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El Rey: «La transparencia fortalece la calidad de nuestras democracias»

Abc.es 
La primera Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro se cerró con un coro de voces contra la oscuridad del idioma en la burocracia, la judicatura, la economía, la filosofía y demás ámbitos que han hecho del tecnicismo un muro, casi una trinchera. Académicos de diferentes partes del mundo (de Puerto Rico a España, pasando por Estados Unidos, Perú, México, Chile…) citaron a los clásicos para defender la legibilidad del discurso por encima de todas las cosas. Se apoyaron en Quintiliano, Cervantes, Machado, Ortega, Borges para repetir lo que ya habían postulado el primer día: la claridad es un derecho de los ciudadanos, una obligación del Estado. No solo eso. «Se ha consolidado un nuevo derecho constitucional. El derecho a comprender es el más elemental e imprescindible de los derechos, pues sin este no se puede ejercer cualquier otro», sentenció Santiago Muñoz Machado, director de la RAE. El Rey, que presidió la clausura del acto, asintió y afirmó: «La del lenguaje claro es una iniciativa para el mejor funcionamiento de las instituciones, de la gobernanza, de la convivencia y de la realización de los derechos cívicos». Noticia Relacionada estandar Si La odisea de entender lo que dice el Estado: «El lenguaje claro es un derecho» Bruno Pardo Porto Antes, Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, leyó con pasión el pasaje de la 'Rayuela' de Cortázar escrito en glíglico: «Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes...» Celorio acabó diciendo: «Claro, ¿verdad?» Muñoz Machado le siguió el guiño: «Ni se pretende cambiar el lenguaje técnico de los profesionales, que es imprescindible para su trabajo, ni evitar la oscuridad del juego literario que así lo pretende». Esto, vino a afirmar, es otra cosa: un cambio en la comunicación de los poderes con los ciudadanos. El movimiento por el lenguaje claro, además, no solo afecta a lo público, sino también a lo privado. Los sectores de interés general, como el de la alimentación o los medicamentos o la protección de datos o los servicios financieros, también tienen la obligación de ser claros con sus clientes. Por supuesto, prosiguió el jurista, los textos generados por inteligencia artificial han de ser sometidos a las mismas exigencias. «Otro gran fenómeno que ha afectado a las políticas de lenguaje claro está relacionado con la igualdad de género», señaló Muñoz Machado. «El problema es real y la búsqueda de soluciones está muy justificada. Nosotros hemos modificado intensivamente el Diccionario para eliminar muchas definiciones hechas en tiempos históricos en los que no tenía la misma valoración social que hoy del sexo femenino (...) Pero no podemos correr el riesgo de imponer formas lingüísticas que los ciudadanos no aceptan ni diferenciar el lenguaje usual del lenguaje políticamente correcto». Como broche de la convención, el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez presentó una guía editada por la RAE que aspira a ser la biblia del movimiento claro, una referencia para todos aquellos que aspiren a que los ciudadanos les entiendan mejor. Tal y como explicó, en sus páginas se enumeran y desgranan los problemas de la oscuridad del discurso y propone soluciones para evitar que un texto se vuelva opaco y farragoso. Puso como ejemplo la neolengua de los políticos, las laberínticas facturas de la luz o los intrincados contratos de servicios. Gutiérrez Ordóñez acudió a Claudio Rodríguez para despedirse: «Siempre la claridad viene del cielo; / es un don: no se halla entre las cosas / sino muy por encima (...) El milagro es posible, porque tenemos palabras». Pero las últimas palabras fueron del Rey: «Las conclusiones de esta convención servirán a todos los poderes públicos y entidades que prestan servicios de interés general para mejorar la transparencia de sus programas y actuaciones, lo que contribuirá sin duda a fortalecer la calidad de nuestras democracias».

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