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Elogio de la influencia: “Valor sentimental” de Joachim Trier

El pasado domingo 15 de marzo, la película noruega 'Valor sentimental' de Joachim Trier se llevó el Oscar 2026 a mejor película internacional. Este proyecto de Trier compitió con 'Sirat' (España) de Oliver Laxe, 'Un simple accidente' (Francia/Irán) de Jafar Panahi (quien escribe estaba seguro de que este trabajo iba a ganar), 'El agente secreto' (Brasil) de Kleber Mendonça Filho y 'La voz de Hind Rajab' (Túnez) de Kaouther Ben Hania.

Tanto el proyecto de Panahi como el de Kaouther Ben Hania están inscritos en las parcelas de la denuncia. Ambos muy relacionados con lo que viene sucediendo en Medio Oriente. Su carácter señalador, felizmente, no afecta la dimensión estética de su narrativa visual. Pudieron ganar el Oscar a mejor película internacional (ya no se llamará más mejor película extranjera) a cuenta de su diálogo con la actualidad.

Más allá de lo dicho, la película de Trier exhibe suficientes razones para haber sido elegida como la ganadora en su categoría. Toca temas de permanente actualidad; a saber, pensemos en las relaciones familiares. Es un proyecto con el que se puede identificar cualquier espectador. Con mayor razón en una época como la que atravesamos, en donde estamos más conectados y a la vez comunicándonos (muy) mal.

 

La casa

Lo primero que vemos en 'Valor sentimental' es la presentación de una casa, cuyo diseño está marcado por el buen gusto. Es una casa agradable. Pero no tardamos en darnos cuenta de que es un espacio que causa pavor, temor, distancia y obsesión entre sus protagonistas.

En esa vivió Karin Irgens, quien participó en la Segunda Guerra Mundial distribuyendo propaganda y fue, además, torturada por los nazis. Karin tuvo un hijo llamado Gustav Borg. Cuando Gustav tenía siete años, Karin se suicidó. Con el curso de los años, Gustav se convierte en un respetado cineasta y tiene una obsesión tras 15 años sin dirigir: hacer una película sobre el suicidio de su madre. Además, Gustav (Stellan Skarsgård) se casó con la psicoterapeuta Sissel, con quien tuvo dos hijas: Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas). Pero la felicidad familiar no le duró mucho. Gustav quería desarrollar su trayectoria; por ello, se divorció de Sissel, quien tuvo que criar sola a sus hijas.

 

Joachim Trier. Foto: Difusión.

La tensión

El padre y sus hijas se reencuentran tras la muerte de Sissel. Nora es actriz de teatro y Agnes es historiadora; está casada y tiene un hijo. Pero Gustav trae consigo una sorpresa. Como señalamos líneas atrás, quiere hacer una película sobre Karin y ha escrito el guion. Su plan no es otro que Nora interprete a Sissel. Y para dorar más el propósito de Gustav, la película se filmará en la casa familiar.

Con estos elementos, Trier nos presenta una historia pautada por la tensión emocional. ¿A Gustav no le importa acaso el luto tras la muerte de la madre de sus hijas? Es una de las preguntas que nos formulamos. Cuando Nora rechaza el ofrecimiento de Gustav, ingresa a la historia Rachel Kemp (Elle Fanning), una famosa actriz que hará el papel de Sissel. Tan famosa es Rachel que Netflix muestra interés en financiar el proyecto de Gustav. Pero Rachel no puede con el papel; su experiencia le resulta nula para plasmar toda la revolución interna que proyecta la configuración moral del personaje de Sissel.

Esta es una historia que no depende de su potente argumento, sino de la actuación. La acción/conmoción es interna. En 'Valor sentimental' se siente a Ingmar Bergman, el legendario cineasta sueco, en cada gesto y palabra. 'Valor sentimental' indaga en la movida actualidad existencial de sus personajes, es asimismo un cuestionamiento a lo políticamente correcto (una patada a los ismos que pretenden regir la conducta) y una radiografía de la incoherencia humana ante decisiones que se toman hasta que estas son puestas a prueba en la experiencia de la confrontación.

Ingmar Bergman es un cineasta central en la historia del cine y su influencia está muy presente en la cinematografía nórdica. Trier se ha nutrido de esa tradición, pero no ha cometido el error de ser un epígono; ha sabido otorgarle a su trabajo su propio sello, y este no es más que el arte como escenario de conflictos y, por qué no decirlo, también de reconciliación. La pueden ver en Mubi.

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