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Parque Marino Las Baulas: un desastre de conservación

Hasta hace pocos años, Costa Rica se distinguía por ser un país líder en la conservación de la biodiversidad y la recuperación de sus bosques. Este esfuerzo se inició con la creación de áreas protegidas en los años 70, impulsadas por dos visionarios: Álvaro Ugalde y Mario Boza. El esfuerzo por conservar los recursos naturales avivó el interés de turistas extranjeros por visitar un país verde y hasta creamos toda una industria turística basada en la conservación de los recursos naturales.

Costa Rica tiene varias categorías de manejo de áreas protegidas, que incluyen parques nacionales, refugios de vida silvestre y reservas biológicas, para mencionar algunas. En cada categoría se permiten diferentes actividades de uso por parte del ser humano, pero todas tienen en común la conservación de recursos ecológicos y culturales únicos en el país. Por ejemplo, un parque nacional debe ser un área poco alterada por el ser humano, designada para proteger recursos únicos de alto valor ecológico y permite el uso público en áreas escogidas para tal efecto. También aprueba actividades como la investigación científica y el disfrute de la naturaleza en general.

Lamentablemente, el país parece haber perdido el rumbo en el tema de la conservación de los recursos naturales. Con tristeza observamos el abandono de las áreas silvestres protegidas, que, a pesar de recibir una enorme cantidad de turistas, no cuentan con la asignación presupuestaria o personal para su protección. Vemos algunas áreas utilizadas para el almacenamiento y trasiego de drogas, para extracción de oro o para la extracción ilegal de otras riquezas.

Sin ningún tipo de control

Recién visité el Parque Marino Las Baulas, localizado Santa Cruz, Guanacaste. Este parque se creó con el objetivo de proteger sitios de anidación de la tortuga baula, especie en peligro de extinción. Sin embargo, las poblaciones de estas tortugas han disminuido enormemente debido a factores como la pesca incidental y el mal manejo de uso del parque por parte del ser humano. Ese parque también protege sitios de anidación de otras especies como las tortugas lora y verde y, además, posee poblaciones de monos aulladores y carablanca, entre otras especies.

Me llamó la atención la gran cantidad de construcciones de casas dentro del parque. Me pregunto cómo han podido los propietarios de esas infraestructuras haber obtenido los permisos de construcción dentro de un área protegida. ¿Qué ha hecho y dónde han estado la Setena, la Municipalidad de Santa Cruz y el Área de Conservación Tempisque? ¿Por qué han permitido un desarrollo ilegal dentro de un parque nacional? Vemos con pena como se ha convertido en el mejor ejemplo de abandono de las áreas protegidas. Allí se puede constatar que no hay control de ningún tipo, que se permiten construcciones ilegales, mascotas y vehículos de motor circulando en la playa dentro del parque, con la total inoperancia de las autoridades encargadas de su protección.

No todo es negativo, es importante mencionar el esfuerzo de organizaciones locales e internacionales como The Leatherback Trust, que han luchado durante 25 años o más por la conservación de esta área protegida. Entiendo la frustración de los guardaparques que allí trabajan, que notan cómo se rellena el manglar para dar paso a más construcciones, y cómo muchas de las especies de fauna allí presentes han disminuido de forma considerable en los últimos años.

Desde los años 70 Costa Rica decidió conservar los principales ecosistemas y convertirse en un país verde. No podemos ser tan hipócritas de seguir hablando de conservación para atraer turistas, cuando dejamos que nuestras áreas protegidas sean víctimas de la falta de recursos y la voluntad política para su conservación. Estamos perdiendo lo que nos ha costado construir en términos de conservación de nuestros recursos naturales en los últimos 50 años. Es hora de actuar y exigir que nuestro patrimonio natural, base de la vida del ser humano, sea conservado para las generaciones presentes y futuras.

Eduardo Carrillo es académico ad hoc del Instituto Internacional de Manejo de Vida Silvestre de la UNA.

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