El sector financiero: termómetro de la confianza en 2026
En Estados Unidos se ha observado una ola de fusiones entre bancos regionales, impulsada por la necesidad de fortalecer balances, ganar escala y responder a un entorno más exigente. El sector financiero ofrece un termómetro relevante y México comienza a mostrar señales similares.
Operaciones como la inversión de Fernando Chico Pardo en Banamex confirman el regreso de transacciones financieras de gran tamaño y evidencian que existe apetito por activos estratégicos, siempre que las condiciones de certidumbre sean razonables.
Este movimiento no es aislado. Forma parte de un contexto más amplio en el que 2026 se perfila como un año decisivo para la economía mexicana y su posicionamiento en el tablero global de inversión, fusiones y adquisiciones (M&A) y comercio internacional. La recomposición de las cadenas de valor donde EU busca reducir su dependencia de China, la gradual normalización monetaria y el retorno de grandes operaciones corporativas a nivel mundial han reactivado la movilidad del capital.
Mientras en Estados Unidos la actividad de M&A registró en 2025 una recuperación cercana al 49% frente al año previo, en México el número de transacciones cayó alrededor de 36.5%. Esta divergencia no responde únicamente al ciclo económico; refleja un entorno de cautela, decisiones postergadas y, en algunos casos, la redirección del capital hacia jurisdicciones con mayor previsibilidad institucional y regulatoria. El mensaje del mercado es claro: el capital sigue interesado, pero es cada vez más selectivo.
Aun así, sería un error interpretar esta contracción como una pérdida definitiva de atractivo. Desde la segunda mitad de 2025 comenzaron a reaparecer los llamados mega-deals, operaciones de gran escala que habían estado prácticamente ausentes del mercado mexicano, incluso con la participación de jugadores que tradicionalmente no intervenían en este tipo de transacciones. En el ámbito nacional, el anuncio de la posible creación de una controladora entre Viva Aerobús y Volaris se inscribe en esta nueva etapa. Más allá de su impacto en el sector aéreo, esta operación pondrá a prueba a la nueva Comisión Nacional Antimonopólica. Su resolución será observada con atención por el mercado, ya que de ella dependerá buena parte de la percepción sobre la capacidad del Estado mexicano para regular con criterios técnicos, independencia y alineación con estándares internacionales.
Desde una perspectiva sectorial, el dinamismo global se concentra en tecnología, inteligencia artificial, energía e infraestructura. México participa de esta tendencia de manera parcial y mantiene una fuerte concentración en manufactura, ingeniería y servicios financieros, impulsada por el fenómeno del nearshoring. Esta especialización sigue siendo una ventaja competitiva, pero su sostenibilidad dependerá de políticas públicas que faciliten la inversión y reduzcan la incertidumbre regulatoria.
La reducción de las tasas de interés a nivel global ha sido un catalizador adicional. El acceso a financiamiento, incluida la emisión de deuda, está facilitando operaciones de gran escala y abre una ventana de oportunidad que México no puede desaprovechar. No obstante, el capital es particularmente sensible a la certidumbre jurídica, la estabilidad institucional y la previsibilidad de las reglas del juego.
En este contexto, los anuncios recientes del gobierno mexicano en materia de energía e infraestructura pueden interpretarse como señales positivas. Se espera que la inversión pública se reactive, representando también una oportunidad para inversión privada. La firma de los primeros contratos mixtos de Pemex y la iniciativa de la Ley de Inversiones Mixtas para el Bienestar reconocen una realidad ineludible: el Estado no cuenta con los recursos suficientes para financiar por sí solo la infraestructura que el país requiere. La participación del capital privado será indispensable.
La renegociación del tratado comercial de América del Norte será otro momento crítico. El T-MEC sigue siendo la columna vertebral en materia de tratados internacionales para México, pero no es el único. México puede usar la gran red de tratados internacionales de los que es parte para amortiguar las presiones que sufrirá como parte de la renegociación del T-MEC. Más allá del ruido político inevitable, la renegociación del T-MEC representa una oportunidad estratégica para reforzar el mensaje de integración regional y vocación exportadora. La tasa arancelaria neta de México es positiva si se compara con la de otros países, principalmente de Asia, y México debe aprovechar también ese beneficio. El riesgo es evidente: si México no envía señales claras y consistentes de certidumbre, el capital encontrará alternativas.