Trump y su imprudente operación en Venezuela
Donald Trump desde hace tiempo manifestó su interés por intervenir en Venezuela. A finales del año pasado, su administración desplegó una armada en el Caribe, bombardeó pequeñas embarcaciones a las que acusaron de transportar drogas a Estados Unidos, impuso algo similar a un bloqueo naval y se apoderó de buques petroleros venezolanos. Al mismo tiempo, intensificó una campaña de relaciones públicas para justificar la acción, argumentando que el presidente Nicolás Maduro era un líder ilegítimo que presidía un “cartel del narcotráfico”.Así que, el ataque de EU contra el Estado represivo, rico en petróleo, y la captura de Maduro y su esposa, si bien extraordinarios, no fueron una sorpresa total. Lo que sí fue sorprendente fue la naturalidad con la que Trump anunció después que Estados Unidos, por ahora, va a “dirigir” Venezuela, y su descarada declaración de que las compañías petroleras estadunidenses “entrarán” y se harán cargo de la industria petrolera. Esto, posiblemente más que cualquier otra cosa hasta ahora en su agitada segunda presidencia, personifica la naturaleza arrogante y egoísta de EU bajo el gobierno de Trump. Los críticos de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003 solían argumentar, con cierta inexactitud, que “todo giraba en torno al petróleo”. Sin embargo, esta intervención parece tener mucho que ver con el petróleo; Venezuela posee las reservas más grandes del mundo.Al comienzo del segundo año del segundo mandato de Trump, su mensaje es claro: Estados Unidos no solo se siente ajeno a las sutilezas de las normas y el derecho internacionales posteriores a 1945, sino que intervendrá prácticamente a voluntad en su propio hemisferio, y puede que también en otros lugares. La flagrante violación de la soberanía de un importante estado sudamericano envía una señal desoladora al resto del mundo. Va a reforzar la convicción en todo el mundo, y cada vez más entre los aliados de Estados Unidos, de que la nación no solo es hipócrita, sino que Trump está dispuesto a dar ejemplo al presidir un mundo donde la fuerza es la razón. No hubo ningún intento de obtener la aprobación del Congreso para la acción, ni siquiera de buscar apoyo en la ONU, por muy condenado al fracaso que hubiera sido.Los autoritarios se sentirán alentados por el comportamiento de Trump. Puede ser simplista argumentar, como lo hacen algunos críticos del líder estadunidense, que esto envalentonará a China frente a Taiwán. Pero no cabe duda de que, por ejemplo, dificultará aún más que Occidente consiga apoyo en el sur global contra la invasión rusa de Ucrania. En cuanto a Venezuela, pocos lamentarán el fin del gobierno de Maduro pero, por desgracia, Trump parece tener poco interés en lo que suceda allí después.Durante más de un cuarto de siglo, Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, dirigieron un sistema brutal y corrupto. La economía se desplomó. Los líderes de la oposición huyeron a través de las fronteras, al igual que hasta 8 millones de venezolanos. El derrocamiento de una tiranía siempre es arriesgado, independientemente que sea desde el interior o desde fuera, y la operación para detener a Maduro parece haber sido un ejemplo clásico de planeación y ejecución. Muchos venezolanos esperan que sea un punto de inflexión después de años de miseria.Sin embargo, no está claro que la Casa Blanca tan siquiera tenga el deseo de un cambio radical de régimen. Maduro presidió una camarilla corrupta, respaldada por el ejército, que aún se mantiene en el poder. Muchos en la oposición ya temen que el “nuevo” orden sea muy similar al anterior, solo que con una cara diferente. En una conferencia de prensa triunfalista, Trump desestimó con ligereza a la Premio Nobel de la Paz y líder opositora María Corina Machado, al calificar que tiene una falta de apoyo. No mencionó nuevas elecciones ni a Edmundo González Urrutia, al que ampliamente se considera como el verdadero ganador de la fraudulenta contienda presidencial de 2024.EU aprendió a costa suya en las últimas décadas los peligros de derrocar a tiranos sin un plan para el día después. Da la impresión de que vuelve a hacer lo mismo. Al perseguir su agenda de “Estados Unidos Primero”, un Trump arrogante parece impasible. El país norteamericano y el mundo van a lamentar su última muestra de imprudencia.