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Estadísticas de abstencionismo contienen un dato sorprendente

Las estadísticas sobre abstencionismo en Costa Rica contienen un dato sorprendente: el porcentaje de quienes no votan en la primera ronda electoral crece a mayor ritmo que el de nuevos electores que se suman al padrón.

Entre 2002 y 2022 el padrón electoral aumentó un 55,36%, cuando pasó de 2.279.851 ciudadanos a 3.541.908. Mientras tanto, en ese mismo lapso, el abstencionismo aumentó un 99,61%, al pasar de 710.433 personas que no acudieron a las urnas a 1.418.062.

La tendencia es clara, especialmente en las tres últimas elecciones presidenciales, y tuvo su punto más alto en el 2022, cuando se alcanzó un 40% de abstencionismo.

Además, en ese proceso la cantidad de abstencionistas creció por primera vez más que los nuevos ingresos al padrón: entre 2018 y 2022 entraron 219.579 personas al registro de electores y la cantidad de abstencionistas creció en 278.497.

La única excepción durante el periodo estudiado fue el 2010, cuando el abstencionismo descendió ligeramente, para después volver a crecer.

El fenómeno no es nuevo. Las elecciones de 1994, que llevaron a José María Figueres Olsen a la presidencia, fueron las últimas que registraron un abstencionismo menor al 20%: 18,9%. Ya para 1998 subió a 30% y no ha bajado desde entonces.

¿Qué factores han moldeado este fenómeno? ¿Por qué se caracteriza? ¿Qué poblaciones son más proclives a faltar a las urnas? ¿Se podrá elevar la participación electoral?

Para responder estas y otras preguntas, La Nación consultó con Hugo Picado León, director del Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED), del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE); con Carolina Ovares Sánchez, politóloga especialista en procesos electorales de la Universidad de Costa Rica (UCR); y con Juan Andrés Díaz González, investigador del Instituto de Estudios Demográficos (Idespo), de la Universidad Nacional (UNA).

Los tres coinciden en que este fenómeno es multifactorial, que no puede verse fríamente como “gente que no vota”, y que no se puede explicar por una sola causa.

“Es un error de base atribuir el abstencionismo a una sola causa. Aquella que dice ‘creció por el desinterés ciudadano’. Error, no solo por eso. O el que dice ‘el abstencionismo creció por el desalineamiento partidario’. Error, esa puede se una causa, pero no es la única. Es multicausal y ya esto genera un desafío para su análisis”, especificó Picado.

Díaz apuntó: “No puede hablarse de un solo perfil de abstencionista, porque hay varios grupos de abstencionistas, todos con características y motivaciones diferentes”.

Por ejemplo, hay un segmento al que él define como abstencionismo “duro”. “Son personas que más bien adquirieron el hábito de no ir a votar. Son mayores de 35 años que se han abstenido de forma recurrente, durante más de tres o cuatro elecciones, y a ellos es más difícil acercarlos al voto”, explicó.

Indicó que, por otra parte, hay un abstencionismo más flexible, en el que la persona toma la decisión de ir a votar o no, según las circunstancias.

Por su parte, Ovares señaló que no puede dejarse de lado el hecho de que las poblaciones quieren verse representadas en sus líderes.

“Lo que nos dice la literatura, lo que nos dicen los estudios, es que hay una crisis del sistema de partidos y un debilitamiento de la representación: quienes se están postulando no nos están representando. Y esta no es la única razón, pero sí una importante”, aseveró.

Tres momentos históricos del abstencionismo

Hugo Picado, del IFED, indicó que, desde la Constitución de 1949, hay tres momentos históricos que dividen al abstencionismo en tres etapas.

  1. La de la década de 1950, con un alto abstencionismo, que rondaba el 40%, porque varios líderes políticos, como Rafael Ángel Calderón Guardia o Manuel Mora, estaban en el exilio.
  2. Entre 1962 y 1994, cuando se consolida un bipartidismo con mucha capacidad de movilización y la participación electoral rondó el 80%, con un abstencionismo por debajo del 20%.
  3. A partir de 1998, cuando se da un salto al 30% de abstencionismo y comienza a oscilar en los siguientes procesos entre 30% y 35%.

Sin embargo, el periodo electoral del 2022 podría establecer una nueva etapa, aunque deben analizarse más factores en elecciones futuras.

Las elecciones del 2022 podrían estar marcando un hito, porque es la primera vez que alcanzamos un 40% de abstencionismo que nos devuelve a la década de 1950. Habría que ver con especial interés qué ocurre en esta elección, porque la del 2022 se dio en contexto de pandemia y eso pudo incidir en un aumento del 35% al 40% del abstencionismo.

“¿Cómo saber si eso influyó o no? Viendo el comportamiento de este año, así veríamos si fue efecto de la pandemia o una tendencia”, precisó Picado.

Juventud y abstencionismo

Una de las particularidades del abstencionismo es que impacta en forma diferente según la edad. Sin embargo, esta conducta resulta más evidente en dos grupos: las personas jóvenes y los mayores de 75 años.

En el caso de los ciudadanos menores de 30 años, el análisis realizado por La Nación indica que el abstencionismo aumentó en un 35,79% entre 2002 y 2022. Mientras, el porcentaje de personas de entre 50 y 64 años que no fue a las urnas creció un 25,26% en ese lapso.

De acuerdo con Juan Andrés Díaz, del Idespo, una de las razones por las cuales históricamente el voto joven es menor, es porque no se ha generado el hábito de ir a votar. “Como todo comportamiento social-político, el voto se aprende y se desarrolla con el tiempo”, precisó.

Sin embargo, las características son diferentes.

“Quienes fueron personas jóvenes en 1998, no son las mismas que los jóvenes en 2022. Vivieron esa etapa de la vida en épocas diferentes, son poblaciones diferentes en las que el abstencionismo no es igual”, destacó Díaz.

“Si a eso le sumamos que tenemos ahora sociedades más desencantadas con la política, el proceso de socialización que reciben estas personas jóvenes en sus hogares no los estimula a ir a votar, y por eso puede estar aumentando todavía más el porcentaje de personas jóvenes abstencionistas”, añadió.

Carolina Ovares, de la UCR, manifestó que también hay un abstencionismo silente, que no se ve en los números porque nunca llegó al padrón. Se trata de personas que cumplieron 18 años entre el 30 de octubre y el 1.° de febrero y no solicitaron la cédula a tiempo, y por ello no se registraron para votar en las primeras elecciones donde tenían edad para participar.

Según el TSE, para los próximos comicios hay 24.675 jóvenes que cumplirán la mayoría de edad antes de la fecha de la votación pero que no podrán participar porque no cumplieron el trámite respectivo.

Picado indicó que, en muchas ocasiones, se da que quienes se abstuvieron de jóvenes, luego dejan de hacerlo, porque se ve un aumento en la participación a partir de los 35 años.

Una muestra de lo anterior se vio en el proceso pasado. Mientras entre los menores de 30 años el abstencionismo fue del 44,47%, en la población de entre 50 y 64 años fue de diez puntos porcentuales menos: 34,76%.

Sin embargo, el director del IFED sostuvo que si las personas adquieren el hábito del voto desde jóvenes, es más fácil que sigan votando a lo largo de su vida.

En la otra población de mayor abstención, los mayores de 75 años, los motivos pueden ser otros, mencionó Picado, como los problemas de movilidad y de enfermedades que pueden alejarlos de las urnas.

El abstencionismo no es igual en todo el país

El abstencionismo ha crecido en todo el país, sin embargo, este no se comporta diferente en cada provincia o cantón.

Tradicionalmente, para elegir presidente y diputaciones se ha votado más en las provincias centrales (San José, Alajuela, Cartago y Heredia) y cantones urbanos, y menos en las costeras (Guanacaste, Puntarenas y Limón) y en los cantones rurales.

No obstante, Picado apuntó que la situación es diferente en las elecciones municipales, donde la participación en las costas es mayor que en el centro del país.

“Las zonas fuera de la GAM (Gran Área Metropolitana) tienden a tener un menor nivel de desarrollo y servicios públicos más ineficientes. Las personas, por lo tanto, se sienten menos conectadas con la gestión pública, con el Estado. Están más descontentas y eso aumenta el abstencionismo”, apuntó Díaz.

A lo largo de los años, en todas las provincias las mujeres votan más que los hombres. Un ejemplo es que, en 2022, a nivel nacional, las mujeres tuvieron un abstencionismo del 37,1%, mientras que el de los hombres fue del 43,01%.

“Esto es consecuente con la investigación doctoral de Ronald Alfaro (investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos, CIEP), que dice que la figura que más peso tiene es la madre. Una madre que convence de ir a votar es seguro”, destacó.

En las segundas rondas

El comportamiento en las segundas rondas es muy diferente al de las primeras rondas. A excepción del boletaje del 2018, en las demás el abstencionismo ha sido mayor.

“Las segundas rondas siempre aumentan el abstencionismo porque las personas no necesariamente se identifican con alguna de las dos opciones y por eso hay menos intención de votar”, aseveró Díaz.

Ovares recordó que la segunda ronda del 2018 (entre Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado), más bien tuvo una mayor participación que en la primera etapa. Para ella, esto pudo deberse a que hubo un tema que polarizó al país en esa elección ―el matrimonio igualitario―.

“En momentos de polarización las personas tienden a votar más”, resumió la politóloga.

Reducir el abstencionismo

El abstencionismo en ascenso es una característica vista en muchos países. Picado consideró que los organismos electorales han tenido poca eficacia para aplacar este fenómeno.

“Tenemos un papel leve. Podemos hacer campañas de llamado a la votación, extender medidas técnicas para establecer el voto en el extranjero o instalar juntas receptoras en hospitales, el sistema penitenciario y hogares de larga estancia. Esto no aumenta la participación”, destacó.

Por su parte, Ovares señaló que la participación en Costa Rica no aumenta pese a factores que facilitan el sufragio en comparación con otras naciones: se vota solo con la cédula, hay juntas receptoras en todo el territorio y las elecciones se realizan un día en que la mayoría de la población no trabaja.

Por ello, consideró que se trata de un problema complejo que no se soluciona buscando una única solución.

Indicó que deben tomarse en cuenta otras variables que no forman parte de un abstencionismo consciente, pero que sí suman a la estadística. Por ejemplo, las personas que no emiten su voto por enfermedad, por problemas de accesibilidad o incluso por viajes de última hora.

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