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A nadie le amarga un dulce, por América: los 5 postres más queridos en todo Chile

Si la repostería europea es puro arte, la americana no se queda atrás, y en concreto la chilena tiene todos estos platazos

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente americano, Chile juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por la tradición campesina, la herencia colonial y un fuerte apego a la cocina de casa, explica por qué los postres chilenos son sencillos, reconocibles y profundamente cotidianos. Aquí el dulce no busca sorprender, busca acompañar, y estos cinco clásicos lo dejan claro.

En este recorrido por la repostería chilena asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el mote con huesillos, el calzón roto o la torta de mil hojas, dulces que forman parte del paisaje diario. Chile puede dividirse por climas, regiones o ritmos de vida, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera directa y sin artificios de entender el postre.

1. Mote con huesillos

Uno de los postres más emblemáticos del país. Se trata de una bebida-postre hecha con trigo cocido, duraznos deshidratados y un almíbar dulce. Es habitual en verano y omnipresente en puestos callejeros.

2. Torta de mil hojas

Un clásico de celebraciones y pastelerías tradicionales. Capas finísimas de masa rellenas de manjar, que dan como resultado un postre contundente y muy reconocible. Es uno de los dulces más celebrados del país.

3. Calzones rotos

Dulce frito de masa crujiente y forma irregular, espolvoreado con azúcar glas. Es típico del invierno y de fiestas populares, y forma parte del recetario más tradicional.

4. Leche asada

Versión chilena del flan, pero horneada directamente. Tiene una textura firme y un sabor sencillo, y es habitual como postre doméstico en muchas casas.

5. Kuchen

De clara influencia alemana, especialmente en el sur del país. Se trata de una tarta de frutas con base de masa y relleno cremoso. Aunque su origen es europeo, en Chile se ha integrado plenamente como postre cotidiano.

Chile demuestra que el postre no necesita exageración para ser querido. Sus dulces hablan de estación, de calle y de cocina doméstica, y recuerdan que, a veces, lo que más se repite es también lo que mejor define un lugar.

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