Por una televisión pública de calidad
El c oncepto de servicio público es asociado en el imaginario colectivo con un conjunto de actividades y prestaciones ejercitadas por el Estado a través de sus diversas Administraciones públicas con el objetivo de la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. En este sentido, la regulación de la televisión pública de titularidad estatal en la Ley 17/2006, la configura como servicio público vinculada a la idea de una programación de calidad y el fomento de la producción española y europea. Debemos reflexionar sobre esta actividad audiovisual financiada con casi 1.200 millones de euros de los presupuestos públicos , en un sistema audiovisual con más de 25 canales en abierto (sin contar con las televisiones autonómicas), con los usuarios de las plataformas de pago en constante aumento (95,6% de la población española según datos de Barlovento), y una juventud que ha sustituido la televisión por las RRSS como principal medio de entretenimiento. Hace ya 26 años, en mi libro 'El servicio público de televisión ante el siglo XXI', me planteaba la justificación de una televisión pública, concluyendo que sólo tendría sentido si proporcionaba contenidos complementarios y de calidad a lo ofertado por el resto de los canales generalistas, criterio fortalecido ante el aumento de actual oferta audiovisual. Ofrecer el mismo producto televisivo que el resto de los operadores privados es, a mi juicio, emplear de forma ineficiente los presupuestos públicos, al margen de un cuestionable caso de competencia desleal sostenido por ayudas públicas de difícil justificación. A no ser, que empleemos la televisión pública como instrumento propagandístico, cuya tendenciosidad no se reduzca ya a los programas informativos, sino que actúa de forma transversal en toda la programación, especialmente en los programas de entretenimiento y en la ficción, donde las prevenciones y barreras ideológicas decaen. Por tanto, la televisión de todos los españoles sólo tendrá sentido cuando responda a una programación plural e independiente, refleje nuestra rica tradición cultural, sea respetuosa con los valores y principios de todos los españoles, emplee el inmenso y experimentado capital humano de que dispone, priorice a las familias y a los jóvenes como destinatarios, y sirva al interés común respondiendo a su función de servicio público.