Parece improbable, pero un estudio lo avala: los hongos serían capaces de controlar el clima
Un equipo de científicos junto a expertos del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia identificó un mecanismo poco conocido que conecta a los hongos con procesos de la atmósfera. El estudio, publicado en Science Advances, describe cómo ciertas proteínas producidas por estos organismos pueden inducir la formación de hielo en las nubes a temperaturas bajo cero menos extremas de lo habitual.
Los investigadores analizaron la especie de la familia Mortierellaceae y detectaron moléculas capaces de actuar como núcleos de congelación. Este proceso resulta clave en las precipitaciones, ya que permite que las gotas de agua se transformen en partículas congeladas, crezcan y finalmente caigan en forma de lluvia tras atravesar capas más cálidas de la atmósfera.
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Un origen evolutivo inusual
Según el análisis, el gen responsable de la proteína nucleadora no se originó en los hongos, sino en bacterias. Los científicos sostienen que un ancestro adquirió este material a través de transferencia horizontal hace cientos de miles o incluso millones de años.
“Se sabe que los hongos pueden adquirir genes de microorganismos, pero no es algo frecuente. Por eso no esperaba que este gen tuviera ese origen”, explicó Boris A. Vinatzer, profesor de Ciencias de Plantas y Medio Ambiente. Este proceso permitió que la función evolucionara y se perfeccionara con el tiempo, lo que aumentó su eficacia en la formación de hielo.
Utilidad de las capacidades fúngicas
Estas presentan características que las diferencian de las bacterianas. No son parte de células completas y se disuelven en agua, lo que facilita su uso en distintos campos. Uno de los más importantes se encontraría en la modificación del clima mediante la siembra de nubes.
Actualmente, este procedimiento utiliza yoduro de plata como agente nucleador, un compuesto eficaz pero considerado tóxico. Frente a ello, las proteínas surgen como una alternativa más segura.
“Si aprendemos a producir suficiente cantidad de esta proteína a bajo costo, podríamos introducirla en las nubes y hacer que la siembra de estas sea mucho más segura”, afirmó Vinatzer.
Más aplicaciones en la ciencia
Estas moléculas también podrían emplearse en la industria alimentaria y en la criopreservación de materiales biológicos. Por ejemplo, permitirían mejorar la producción de alimentos congelados al ofrecer un mayor control en la formación de hielo, así como optimizar la conservación de tejidos, óvulos, espermatozoides y embriones. Además, podrían contribuir al perfeccionamiento de técnicas médicas que requieren bajas temperaturas, donde la estabilidad celular resulta clave.
“Agregar un nucleador de hielo fúngico permite que el agua se congele antes y proteja las células sensibles”, indicó el investigador. Este avance resulta difícil de lograr con bacterias, ya que implicaría introducir organismos completos.
Además, la presencia de estas proteínas en las nubes podría mejorar los modelos climáticos. Los científicos buscan determinar cuánta cantidad de estas moléculas existe en la atmósfera y cómo influye en la radiación solar y en los patrones de precipitación.