El mal tiene dos caras
A diferencia de Trump, que es errático y ni tiene plan para Oriente Medio ni cree necesitarlo, Netanyahu sabe perfectamente qué quiere, cómo conseguirlo, y sin límites prefijados. Sabe que Estados Unidos apoyará siempre a Israel, pero con Trump en la Casa Blanca tiene luz verde total
Donald Trump casi seguro que no a leído a Sun Tzu ('El arte de la guerra') , ni a Clausewitz ('De la Guerra'), ni a Maquiavelo ('El Príncipe'). Hace apenas catorce meses, al inicio de su actual mandato, tenía la impresión de que España era la “S” de los BRICS, y de que, después de haber acabado (según él) con siete u ocho guerras, acabaría con la de Ucrania en veinticuatro horas…
Son catorce meses, pero se nos está haciendo largo. ¿Alguien recuerda sus bravatas de que se quedaría con Groenlandia “por las buenas o por las malas”? Tuvo el atrevimiento de insultar a México, pero la presidenta Sheinbaum le respondió con firmeza y elegancia. Y Canadá pasaría a ser el “Estado 51” de Estados Unidos. Aquí la anécdota es hilarante. El Gobierno de Su Majestad (del Reino Unido) le recordó a Trump que el jefe del Estado de Canadá era… el rey Carlos III. Nada menos, casi un casus belli.
Ahora el presidente está descubriendo más cosas. En Irán no hay una Delcy Rodríguez, los iraníes, que son persas desde siempre (Trump tampoco sabe qué era o dónde cae Persépolis…), son gente muy testaruda. Llamarles a que se levanten contra su régimen actual es, según ha filtrado la misma inteligencia de Israel, un sueño tan absurdo como irreal. Y hacer esta llamada cuando les bombardeas a diario, es ir muy mal orientado.
Esta primera quincena de marzo ha sido muy rica en despropósitos de este señor, cuya mayor capacidad es la de causar sobresaltos a escala mundial. Un día inicia sus ataques, y el barril de petróleo sube a U$124, pero a las veinticuatro horas baja a U$90 porque en su famosa red Trump dice que la guerra será corta. Ahora andamos por los U$100 porque los mercados han optado por mantener un rumbo lo más estable que se pueda, y muchos gobiernos echarán mano de sus reservas estratégicas de combustible. Y a la vez, en Estados Unidos, después de que el FBI anuncia que pueden producirse atentados “iraníes” en la Costa Oeste (California, por ejemplo), la portavoz de la Casa Blanca dice que, de eso, nada de nada, ni actualmente ni antes. Y un periodista pregunta: “¿Y entonces por qué les bombardeamos?”.
Pero Trump sabe que tiene más de un submarino en la manga. Por un lado, nada menos que el Sr. Rutte, secretario General de la Otan, que se ríe constantemente de todo y ha llamado ante la prensa “daddy” (papaíto) a Trump. Por otro lado, la Sra. Van der Leyen, que tuvo hace unos días un traspiés memorable al alinearse sustancialmente con aquel, casi como cuando el líder del PP dice que “antes que el Derecho Internacional están los derechos humanos”. Lo más grave de la presidenta de la Comisión europea, sin embargo, fue otra cosa más de puertas adentro de la Unión Europea. No tenía mandato para hacer aquellas declaraciones, ni competencias para marginar a la Sra. Kaja Kallas, actual Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, ni consultó con ninguno de los veintisiete estados miembros de la UE. El presidente de la UE, Sr. De Costa, la puso claramente en su sitio. En relación con otra guerra, europea, en Ucrania, Trump tiene más submarinos, los jefes de los gobiernos de Hungría y de Eslovaquia. Y, además, de nuevo Trump acude al rescate de Putin y le autoriza a vender petróleo a su gusto, en precio y en cantidad.
Mientras, B. Netanyahu va a la suya, y es en cierto modo la otra cara de la moneda. A diferencia de Trump, que es errático y ni tiene plan para Oriente Medio ni cree necesitarlo, el jefe del Gobierno de Israel sabe perfectamente qué quiere, cómo conseguirlo, y sin límites prefijados. Sabe que Estados Unidos apoyará siempre a Israel, pero con Trump en la Casa Blanca tiene luz verde total. En Líbano, en estos mismos días, sus bombardeos han desplazado a casi un millón de personas, y dicho país tiene poco más de ocho millones de habitantes. En Cisjordania, los muertos se cuentan por cientos, y en el norte de Israel, con el pretexto de que el combate contra Hizbolá no se ha terminado ni de lejos, el ejército de Israel ha penetrado hasta el río Litani (a unos treinta kilómetros dentro de territorio libanés. ¿Gaza? Los más de setenta mil muertos gazatíes ahí quedan, amortizados y olvidados. Pero sobre todo, más allá de las fantasías inmobiliarias del Sr. Kushner para convertir ese territorio en una maravillosa marina de alto lujo, ¿qué va a ser de los dos millones de gazatíes que se apretujan en una franja de cuarenta kilómetros de largo por diez de ancho? Esa es a día de hoy la pregunta que nadie quiere responder…