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“No me ampute las piernas, las necesito”

La fría noche del 14 de abril de 1912 marcó un antes y un después en la vida de muchos pasajeros que estaban a bordo del RMS Titanic y también en la de Richard Norris Williams II. Indestructible e invencible eran algunos de los calificativos que recibió el transatlántico. Pero quizás deberíamos aplicar estos adjetivos a Richard. Su impresionante racha de actuaciones en campeonatos de tenis en los años siguientes es testimonio de su increíble resiliencia.

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