Decoherencia, el instante cuántico de Bolivia
“Decoherencia es un concepto real y central de la física cuántica moderna que describe el momento en que un sistema deja de comportarse como una superposición de posibilidades y adopta un comportamiento definido al interactuar con su entorno”
La historia mundial es insistente con quienes saben escucharla. En cada gran transformación, comercial, industrial, tecnológica o cultural, los países han enfrentado una disyuntiva esencial: participar del mundo o mantenerse al margen de él. Con el paso del tiempo, la historia ha sido clara en un punto incómodo pero recurrente: el aislamiento rara vez protege; con mayor frecuencia, limita.
Bolivia atraviesa hoy uno de esos momentos decisivos. El mundo se está reordenando a una velocidad inédita, y nuevas formas de cooperación, intercambio y aprendizaje están redefiniendo el lugar que los países ocupan. En este contexto, quedarse al margen no equivale a neutralidad, sino a resignar oportunidades que difícilmente vuelven a presentarse en las mismas condiciones.
La experiencia internacional es elocuente. Japón entendió, tras siglos de cierre, que abrirse no significaba renunciar a su identidad, sino dotarla de herramientas para proyectarse. Corea del Sur apostó por la integración global sin abandonar su cultura, y convirtió una historia de carencias en una de innovación. Irlanda descubrió que la apertura podía ser una estrategia inteligente de reinvención. Ninguno dejó de ser quien era, todos se volvieron más conscientes de lo que podían llegar a ser.
La identidad no se diluye en el contacto con otros. Se revela. El aislamiento, en cambio, reduce ese espejo. Al limitar la comparación y el intercambio, termina confundiendo protección con estancamiento.
Hay un libro que disfruto mucho leer y releer, Eso lo explica todo, editado por John Brockman. No es un libro tradicional; quizá sea más justo describirlo como una compilación de ideas. Su rasgo distintivo es la búsqueda de explicaciones sencillas y elegantes sobre cómo funcionan nuestras mentes, nuestras sociedades y nuestro universo. En una de sus contribuciones, el físico Raphael Bousso aprovecha su espacio para reflexionar sobre la teoría cuántica y subrayar una idea tan simple como profunda: la realidad no está compuesta únicamente por hechos fijos, sino por posibilidades. Un sistema puede albergar múltiples estados potenciales, pero estos no se manifiestan en el vacío. Solo cuando el sistema interactúa, cuando entra en relación con su entorno, uno de esos estados se realiza. El potencial existe, pero no se expresa por sí solo.
La analogía es inevitable. Bolivia posee recursos, talento, creatividad e identidad. Ese potencial es real. Pero, como en la física cuántica, la posibilidad por sí sola no basta. Sin interacción con otros sistemas, el potencial permanece latente: existe, pero no se concreta.
Abrirse al mundo no es copiar modelos ajenos sin criterio ni renunciar a lo propio. Es aceptar el desafío de medirse, aprender y elegir con inteligencia. Es permitir que el potencial nacional se defina en contacto con la realidad global y se transforme en capacidades, resultados y oportunidades tangibles.
Bolivia se encuentra hoy en ese punto de definición. Como en la teoría cuántica, el momento de interacción determina el estado que se manifiesta. Este es el instante en el que el país puede decidir si su potencial seguirá siendo una promesa indefinida o si dará el paso necesario para realizarse plenamente.
Abrirse al mundo no es dejar de ser quienes somos. Es, precisamente, la oportunidad de serlo mejor: con el mundo como espejo para reconocernos, como escuela para aprender y como escenario para proyectar aquello que Bolivia está en condiciones de aportar. La historia observa estos momentos con atención. Y este es, sin duda, uno de ellos.
(*) Eduardo Herrera es Gerente de Proyectos Especiales
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