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Homenaje a César Lévano en el centenario de su nacimiento

El pasado lunes 23 de marzo, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos le rindió un homenaje a César Lévano (1926-2019) al otorgarle el grado de doctor honoris causa póstumo “en reconocimiento a su trayectoria ética y a su aporte al periodismo y a la formación de nuevas generaciones de comunicadores”. El discurso de honor estuvo a cargo del poeta y académico Marco Martos. Lévano enseñó en San Marcos desde 1980 hasta el 2016.

Solo lo vi una vez. En el marco del evento El ensayo como problema, que se llevó a cabo en la Casa de la Literatura Peruana en el año 2017, en donde se le rindió homenaje. Quise acercarme a saludarlo, pero siempre me ha abrumado la multitud y en aquella ocasión muchísima gente le mostró su cariño. De César Lévano, de sus cualidades y tránsito vital, me habló mucho mi gran amiga Charlotte Burenius, quien lo estimaba bastante.

La mejor manera de conocer a los hombres y mujeres que dejaron huella es leyendo sobre ellos. En este sentido, recomiendo el libro Rebelde sin pausa (Altazor) del escritor y periodista Paco Moreno.

Estamos ante una entrevista biográfica que intenta poner en primer plano la épica vital de Lévano, una épica por demás marcada por el esfuerzo, la convicción y una apuesta férrea por la verdad. A medida que vamos conociendo a Lévano, nos preguntamos por qué las nuevas generaciones de periodistas no lo conocen; es decir, nos referimos a un conocimiento que vaya más allá de lo nominal.

En realidad, la vida de Lévano fue ejemplar. Su vida es la metáfora de la superación de las carencias que tuvo que sortear desde niño. Su formación intelectual la llevó a cabo por cuenta propia, bajo un genuino afán de conocimiento, pero en la línea de lo que Octavio Paz llamaba la sabiduría generosa, es decir, aquella que se comparte; y vaya que Lévano compartió sabiduría toda su vida. Esa actitud, que nace de uno mismo, no pasó desapercibida. Por eso Lévano, a siete años de su partida, continúa siendo admirado y recordado, principalmente por quienes fueron sus alumnos.

De niño trabajó como canillita; sin embargo, en una nefasta mañana fue atropellado por un vehículo conducido por un militar en estado de ebriedad. A causa de este accidente se le tuvo que amputar la pierna izquierda. Además, desde muy joven nutrió un compromiso social que lo llevó a ser un incómodo activista político, por lo que pasó más de una vez por la cárcel (en la época de Odría estuvo en El Frontón y en El Sexto). En el periodismo destacó por su acervo cultural; a saber, Lévano dominó cuatro idiomas que aprendió a punta de ganas y mucho estudio, sin pasar por aula alguna.

Pues bien, lo que resalta en Rebelde sin pausa es la entereza moral de Lévano. Jamás se prestó a ser comprado o alquilado como periodista. Como hombre de prensa consciente de su oficio, sabía que la opinión de uno, estuviera o no equivocado, era un privilegio. Lévano llevó ese privilegio a los extremos por la sencilla razón de que era lo que le correspondía en su calidad de periodista. Ese es un legado de Lévano, la coherencia, que no solo se legitima en el periodismo, sino igualmente en la vida.

En el año 2012, Lévano publicó el libro Diálogos desde la historia. Entrevistas en el fondo oculto de dos siglos (Universidad Garcilaso de la Vega), el cual todavía es posible encontrar en librerías. Esta es una selección de entrevistas. Más bien es un puñado de las muchas que hizo, a intelectuales, políticos y escritores. En sus planteamientos es posible detectar la confluencia de la voracidad lectora con la curiosidad. Al respecto, sugiero la nota sobre el poeta Juan Gonzalo Rose, “Juan Gonzalo Rose. Caminata de ascenso”. De lo mucho que leía, Lévano tenía una preferencia particular por la poesía.

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