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Claudia no fue, fue Teté

Quizá de niña le gustaba repetir ese estribillo tan mexicano: “Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale, que ella merita fue”.

Se ha evidenciado como una de las más notables características de la personalidad de Claudia Sheinbaum. Clama para ella avances reales o imaginarios bajo su mandato, pero escurre el bulto ante algo negativo. No fue ella, fue Teté. Es impresionante la forma en que evade asumir una responsabilidad, ya no digamos una culpa.

Con todo el poder del Estado, cuenta además con la complicidad o el silencio de sus funcionarios para apuntarse las victorias y trasladar las derrotas a otros. El presidente estadounidense Harry Truman tenía sobre su escritorio la frase “La pelota se detiene aquí”. La presidenta se ha convertido en una experta, pero pateando las pelotas que le incomodan.

Cuando Petróleos Mexicanos enviaba su producción a Cuba, ahí estaba ella, oronda, al frente. ¿Qué ha dejado de hacerlo? En su cantinflesca respuesta mañanera argumentó que era responsabilidad de la paraestatal. A saber por qué Pemex dio un giro a la política, y a los barcos abasteciendo al castrismo, porque ella no fue. Yo no fui, fue Pemex.

O fue el PRIAN, como es el caso de la gasolina cara que ahora pagan los mexicanos (a menos que compren huachicol). Por años el padre político de Sheinbaum atacó sistemáticamente, ofreciendo que en su gobierno habría combustibles baratos, cantaleta que cambió a que no subirían más sus precios en términos reales tan pronto tomó posesión. Una política que sigue su sucesora a pesar de la caída en los precios internacionales, como es notorio en Estados Unidos (con algunos estados ofreciendo precios a la mitad que en México). ¿Por qué no reduce el gobierno los precios? Por una ley promulgada en los tiempos del PRIAN, explicó la presidenta. Parece que se olvidó que su partido y sus satélites tienen la mayoría aplastante para cambiar igual leyes que Constitución, como han hecho en numerosas ocasiones desde que tomó posesión. Pero ella no puede modificar esa ley.

Nada que le afecte es aceptable, ni a ella pero tampoco a su padre político, su familia y colaboradores que hoy siguen medrando en el aparato gubernamental. Para esto sirve la flamante Fiscal General de la República, quien ya avaló la obra supervisada por uno de los hijos del demagogo, en que abundaron las evidencias de corrupción durante la obra. Todo perfecto con rieles, durmientes, balastro y terraplenes. Igual con las máquinas y vagones. Aquí no cabía culpar a los pernos, como en la Línea 12 del Metro (otra responsabilidad que evadió la hoy presidenta), había que culpar a personas, y así fue: conductor, maquinista y otro tripulante a bordo del descarrilado convoy. Fueron ellos, y a pegarles.

El esquema presidencial es contagioso. La reciente compra de camionetas “machuchonas” (habría dicho el demagogo) para uso y disfrute de los miembros de la Suprema Corte de Justicia del Acordeón fue no solo inicialmente justificada por motivos de seguridad, sino además porque así lo establecía una “norma” interna de la propia corte, heredada por supuesto. Los que clamaban por la austeridad resultaron voraces hasta que los frenó la exhibición pública. No dominarán la técnica jurídica pero vaya que saben ordeñar un presupuesto.

Pero la presidenta sí está dispuesta a asumir otras responsabilidades. Ahora es, además, promotora de conciertos de BTS. Pero que no se trate de dar la cara ante un error o una tragedia, porque entonces no fue Claudia, fue Teté.

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