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Gana el PP, se recupera el PSOE, Vox toca techo

La estrategia del PP de celebrar cuatro autonómicas por separado, incluidas las andaluzas, buscaba forzar la derrota del ‘sanchismo’ y también desgastar a Vox. Un plan genial de Alberto Núñez Feijóo que, por ahora, sigue sin carburar

MAPA - ¿Qué han votado tus vecinos? Los resultados de las elecciones en Castilla y León 2026, calle a calle

La foto general no admite dudas. La derecha ha vuelto a ganar las elecciones en Castilla y León. El PP seguirá gobernando, como ocurre en esta comunidad desde hace 39 años. Lo hará con dos escaños más. Mañueco sube cuatro puntos: en gran medida, a costa de los votos huérfanos de Ciudadanos, que en 2022 aún sacó un 4,6% antes de su extinción.

Es una buena noche para el PP, pero insuficiente para gobernar en solitario: volverá a necesitar a la ultraderecha. Como ha confirmado el propio Mañueco en su primera declaración tras el escrutinio, no piensa pactar con nadie más.

En el bloque de la derecha, la sorpresa es el frenazo en el crecimiento de Vox. La ultraderecha apenas sube un punto y un escaño, por debajo de las encuestas y de sus expectativas. Se entiende mejor el parón cuando se compara este resultado con los estirones vividos en Extremadura, donde Vox había doblado sus votos, o en Aragón, donde crecieron siete escaños sobre 2023.

Hay dos razones que explican por qué Vox ha dejado de crecer: las purgas internas y la guerra de Irán. Con la expulsión de Javier Ortega Smith, ya no queda ninguna de las caras históricas del partido salvo Santiago Abascal. Y tampoco parece haberles ayudado la grave crisis internacional provocada por su gran referente, Donald Trump.

Con todo, Vox será gobierno. El PSOE será el primer partido de la oposición. Y con un dato mejor del que obtuvo en 2022: dos escaños más. Sube, en gran medida, porque se come a toda su izquierda, que se queda sin representación.

El buen resultado del PSOE en Castilla y León contrasta con el de Extremadura y el de Aragón. Por primera vez, desde las catalanas que ganó Salvador Illa, un candidato autonómico socialista mejora los datos del ciclo anterior.

Hay varios factores que explican este cambio de tendencia. Un mejor candidato: el alcalde de Soria, Carlos Martínez, que ha dejado en las raspas al localista Soria Ya!. También un contexto más favorable para el PSOE: el ‘no a la guerra’ de Pedro Sánchez le está ayudando a reconectar con el electorado progresista. Es mejor este marco de debate que el que acompañó a los socialistas en las elecciones de Extremadura y Aragón, donde solo se habló de corrupción.

El PSOE también se ha beneficiado en estas elecciones de la inexistencia de una candidatura competitiva a su izquierda. Sí la había en Aragón, con la Chunta. Sí la había en Extremadura, con la unidad de todos esos partidos que se repelen en Madrid. No la hubo en Castilla y León.

En 2022, la lista conjunta de Podemos e IU logró el 5,1% de los votos y un solo escaño. Aquello ya fue una derrota: venían de 10 escaños en 2015, de dos en 2019. Ahora se quedan sin representación: apenas suman un 3% entre las dos.

Dentro del naufragio de los cero escaños, la lista más votada de quienes antes se presentaban en coalición volvió a ser la de IU y Sumar: un 2,24%. Mientras que Podemos apenas alcanza el 0,75%. Es la mitad de los votos que ha logrado la candidatura friki de Alvise Pérez.

La proporción entre IU y Podemos es muy similar a la que se vivió en Aragón: IU-Sumar vuelven a triplicar a los morados. Por separado, en los territorios, Podemos está muy lejos de aspirar a mantener una mínima representación. Y aunque IU mantiene mejor tono, sin Podemos en sus listas, pagan el alto precio de la división.

A diferencia de Extremadura, de Aragón, estas autonómicas no fueron consecuencia de un adelanto electoral. Simplemente tocaba votar. El PP quiso que cada una de las cuatro citas previstas –aún faltan las andaluzas– fueran por separado. Podía haberlas agrupado en un solo domingo y decidieron que no. Con este menú de cuatro platos, buscaban forzar la derrota del ‘sanchismo’ y también desgastar a Vox. Un plan genial de Alberto Núñez Feijóo que, por ahora, sigue sin carburar. Al menos en esta ocasión el PP no se ha llevado el gran chasco de Extremadura y Aragón.

En unos meses tendremos la foto final de esa estrategia electoral: unas elecciones autonómicas donde el PP puede perder una de las pocas mayorías absolutas que mantiene, la de Andalucía. Con un Vox rozando el 19% –aunque sea su techo– esa mayoría sigue estando en riesgo.

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