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El conspirador

Suelo aprovechar el sosiego de las fiestas navideñas para leer alguna obra de teatro del Siglo de Oro o alguna novela de intriga, con preferencia por las del comisario Maigret de Georges Simenon. Este año, aconsejado por un amigo, he sacado, de la biblioteca de la Comunidad de Madrid que frecuento, El conspirador de Humphrey Slater (Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2009, 215 págs., traducción de Montserrat Gurgui y Hernán Sabaté), autor inglés, nacido en 1906, que se desencantó del comunismo durante su participación en la guerra civil española con las Brigadas Internacionales. Murió en España en 1958.

La Segunda Guerra Mundial ha terminado, Desmond Ferneaux-Lightfoor, comandante de la Guardia de Granaderos del Ejército Británico, se casa con Harriet Frodshan, y parece que todo circula sobre ruedas, después de la luna de miel por Francia y Suiza. Sin embargo, al volver a Londres, Harriet comienza a sospechar de la conducta de su marido, con ausencias que trata de justificar, engaños, silencios, etc.

Hasta que la curiosidad la vence y se las ingenia para hacerse con el maletín que su esposo guarda bajo llave. Así descubre que Desmond es un espía al servicio de la Unión Soviética. Acude a su prima Caroline para que la ayude a tomar la decisión adecuada. A partir de este suceso, la trama crece en intensidad, porque desde Moscú exigen a Desmond que mate a su mujer… No les cuento el final como es lógico.

La novela recuerda un poco a algunas de Graham Greene y se llevó al cine en 1949 (Conspirator, “Traición” en español), con Elizabeth Taylor y Robert Taylor como protagonistas. Una buena historia de espionaje que, además, es una crítica del comunismo desde dentro, a través de la conducta de Desmond, cuyo objetivo vital es que triunfe esa ideología en el mundo entero, para lo que está dispuesto a seguir a pies juntillas las órdenes de Moscú.

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