Supervillanos y superhéroes en el mundo dana
El que fuese jefe de gabinete del entonces president Mazón, José Manuel Cuenca , podría dar fácilmente la imagen de un malvado de película. Su rostro anguloso, sus facciones duras, el cabello algo largo, la barba de unos días y una voz altiva cargada de cierta condescendencia podrían contribuir a ello. Pero lo cierto es que lo que parece terminar de convertirlo en villano es su cercanía al presidente Mazón. Así, no parece haber generado mayor sorpresa o indignación que Cuenca recibiera un pancartazo a la salida del juzgado tras finalizar su careo con la exconsellera de Justicia, Salomé Pradas . Ignoro en qué momento hemos asumido con naturalidad que una persona que acude al juzgado como testigo, protegida por varios guardias civiles, pueda recibir una agresión que, afortunadamente para todos (incluido el portador de la pancarta), no tuvo mayores consecuencias. Yo pensaba que, dado el sistema de protección que recibió Cuenca, menos mal que no era un testigo protegido de la mafia, porque entonces lo habrían acribillado sin demasiada dificultad. Me comentaba una persona de los cuerpos de seguridad del Estado que los agentes o bien no eran los más espabilados del cuartel o bien tenían órdenes de no intervenir. Ciertamente, no sé cuál de las dos opciones me gusta menos. El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, probablemente respiró aliviado al leer la noticia publicada por ABC sobre el incidente. Primero, al comprobar que nadie resultó herido, y segundo, porque se evitó hábilmente el calvario que habría supuesto una comparecencia presencial, optando por hacerlo de forma telemática ante la jueza. Y es que la investigación sobre la catástrofe de la dana y la gestión informativa de algunos medios cercanos al Gobierno han construido un mundo en el que los supervillanos son siempre los del Partido Popular , hicieran lo que hicieran. En este universo, los superhéroes son quienes gestionaron la catástrofe desde el Gobierno central. Así, Pilar Bernabé, delegada del Gobierno; Miguel Polo, presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar; y Jorge Tamayo, delegado de AEMET, son tratados por algunos medios como si fueran Wonder Woman, Mr. Fantástico y Doctor Strange , aunque nadie sepa razonar muy bien por qué. Curiosamente, ninguno de los tres acudió de forma presencial a la reunión del CECOPI que tuvo lugar aquel trágico día. Miguel Polo tampoco convocó a las personas de refuerzo de la Confederación esa tarde ni llamó a quienes trabajaban de forma telemática. Tengo la sensación de que, por extraño que parezca tras todo lo sucedido, nadie dio demasiada importancia a las inundaciones de Utiel de la mañana ni a la lluvia persistente que no dejaba de caer. Los mensajes de WhatsApp de la exconsellera Pradas a Mazón, alrededor de las dos del mediodía, en los que le comunicaba que por fin iban a firmar el convenio con los bomberos forestales y que se desplazaba a Carlet para hacerse una foto con ellos, no invitaban precisamente al pesimismo. No imagino al capitán del Titanic, tras chocar con el iceberg, enviando un mensaje a sus superiores sobre acuerdos sindicales con el personal de cocina del barco. Finalmente, tras pasar por el juzgado casi todos los que se encontraban en el restaurante El Ventorro aquel mediodía, compareció el jefe del operativo de ese día. Entre las líneas de su declaración pudimos entrever el desastre organizativo en la gestión de las emergencias, por parte de unos y otros. Lo relativo a los datos del incremento mortal del nivel del cauce del barranco del Poyo (ni comunicados adecuadamente por la Confederación ni correctamente interpretados por los técnicos del centro de emergencias) resulta sencillamente vergonzoso. Es como si en urgencias llega un paciente con cuarenta y cinco grados de fiebre y el médico afirma no saber si esa temperatura es normal. Todo ello sin contar con la orden de retirada de los bomberos de aquel barranco, que parece no importar a nadie, probablemente porque se sabe que no la dio ninguno de los miembros del Gobierno autonómico. Tampoco parece importar si la presa de Forata contaba con un plan de emergencias que incluyera sirenas u otros mecanismos para avisar a las localidades cercanas de un posible colapso, ni si dicho plan se activó. Y es que, más allá de conocer minuto a minuto dónde estaba Mazón aquel día, las intervenciones de los responsables de gestionar la emergencia no dibujan un panorama de supervillanos y superhéroes, sino una imagen generalizada de supertorpes , o si me lo permiten, de auténticos megatorpes. Y lo que debemos asumir los ciudadanos es que a esos megatorpes no los colocamos directamente nosotros en sus puestos de responsabilidad, pero sí elegimos a quienes los nombran. No se trata de que quienes toman las decisiones sean tus megatorpes o los suyos, sino de que al frente de estos cargos haya personas preparadas, competentes y honradas. Quizá deberíamos ser mucho más exigentes con la selección de personal que realizan nuestros gobernantes. Coda . Por cierto, he de asumir que la historia que ahora nos están contando para tratar de convertir a José Luis Rodríguez Zapatero en el Iron Man de la democracia venezolana supera, con creces, la que les he contado en este artículo.