Callao, una jungla de creadores de contenido: «Estamos hartos del parque temático que tenemos organizado»
La estética impera en la madrileña plaza de Callao. Gran parte de los transeúntes que por ella discurren lucen el arreglo propio del que se sabe mirado, la preparación del que pasea frente al foco. Esa es precisamente la realidad en esta céntrica plaza, en la que multitud de cámaras aguardan al siguiente en hacerse viral. Los creadores de contenido han hecho de este espacio su escenario personal, creando abundantes y variopintos vídeos que publican en sus redes sociales y gracias a los que muchos logran vivir. No es raro atravesar Callao, durante una tarde de devoluciones de poco acertados regalos de reyes, y ser detenido por algún 'influencer' que solicita una rápida entrevista. Preguntan sobre amor, humor o cultura general en vídeos que pueden alcanzar millones de visualizaciones. Sin embargo, son muchos los que quieren pasear sin ser detenidos o grabados de improviso. «A veces escuchamos a gente pasando que dice 'estos son los tontos que hacen vídeos aquí', pero no pasa nada, es algo que ya hemos superado», cuenta uno de los aludidos. Este creador de contenido, que prefiere mantenerse en el anonimato, se autodenomina como nómada . Él viene y va, viaja y vuelve a Madrid. Cuando está en la capital, casi siempre acude a Callao, donde ve dos grandes ventajas: la localización y la constante afluencia de gente . «Nos paramos aquí y vemos como está la zona. Si está el ambiente apagado y no se para nadie, caminamos hacia la plaza de España o la Puerta del Sol. Lo importante es la persona, el fondo es lo de menos», sostiene. «Aquí vienen muchos turistas. Además, como está repleto de comercios, vienen muchos jóvenes a pasar el tiempo y ahí aprovechamos», cuenta otra creadora de contenido, también perteneciente al grupo de los llamados nómadas. Una gran parte de la gente que detienen acepta ser grabada. Él puede llegar a parar a unas cincuenta personas en una tarde , aunque el número varía dependiendo del clima. En tardes de frío y viento como esta, hay mucha menos gente dispuesta a ser entrevistada y su tiempo de trabajo es mucho menor. «Por educación, la gente se para. Una vez les explicas la idea a unos les conviene y a otros no. Muchos te dicen que sí porque quieren hacerse virales, pero luego hay gente que dice que esto no le gusta y se van», cuentan. Entre el grupo de los dispuestos, las edades rondan entre los 25 y 30 años . Los mayores también salen, pero no se prestan tanto para el cachondeo. Depende del tema, si hablamos de cultura se paran más que si es algo de humor», sostiene ella. La creciente cantidad de creadores de contenido que se concentran en el mismo espacio no solo se ha convertido en una molestia para los viandantes que no quieren ser grabados, también para su propio negocio. Aunque se conocen entre todos, hay diferencias en el trato. «Aquí se empezó de una manera, pero han puteado la plaza, la han rallado mucho», cuenta el joven, refiriéndose a la copia de los contenidos entre unos y otros. Aseguran que, si bien antes se pedía permiso a los creadores originales para imitar sus ideas, ahora ya no es así. «En concreto en esta plaza teníamos un código de lealtad que, como todos nos conocíamos, no nos copiábamos. Pero eso se rompió cuando empezó a llegar gente que agarró este espacio como comercio. Lo explotan tanto que todo lleva a ese problema», añade. Entre los jóvenes, son muchos los que reconocen a los 'influencers' que pasan allí las horas. «Ahora hay muchos más. Últimamente siempre hay alguien y mis hijos saben quiénes son», cuenta María José, detenida en esta plaza a la espera de su hija. Para ella, no son una molestia: ni busca su minuto de fama, ni nadie se lo ha prometido. Sin embargo, para los que frecuentan el lugar resulta más molesto. Desde la Asociación Vecinal Maravillas resaltan la exagerada cantidad de personas que, al margen de los creadores de contenido, se hace fotografías. «Estamos un poco hartos del parque temático que tenemos organizado. No solo de los 'influencers', también de las estructuras de marcas y promociones que instalan muchas veces en la plaza», cuentan desde la asociación. Su presidenta, Maribel Pizarroso, asegura que «ya no es normal. Son marabuntas, ya no tienes intimidad ». «Para cruzar la plaza te topas con una columna de gente haciéndose fotos, sobre todo en perspectiva con el edificio de Schweppes. No se puede pasar por ningún lado y, aunque soy muy respetuosa y no me gusta interrumpir, al final tienes que pasar por delante», relata Pizarroso. La emblemática plaza madrileña, entregada a la mirada digital.