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Los consejos de la DGT para circular en carreteras con nieve de manera segura

Las condiciones meteorológicas cambian por completo la circulación, exigiendo prudencia y adaptación constante para garantizar seguridad en desplazamientos cuando las carreteras se vuelven imprevisibles

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La nieve y el hielo acumulados por el paso de la borrasca Kristin, que ha dejado al menos 160 carreteras afectadas en nuestro país, ha llevado a la Dirección General de Tráfico (DGT) a publicar una serie de recomendaciones para mantener la seguridad vial. Las bajas temperaturas, las precipitaciones invernales y la posible formación de placas dificultan la conducción, alteran el comportamiento del vehículo y reducen de forma notable la adherencia del coche, lo que incrementa el riesgo de accidentes. Estas situaciones no solo afectan a zonas de montaña, sino también a vías principales y carreteras secundarias donde las condiciones pueden cambiar en pocos minutos.

Las pautas de la DGT abarcan desde la preparación previa del vehículo hasta la adaptación del estilo de conducción, pasando por la gestión de situaciones concretas como pendientes, nieve acumulada o la presencia de maquinaria de mantenimiento. El objetivo es reducir riesgos y facilitar desplazamientos más seguros cuando el entorno se vuelve especialmente exigente.

Preparar el vehículo antes de circular con nieve

Antes de iniciar cualquier desplazamiento con previsión de bajas temperaturas, es fundamental revisar el estado general del vehículo. Uno de los elementos clave en invierno es el sistema de refrigeración. El anticongelante evita que el líquido del radiador se solidifique durante las heladas, lo que podría provocar daños graves en el motor y averías que inmovilicen el coche en plena carretera.

Comprobar que el nivel y la concentración del anticongelante son adecuados forma parte de las tareas básicas de mantenimiento invernal. Esta revisión resulta especialmente importante en desplazamientos largos o en zonas donde las temperaturas pueden descender de forma acusada. Una preparación adecuada reduce la probabilidad de incidencias mecánicas cuando las condiciones exteriores son adversas.

Atención constante y anticipación en condiciones invernales

La conducción sobre nieve o hielo exige un mayor nivel de concentración. El comportamiento del vehículo cambia y la capacidad de respuesta se reduce, por lo que cualquier distracción puede tener consecuencias más graves que en condiciones normales. Mantener la atención fija en la carretera y anticiparse a las reacciones del coche es clave para circular con mayor seguridad.

En este sentido, la temperatura exterior se convierte en un indicador relevante. Muchos vehículos muestran este dato en el cuadro de instrumentos, y cuando se aproxima a valores cercanos a los cero grados aumenta la probabilidad de encontrar zonas heladas. Estar pendiente de esta información permite extremar la precaución en tramos especialmente sensibles, como áreas sombrías, puentes o carreteras poco transitadas.

Velocidad moderada y mayor distancia de seguridad

Una de las primeras adaptaciones que debe realizar el conductor en condiciones invernales es la reducción de la velocidad. Cuando la adherencia es limitada, los límites genéricos dejan de ser la referencia principal. Circular a una velocidad moderada facilita el control del vehículo y permite reaccionar con mayor margen ante cualquier imprevisto.

A esta reducción del ritmo debe sumarse un aumento de la distancia de seguridad. En superficies deslizantes, la distancia de frenado se incrementa notablemente, incluso a baja velocidad. Dejar más espacio respecto al vehículo que circula delante proporciona tiempo suficiente para responder ante una frenada brusca, una retención o un obstáculo inesperado en la calzada.

Suavidad al volante y control del vehículo

La suavidad en la conducción es uno de los principios fundamentales cuando se circula sobre nieve o hielo. Movimientos bruscos del volante, aceleraciones repentinas o frenadas intensas aumentan el riesgo de pérdida de control. Por el contrario, una conducción progresiva ayuda a mantener la estabilidad del vehículo.

En caso de atravesar una placa de hielo, la recomendación general es levantar el pie del acelerador y evitar frenar de forma abrupta hasta que se recupere la adherencia. Mantener las ruedas alineadas y corregir la trayectoria con movimientos suaves del volante contribuye a estabilizar el coche durante el deslizamiento. La clave es no realizar acciones que puedan agravar la pérdida de control.

Uso correcto de marchas y comportamiento en pendientes

La gestión de las marchas adquiere especial importancia en condiciones de baja adherencia. En tramos llanos o en subidas, utilizar una marcha más larga de lo habitual permite reducir el régimen del motor y minimizar el patinaje de las ruedas de tracción. Esta técnica ayuda a avanzar de forma más estable cuando el firme está cubierto de nieve o presenta hielo.

En pendientes descendentes, la estrategia cambia. Es preferible emplear marchas cortas para aprovechar la retención del motor y reducir la necesidad de frenar. El uso del freno debe limitarse a situaciones imprescindibles y aplicarse de forma suave y progresiva. En vehículos con cambio automático, los modos específicos para superficies deslizantes ajustan el funcionamiento de la transmisión para favorecer una entrega de potencia más controlada.

Nieve acumulada: roderas, quitanieves y equipamiento adecuado

Cuando la nieve cuaja sobre la calzada y forma una capa continua, la circulación se complica aún más. En estos casos, las roderas marcadas por otros vehículos ofrecen zonas con algo más de adherencia. Mantenerse dentro de estas huellas puede facilitar el avance en trayectos cortos y sin grandes pendientes.

La presencia de la máquina quitanieves indica que se están realizando labores de limpieza, lo que facilita el paso, pero también puede generar una falsa sensación de seguridad. Tras el paso de la pala, el firme puede quedar cubierto por nieve compactada o una fina capa de hielo, por lo que conviene mantener la precaución y no aproximarse en exceso a estos vehículos.

En situaciones de nieve acumulada, el uso de cadenas o neumáticos específicos de invierno o todo tiempo resulta fundamental. Estos sistemas ofrecen una tracción muy superior a otras soluciones menos eficaces. Existen productos que prometen mejorar el agarre de forma rápida, pero no sustituyen a los equipamientos diseñados para circular con seguridad en estas condiciones.

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