«Pingüinos se mete en las entrañas»
«Venimos desde hace muchos años. Pingüinos se te mete en las entrañas». Quien habla es Anabela. Es portuguesa. En concreto, de Castelo Branco, un pueblo a poco más de una hora de la frontera extremeña. Pertenece al club motorista 'Tuku-Tuku'. Han montado el campamento nada más acceder a la campa de la Antigua Hípica Militar. Lleva viniendo a Pingüinos desde 2005, aunque las obligaciones familiares le impidieron hacerlo durante unos años. Motera desde hace mucho tiempo -le contagió la afición su hermano-, retomó la costumbre en 2010. De la concentración vallisoletana, la mayor de Europa en invierno, se queda con «el compañerismo y las vivencias». Lo dice junto a una hoguera. Es la única que se ha despertado del grupo, a pesar de que casi son las 11 de la mañana. «¡La Nochevieja pingüinera fue muy larga!», comenta riendo. El termómetro marca dos grados y el cielo está despejado, pero aún se nota la helada de esta noche: «No ha sido el año que más frío hemos pasado. Les ha habido mucho peores», comenta. La noche fue muy larga y a las 10.00 horas el campamento base de Pingüinos comienza a desperezarse. Aún así, es un continuo rugido el que se escucha. En la infinita cola para recibir su desayuno pingüinero se encuentran Raúl Tejerina y Jonatan Peña. Avanzan lentamente pero no les importa. Pertenecen al club Curvavila Moto, de la capital abulense, y acaban de llegar esta mañana. Han llegado esta mañana para participar de las actividades del sábado, entre ellas el 'Desfile de banderas' que tiene lugar a media mañana. Lo que más les gusta es «encontrarnos con la gente que no vemos desde hace un año». No se quedan a dormir «porque se tarda muy poco desde Ávila», pero aprovecharán todo el día para disfrutar de Valladolid. Casi una hora más tarde la cola para recoger el desayuno sigue siendo prácticamente la misma. La fiesta de anoche se prolongó a altas horas y se nota. Aunque según Cosme, barcelonés, no es lo que era. «Aquí anoche había pocas motos», dice señalando los alrededores de su campamento. Cree que ya muchos aficionados prefieren la comodidad de los hoteles. Además, este año ha notado «peor organización». Le gustaría que el acceso a los servicios -establecimientos, baños, etc.- estuvieran más repartidos y no solo concentrados en una zona. Es una de las peticiones que le haría a la organización de cara a mejorar . Aún así, «es muy bonito todo esto», dice sobre el ambiente que allí hay. No tiene intención de participar en los desfiles de moteros que habrá este sábado -el de banderas a media mañana y el de antorchas por la noche-: «Se hace muy pesado y hay gente que no tiene cuidado. Es peligroso». Prefiere disfrutar de la campa. Viene solo y aunque él es más tranquilo, se ha juntado este año con un grupo al que le gusta mucho la fiesta y al que bien entrada la mañana se le nota los estragos de la pasada noche. Miguel, en cambio, llegó hace unos días con gran parte de su familia. Proceden de Villarreal (Castellón) Se juntan en la campa «unos quince», con niños incluidos, que mientras hablamos corretean alrededor. Se reparten entre tiendas de campaña y una caravana que dejan a escasos metros. Es de los veteranos. «Llevo 40 años viniendo». ¿Lo que se lleva cada año? «las rutas, las paradas que hacemos, las charlas... Aquí se hace peña y es lo bonito», sostiene, coincidiendo con Cosme en que «falta un poco de organización» en cuanto a los servicios. Aún así, no lo cambiaría por ningún hotel. «Aquí dormimos, aquí comemos, aquí jugamos...», aunque no falta alguna escapada a la capital vallisoletana, donde siempre aprovechan a ir al mismo restaurante en el Paseo de Recoletos. Lo reservaron hace tres meses. Allí se sitúa la meta del Desfile de banderas y «tenemos unas vistas privilegiadas». A las 13.00 horas, el citado paseo vallisoletano e s un bullir de motoristas, curiosos, familias... Todavía están llegando algunos de los 'pingüinos' que han participado en el desfile, pero apenas cabe ya una vehículo mas. La céntrica arteria vallisoletana situada junto al Campo Grande, pulmón del casco histórico, se ha convertido en la mayor sala de exposiciones para los amantes de las dos ruedas: Kawasaki, Ducati, BMW, Honda, Suzuki... Urbanas, deportivas, de trail, scooter, clásicas... las hay de todo tipo. Tras el desfile, ha tenido lugar el recibimiento de las autoridades, entre ellas el alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero, quien ha celebrado que el tiempo está «favoreciendo» la concentración y ha destacado el »matrimonio único« entre los Pingüinos y la ciudad. También ha presumido de que en el resto del mundo «se ha acabado la Navidad menos en Valladolid, que se prolonga con Pingüinos». En el lugar apenas se escuchan las conversaciones por el rugido ensordecedor. Hay quienes aprovechan para hacer alarde de su vehículo y no dejan de darle gas mientras se agolpan los curiosos alrededor, con móvil en mano, para inmortalizar el momento. En el ambiente sobrevuela un olor a caucho quemado, que también ha dejado marcas en el suelo. Es el momento del almuerzo y se nota en las barras montadas en el entorno. Mientras, hay quienes prefieren ver la exhibición de Freesyle Motocross, con los pilotos Maikel Melero, José Mincha y Mario Lucas como protagonistas. Es el momento también de muchos encuentros. Amigos que se ven de año en año y que tienen esta concentración invernal como epicentro. Le ocurre al gaditano Juan, 'Titi' para los amigos. Él y su grupo llegaron el martes y la primera noche se les complicó porque aún no había leña en el campamento. «Pasamos mucho frío y además es que no podíamos comer porque lo que traemos es para hacer a la brasa». Con el problema subsanado, piden a la organización «que quiera» a sus incondicionales «un poco más». Son más de treinta años viniendo y ve que «ahora van más a hacer negocio que a otra cosa». Antes notaban más compadreo. También le gustaría que se innovara más en las actividades. Aún así, no se lo pierden: «Repetimos porque es nuestro punto de encuentro», sostiene mirando a un amigo vallisoletano que se ha unido a la conversación, con quien se encuentra cada año. Para Alexia, una joven de 20 años supone el debut. Pese a vivir en Valladolid no se ha querido perder la noche en el campamento base. Lo que más le ha gustado: «Conocer a gente y también encontrarse con amigos» que comparten afición, algo que a ella le transmitió su familia. Lo dice mientras se prepara para participar en el Desfile de Banderas. Apenas falta una hora para que arranque y está ilusionada. Está segura de que no olvidará su primera vez.