iRobot y su muerte anunciada
¿De quién es la culpa del fracaso de la empresa iRobot? ¿fueron errores en el manejo de la compañía o es que realmente la mataron los reguladores de competencia? ¿Están conscientes las autoridades en esta materia que sus decisiones afectan el ecosistema emprendedor?
iRobot, el creador de las aspiradoras Roomba, entre otros productos, anunció a fines del año pasado que se encontraba en insolvencia y que a través de un concurso mercantil (Chapter 11), sus acreedores tomarían control de la empresa, terminando así con una historia de crecimiento y éxito de sus fundadores. Varios expertos culpan a las autoridades de competencia de Estados Unidos y Europa por este triste desenlace.
Durante muchos años las aspiradoras autónomas Roomba fueron el producto de casa más futurista que se podía adquirir. Se vendieron millones por varios años y aprendimos que no había que sacar la ruidosa “rainbow” para limpiar la casa. Pero iRobot no solo fabricaba esas famosas aspiradoras, era una empresa americana que cotizaba en el Nasdaq y que fue fundada por ingenieros del MIT que llegó a diseñar robots para exploración espacial y defensa militar, entre otros productos. Ésta fue por muchos años el ejemplo de una empresa para el futuro.
Ante las crecientes necesidades de financiamiento y la necesidad de salida de algunos inversionistas, en 2022 los accionistas de la empresa anunciaron la intención de venderla a Amazon. El plan ayudaría a mejorar los planes de innovación y el desarrollo de nuevos productos. Por la naturaleza de la operación, esta compraventa requirió la autorización previa de las principales autoridades de competencia del mundo. El enorme escrutinio de las autoridades por año y medio, resultó en mayores problemas financieros y finalmente en 2024, Amazon tuvo que abandonar sus planes de adquisición.
La mayoría de los expertos señalan a la Comisión Europea por su exagerada revisión del caso y sus supuestamente infundadas preocupaciones como las culpables de la fallida adquisición. Pero en el caso de Estados Unidos, la autoridad de competencia (Federal Trade Commission) realizó un escrutinio similar y generó cuestionamientos que fueron los que dieron la puntilla a la operación.
El abogado general de Amazon describió este caso como uno de “libro de texto” donde los reguladores pierden de vista el bosque por observar las hojas que resultó en la perdida de una empresa innovadora, trabajos bien remunerados y propiedad intelectual. Uno de los fundadores de la empresa lo resumió de manera muy clara al decir que es fácil que la innovación fracase cuando se le niega la oportunidad de escalarla y crecer.
A la empresa le acabaron de afectar los temas de los aranceles y la competencia china, pero a pesar de estos factores el tema central permanece: los reguladores de competencia han adoptado una creciente desconfianza con las grandes empresas, en especial las tecnológicas y todo lo que puedan adquirir. Las empresas están teniendo que abandonar adquisiciones que incluso generan innovación y mejores condiciones en los mercados ante el miedo de procesos largos y costosos de autorización. No es necesario que exista una negativa del regulador, el solo hecho de pasar años respondiendo preguntas y atendiendo preocupaciones de las autoridades es suficiente para acabar con una operación de este tipo. En muchos casos, los reguladores están perdiendo de vista el ecosistema completo, no se toman en cuenta jugadores novedosos e innovadores o la competencia extranjera y el análisis se centra en “fotos” de mercados que están cambiando rápidamente.
Las grandes empresas no se quedan sentadas. Están tomando alternativas que permitan obtener los beneficios de las relaciones con nuevos jugadores sin tener que pasar por este fastidioso escrutinio de competencia: el reciente esquema de licenciamiento que NVIDIA estableció con la empresa Groq es un interesante ejemplo. Estos nuevos modelos de operaciones empresariales pueden ser perfectamente legales, y el efecto perjudica finalmente a los reguladores en su misión preventiva. Esperemos que los reguladores identifiquen estos retos y aprendamos todos de estas experiencias para contar con una revisión acorde con la realidad de los negocios.