Marta Pinillos «Cuando lo que eres y lo que suenas se alinean, empiezan a abrirse oportunidades»
No se trata de impostar ni de adoptar una voz que no es la propia. Tampoco de aprender a “hablar bonito”. Para Marta Pinillos, entrenadora vocal experta en comunicación, influencia y oratoria, la voz es un reflejo directo de cómo una persona se sostiene cuando tiene que exponerse. Y cuando ese reflejo no acompaña, incluso el mensaje más brillante pierde impacto.
Su perfil no es el habitual en el ámbito de la oratoria. Pinillos no procede del teatro ni del periodismo, sino de la clínica: es logofoniatra, una base que marca profundamente su manera de trabajar. “Yo no enseño a ponerse una máscara ni a impostar la voz”, explica. “Trabajo con el instrumento real: la voz y su fisiología, y también con la mente de la persona, para desbloquear y entrenar su máxima capacidad de expresión”.
El objetivo es claro y exigente a la vez: “que, cuando hables, suenes tan brillante como eres. Sin disfraces”.
Profesionales solventes que no se reconocen al escucharse
Por sus sesiones pasan perfiles muy distintos: desde altas directivas hasta profesionales liberales como abogadas, arquitectas o médicas. Sectores diferentes, trayectorias sólidas, pero una sensación compartida: no sonar como realmente son.
“En su trabajo son solventes, brillantes y toman buenas decisiones”, señala. “Sin embargo, cuando les toca hablar en una reunión, defender una idea o ponerse delante de otros, aparece la duda”. La voz se acelera, pierde cuerpo, el mensaje se debilita. A veces se justifican más de la cuenta; otras, se apagan justo cuando más necesitan presencia.
No se trata de una falta de autoridad real, sino de la dificultad para sostenerla con serenidad en el momento de exponerse. Y eso acaba pasando factura. “Vivir cada intervención como una prueba, anticipar el juicio o salir pensando ‘no he estado a la altura’ es muy desgastante”.
Lo que buscan, insiste Pinillos, no es “hablar mejor” en abstracto. “Buscan recuperar una forma de expresarse que les haga justicia: sonar claras, firmes y naturales, sin tensión y sin pelearse con su propia voz”.
El gran enemigo: hablar sin aire
Desde su experiencia, hay un error que se repite con frecuencia en profesionales que dependen de su voz. “El pecado capital es la falta de aire”, afirma. Empezar las frases con fuerza y terminarlas ahogadas, sin energía. Un patrón que transmite ansiedad y resta credibilidad.
A esto se suman la monotonía ese tono plano que desconecta a cualquier audiencia y el bloqueo provocado por el estrés. “Muchos profesionales van con el freno de mano echado porque no confían en su instrumento”, explica.
El momento de decidir trabajar la voz suele llegar tras un punto de inflexión. A veces es doloroso: una reunión en blanco, la sensación de no haber sido escuchado. Otras, llega con algo positivo, como un ascenso o un nuevo reto profesional. “De repente te das cuenta de que las habilidades técnicas que te trajeron hasta aquí no son suficientes para el siguiente nivel. Necesitas presencia y ya no puedes ir improvisando”.
Alto Rendimiento Vocal: presencia bajo presión
En contextos de alta exposición pública, Pinillos es clara: no se puede fingir. “Si intentas poner ‘voz de locutora’, se nota y genera desconfianza”. Lo que marca la diferencia es el dominio real de la voz y la calma.
Ella lo define como Alto Rendimiento Vocal: la capacidad de estar bajo presión y que la voz siga sonando firme, cálida y segura. Una cualidad clave cuando la credibilidad y la influencia se juegan en cada intervención.
Los primeros cambios, explica, son físicos. Al aprender a respirar, desaparece el cansancio vocal. Con el aire llega también una nueva postura. “Se colocan con presencia, ocupan su espacio, levantan la barbilla”. La seguridad empieza a proyectarse hacia fuera casi de inmediato. Es lo que en comunicación se conoce como empaque.
Cuando la forma eclipsa la verdad
En perfiles como periodistas, actores o portavoces, el problema suele ser el contrario. “A veces hay un exceso de forma”, señala. Voces bien colocadas, estéticamente impecables, pero frías o distantes. Es lo que ella llama el efecto presentador.
En estos casos, el trabajo consiste en desaprender ciertos vicios para recuperar la naturalidad. “No se trata solo de decir bien un texto, sino de conectar de verdad con la audiencia, desde un lugar más honesto”.
De invisible a portavoz
Entre los muchos procesos que ha acompañado, Pinillos recuerda especialmente el de un perfil muy técnico con pánico escénico real. “Se hacía invisible en las reuniones. Su carrera estaba estancada”. El trabajo no se limitó a la voz, sino que incluyó la gestión física del miedo.
Meses después, aquella persona estaba dando una charla como portavoz. “Lo bonito no fue verle hablar bien, sino verle disfrutar haciéndolo. Pasó de querer huir de la sala a ser el dueño de la sala”.
La voz como parte del cuidado profesional
Para Marta Pinillos, el trabajo vocal debería ocupar un lugar claro en el desarrollo profesional actual. “Es parte de tu cuidado profesional”, afirma. “Puedes ser excelente en lo que haces y, aun así, que eso no se perciba si no logras expresarlo con claridad y seguridad”.
Cuidar la voz y la forma de comunicar no es una cuestión de vanidad, sino de coherencia con el propio talento. Porque como resume cuando lo que eres y lo que suenas se alinean, empiezan a abrirse conversaciones y oportunidades que antes se escapaban.