clandestinidad con el apoyo de su marido, más tarde cogió el volante en pruebas de montaña, circuitos y carreras de larga distancia.
El momento que definió su fama llegó en la Targa Florio de 1928, considerada entonces la competición más exigente del calendario europeo. El recorrido superaba los 500 kilómetros por carreteras estrechas de montaña con tramos sin asfaltar. Durante varias vueltas rodó en cabeza con su Bugatti tras adelantar en pista al francés Albert Divo. La victoria se escapó cuando golpeó unas piedras que dañaron una rueda y obligaron a una larga reparación. Terminó quinta tras más de siete horas de carrera y solo nueve minutos por detrás del ganador.
Aquella actuación multiplicó su popularidad en la prensa internacional, pero el episodio que marcó el final de su carrera ocurrió pocas semanas después. En julio de 1928 regresó al circuito alemán junto a su marido para participar en otra prueba. Junková esperaba en boxes cuando otro piloto checo se detuvo frente a ella para comunicarle que Čeněk había sufrido un accidente mortal. El banquero se convirtió en la primera víctima del trazado de Nürburgring.
La muerte de su marido en Nürburgring puso fin a su trayectoria
La decisión de abandonar las carreras fue inmediata. A pesar de recibir propuestas de equipos y fabricantes, nunca volvió a competir. Permaneció vinculada al automóvil mediante proyectos industriales y colaboró en la organización del Gran Premio de Checoslovaquia en Brno. También trabajó con empresas del sector y participó en iniciativas vinculadas al automovilismo europeo.
En 1972 publicó un libro de recuerdos titulado Mi recuerdo es Bugatti, un testimonio personal que reconstruye el ambiente de las carreras entre las dos guerras mundiales. El comentarista e historiador Martin Straka destacó años después la precisión de esas páginas y afirmó que “es uno de mis libros básicos sobre automovilismo”. El experto explicaba que el relato muestra con detalle cómo preparaba cada competición, desde los entrenamientos hasta la estrategia de carrera.
A pesar de esa trayectoria, su nombre quedó durante décadas fuera del relato habitual del deporte del motor. Straka explicó que Junková fue “una mujer extraordinaria y una competidora extraordinaria”, destacando su determinación para competir en un entorno dominado por hombres. En la comparación histórica suele aparecer junto a Maria Teresa de Filippis, primera mujer que participó en Fórmula 1, o junto a Lella Lombardi, única piloto que ha sumado puntos en ese campeonato.
El recuerdo de Eliška Junková demuestra que la historia del automovilismo incluye episodios que no encajan con la imagen más repetida del deporte. Mucho antes de que existiera la Fórmula 1 ya había una piloto capaz de vencer en circuitos europeos y de desafiar a los favoritos en carreras de gran resistencia. Su victoria en Nürburgring permanece como un caso único dentro de las competiciones de velocidad.