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Mamdani y el reto de gobernar para las mayorías

La llegada de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York inaugura un momento político nuevo para la democracia contemporánea. La capacidad de gobernar para las mayorías en contextos urbanos atravesados por pobreza, inseguridad y polarización es un reto en un contexto de revolución de la información que recién empieza.

Desde el inicio de su mandato, Mamdani ha optado por un lenguaje afirmativo. Al interrogarse sobre la pertenencia de la ciudad, propone una reapropiación cívica del espacio urbano como bien común. Nueva York aparece, en su discurso, como una comunidad política viva, sostenida por quienes trabajan, migran, cuidan y resisten las formas cotidianas de exclusión.

El desafío que enfrenta no es ajeno a otras latitudes. En Lima y en numerosos gobiernos regionales del Perú, la política ha mostrado una brecha persistente entre la intensidad retórica de la campaña y la densidad real de la gestión. Promesas de transformación como convertir una ciudad en “potencia mundial” conviven con políticas erráticas, baja ejecución presupuestal y una débil traducción de las prioridades sociales en obras y servicios que incidan en la vida diaria de las mayorías urbanas.

Mamdani gobierna en un escenario distinto, pero enfrenta un dilema comparable: convertir una coalición electoral amplia y heterogénea en una experiencia concreta de gobierno. Su apuesta por políticas universales expresa una voluntad de alinear el aparato estatal con las necesidades más urgentes de quienes soportan los costos del orden urbano. Esa voluntad eleva las expectativas y, al mismo tiempo, redefine los estándares de evaluación política.

Gobernar para las mayorías implica priorizar, coordinar y ejecutar con coherencia, sin renunciar a la ambición transformadora. Implica también pedagogía pública, para que la ciudadanía reconozca en las políticas no solo beneficios inmediatos, sino horizontes compartidos.

Nueva York vuelve a operar como laboratorio político. Esta vez, no como vitrina de consensos cómodos, sino como escenario de una pregunta sustantiva que otras ciudades del continente aún formulan de manera incipiente: cómo articular una narrativa de justicia social con una práctica gubernamental capaz de modificar las condiciones materiales de existencia.

Mamdani parece encarnar esa posibilidad. Su gestión pondrá a prueba la idea de que gobernar para las mayorías constituye, además de promesa de campaña, una forma exigente y concreta de ejercer el poder democrático.

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