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Colonialismo, versión siglo XXI

'Política para supervivientes' es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es

Donald Trump está encantado con lo que ha conseguido en Venezuela en cuestión de días. “Fue un ataque perfecto. Nos hemos apoderado de todo un país. Nos hemos hecho con 4.000 millones en petróleo en un día. Y esa cifra va a aumentar”, dijo en una entrevista en Fox News. Estaba muy contento con el gran negocio que van a conseguir las empresas petrolíferas de EEUU y dio por seguro que el precio de la gasolina bajará en su país. Un negocio perfecto.

Podemos llamarlo el colonialismo de toda la vida, que Trump ahora relaciona con la Doctrina Monroe de 1823, aderezado con el estilo informal y absurdo de sus declaraciones. Como un niño al que los Reyes le han traído un barril de petróleo para él solo. Ni siquiera se puede decir que su tesis sea viable, incluso teniendo en cuenta sólo los intereses económicos de EEUU. “Nadie quiere ir allí cuando un puto tuit al azar (de Trump) puede cambiar toda la política exterior del país”, dijo al Financial Times un inversor en el sector de la energía. 

Hablamos de inversiones en el sector venezolano del petróleo, que está hecho una ruina, por valor de decenas de miles de millones de dólares en los próximos años, y eso sólo para que el país mantenga en los próximos años un nivel de producción como el actual de algo más de un millón de barriles diarios de crudo. Esa es una cifra muy inferior a los tres millones de barriles que extraía Venezuela hace 25 años. 

Trump quiere más. Más producción. Más beneficios para sus multinacionales. Su objetivo, tal y como lo ha declarado, es que Venezuela venda todo su petróleo a EEUU y su país se ocupará de venderlo a precios de mercado y de gestionar los ingresos a través de una cuenta que no se sabe dónde estará, porque aparentemente no estará en el Tesoro norteamericano. De ahí saldrá una cantidad que se devolverá a Venezuela. La empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha dicho que se trata de una transacción entre gobiernos “independientes”, que es como no decir nada. En ningún momento el Gobierno de Delcy Rodríguez ha afirmado que vaya a dejar de vender su petróleo a sus clientes habituales, entre los que está China.

Cuántas cosas han cambiado en Venezuela. En la práctica, ha dejado de ser un Estado soberano y ha perdido la capacidad de gestionar la que es la única fuente de ingresos del país. Hace sólo tres semanas, el ministro de Interior, Diosdado Cabello, dijo en su programa de televisión que “ni una gota de petróleo puede salir de aquí para los Estados Unidos si agreden a Venezuela”. 

Lo que no ha cambiado es la situación en la calle. Cabello se ha ocupado de aumentar la presencia policial en las ciudades, en especial en las zonas populares donde vive la gente con menos ingresos. “La ciudad está más silenciosa de lo normal. Hay una extraña sensación de que las cosas cambiaron para seguir igual. El Gobierno quiere transmitir normalidad, pero hay poca gente en las calles y nadie quiere hablar de temas políticos”, ha dicho un periodista de Caracas a El País. Nadie está seguro de lo que va a pasar y de hecho el Gobierno tampoco lo sabe. Quizá quiera ganar tiempo, pero no se atreve a desmentir a Trump, mientras continúa el bloqueo naval. Este viernes, fue capturado el quinto petrolero en la costa venezolana, uno que estaba sancionado por EEUU por su papel en el transporte de petróleo ruso. 

En una entrevista con este diario, José Natanson, director de la edición del Cono Sur de 'Le Monde Diplomatique' y autor del libro 'Venezuela: ensayo sobre la descomposición', afirma que Trump ha permitido seguir en el poder al chavismo, ahora debilitado tras el secuestro de Nicolás Maduro, “pero lo mantiene en pie porque son los únicos que pueden ejercer el control operativo del país”.

Por eso, María Corina Machado es, junto a Maduro, la gran perdedora de la crisis a corto plazo. La prioridad es el petróleo y para eso necesitas que el Estado siga funcionando. El Ejército continúa manteniendo su estructura de mando a diferencia de lo que ocurrió en Irak: “Los militares controlan los puertos y aeropuertos, la policía, la provisión de alimentos y gasolina, los barcos, los coches… son quienes tienen el control efectivo del país”.

Controlar no es sinónimo de decidir. Trump ha anunciado que Venezuela sólo comprará productos norteamericanos con el dinero que recibirá por la venta de su petróleo. Así es como se trata a las colonias. 

En la rueda de prensa en que anunció la captura de Maduro, Trump dejó patente dónde está su línea roja: “La dominación por América del Hemisferio Occidental no será cuestionada nunca más”. No cabe una definición más perfecta de imperialismo.

A la caza de Zapatero

No pasó mucho tiempo desde el secuestro de Maduro hasta que se supo que el Departamento de Justicia de EEUU había retirado prácticamente todas las referencias en el auto de procesamiento al Cártel de los Soles. Había inicialmente 32 en el texto original del auto de 2020, que tenía poco más de 25 folios. Quedaron en dos. Ese cártel de narcotraficantes no existe. Nunca apareció en los informes anuales de la DEA o de la ONU. Es un término del que se hablaba en los años 90 en los medios de Venezuela para denunciar la complicidad de mandos militares con grupos de narcos en las zonas costeras del país. 

Otras invenciones tendrán una esperanza de vida mayor, como las que utilizan el Partido Popular y algunos medios para relacionar a Zapatero con negocios corruptos en Venezuela. Escribí sobre esta teoría de la conspiración hace unos días. Recordemos que si no tienes pruebas o indicios serios sobre una acusación, no pasa de ser una teoría o un intento de difamar a un político. 

Este viernes, varios titulares contaban que un juez de la Audiencia Nacional había abierto diligencias previas sobre la querella del grupo ultra Hazte Oír contra Zapatero. El PP corrió a celebrarlo. Lo que hizo el juez fue pedir su opinión al fiscal sobre si se debe iniciar la investigación, que es un paso que aún no ha dado. Suele ocurrir cuando el juez no tiene muy claro si debe aceptarla.

En otros ámbitos, no es necesario andarse con tantos miramientos. Hay medios que no esperan a que haya querellas o pruebas. Les vale con inventarse tramas delirantes. Los que acusaban a Zapatero de ser un cómplice de la dictadura venezolana ahora lo colocan como colaborador necesario de Trump en la operación de las últimas semanas para deshacerse de Maduro. Pero, cuidado, lo ha hecho “en favor del chavismo”, que ha sufrido la humillación de ver secuestrado a su presidente, y de sí mismo, para “evitar una posible investigación contra él por parte de EEUU en el futuro”. 

La coautora del artículo de The Objective que sostenía esta tesis escribía que “confiar en que EEUU vaya a resolver el problema por nosotros es una apuesta muy peligrosa”. Es todo tan lamentable que hasta resulta gracioso. Pero qué puedes esperar de alguien que dice que “fuentes de la inteligencia venezolana” le han contado a ella en persona que hay un sospechoso de haber traicionado a Maduro, pero que no puede decir quién es. Qué te van a contar a ti los servicios de inteligencia de un país extranjero que funcionan como la policía política de un régimen y están dirigidos por gente bastante siniestra que no habla con periodistas extranjeros. A una periodista de un medio de derechas financiado con capital de personas de la oposición al chavismo. 

Es lo que se puede esperar de gente que decía hace un año que Pedro Sánchez estaba a punto de dimitir. Como maestros de la fabulación, no tienen precio. 

Camarada Ayuso

A efectos puramente cómicos, incluyo este tuit de la conocida dirigente chavista Isabel Díaz Ayuso que en 2015 –por entonces, era asesora de nivel bajo de Esperanza Aguirre– manifestó su adhesión a la revolución bolivariana. Es eso o era un ejemplo de análisis sofisticado a la una de la madrugada. Lo han rescatado estos días en redes y supongo que no se conocía porque se equivocó al escribir la palabra 'Venezuela'. 

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