Que la letra sea parte viva del futuro
José Martí siempre vio en los niños y las niñas la semilla del porvenir, «la esperanza del mundo», convencido de que en ellos descansaba la fuerza moral y espiritual de la nación. No es casual entonces que este 28 de enero, coincidiendo con el aniversario 173 del natalicio del Apóstol, haya sido escogido como la fecha para materializar la entrada en vigor del nuevo Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes en Cuba.
«Este Código es un compromiso histórico con nuestras nuevas generaciones», manifestó este miércoles en conferencia de prensa la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, quien subrayó, además, que el nuevo texto se concibe como una actualización necesaria de las políticas hacia los pinos nuevos, en un contexto de transformación cultural y social.
Agregó que esta normativa asegura un entramado de protección pensado para las infancias, con mecanismos diferenciados que garantizan respuestas inmediatas, mientras que para los jóvenes se impulsa un sistema que estimula su participación y los reconoce como protagonistas de su propio desarrollo. Se trata, además, de una oportunidad para reformular formas de hacer y entender conceptos ya presentes en la Constitución de la República y en el Código de las Familias.
Como se ha explicado, el texto legal incorpora, asimismo, principios de participación infantil y juvenil, reconociendo su derecho a opinar y ser escuchados en los asuntos que les afectan directamente. Este enfoque marca un cambio en la relación entre generaciones, otorgando a las voces más jóvenes un papel real en la construcción de la sociedad.
En materia de protección, se refuerzan las garantías frente a situaciones de riesgo y se establecen
mecanismos para prevenir y atender la violencia intrafamiliar, el acoso escolar y cualquier forma de explotación. Asimismo, se fomenta la creación de espacios seguros en comunidades y centros educativos, concebidos para favorecer el desarrollo pleno de la niñez.
La normativa, como explicó la Ministra, también reconoce la diversidad de las infancias cubanas, con especial atención a quienes viven en zonas rurales, comunidades vulnerables o presentan alguna discapacidad, asegurando que ningún niño o adolescente quede al margen de sus derechos.
EL EQUILIBRIO QUE SOSTIENE LA NORMA
El alcance del texto se mide no solo por lo que reconoce, sino por cómo se aplica. Precisamente sobre este punto, Luis Alberto Hierro Sánchez, consultor de Unicef y miembro del grupo redactor del Código, subrayó que la parte más importante —y quizá la más compleja— es la implementación de la ley que protege los derechos de la infancia, la adolescencia y la juventud.
Se trata de una normativa construida sobre una estructura que parte de un cuerpo general y se organiza en libros, según los rangos de protección y participación de cada grupo etario. «El Código articula al Estado, la sociedad y las familias en un mismo esfuerzo», señaló, destacando que su alcance es amplio y profundamente integrador.
El primer gran aporte del Código, explicó, es que regula un conjunto vasto de derechos y garantías que deben hacerse realidad en la vida cotidiana de las nuevas generaciones. «Cada derecho va acompañado, de manera clara, de las responsabilidades que les corresponden al Estado, la familia y a las instituciones involucradas», enfatizó. Ese doble balance —derechos y deberes— constituye uno de los pilares de la normativa.
El segundo elemento esencial es la creación de un sistema de protección integral para la niñez y la adolescencia, junto a un sistema de promoción de la participación juvenil. Para ello, se reguló una estructura descentralizada de comisiones, una nacional, otras provinciales y, sobre todo, a nivel municipal.
Estas comisiones, dijo, garantizan que «ningún niño, niña o adolescente quede sin respuesta ante cualquier vulneración de sus derechos», pues cuentan con responsables definidos, procedimientos claros y plazos establecidos para actuar de manera inmediata y efectiva.
Finalmente, destacó que el Código ofrece herramientas prácticas para los operadores encargados de hacerlo efectivo. Retoma principios ya presentes en el Código de las Familias, pero ahora con parámetros más concretos y técnicas específicas para evaluar la autonomía progresiva y asegurar su plena participación en los asuntos de la sociedad.
«Este cuerpo legal regula medidas de protección que convierten los derechos en realidades tangibles», concluyó, reafirmando que el mandato constitucional de que los menores en Cuba sean plenos en sus derechos encuentra aquí una expresión más sólida y operativa.
CAPACITACIÓN Y ASESORÍA PARA HACERLO REALIDAD
La implementación de la nueva normativa exige preparación y acompañamiento en todos los niveles. En ese sentido, la viceministra de Educación, Marlen Triana Mederos, explicó que las comisiones creadas en cada nivel —nacional, provincial y municipal— estarán respaldadas por un sistema de capacitación sistemático, profundo y diverso en sus métodos.
Además, recalcó que cada provincia contará con su propio grupo asesor para garantizar el funcionamiento de la nueva institucionalidad, con el apoyo del Ministerio de Educación y su programa para la formación de estas comisiones.
Según comentó, ya se han elaborado guías de acción que serán distribuidas a los gobiernos locales responsables de dirigir el trabajo en los territorios. «Estamos iniciando un proceso gradual, con materiales audiovisuales y otros recursos informativos que apoyarán todo el proceso de implementación», afirmó.
Precisó el papel de la prensa como «un aliado importante para continuar comunicando», ya que mientras más se conozca sobre el Código y de su funcionamiento, más efectiva será su aplicación. Concluyó mencionando que esta primera etapa tendrá dos años de intenso trabajo, que al culminar propiciará una revisión de la normativa para ajustar lo necesario según la práctica.
Este nuevo marco legal es una invitación a toda la sociedad a comprometerse con sus generaciones más jóvenes. Convertir derechos en hechos será la tarea común, y en ese empeño late la certeza de que el futuro de Cuba se escribe con la energía, la creatividad y la esperanza de quienes hoy crecen y sueñan. El reto está en nuestras manos, en hacer que cada derecho se cumpla, que cada deber se asuma y que cada sueño de la niñez y la juventud se convierta en parte viva del futuro de Cuba.