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Resistencia a la insulina en la menopausia: el papel del estroboloma

Abc.es 
A partir de la perimenopausia muchas mujeres sufren multitud cambios y, de los más desconcertantes, es el hecho de seguir comiendo lo mismo de siempre y ganar peso, especialmente en la zona abdominal. Y no se trata de comer peor, detrás de este fenómeno existen mecanismos complejos, en los que la resistencia a la insulina y la bajada de los estrógenos juegan un papel principal, en el cual, la ciencia pone foco en un actor poco conocido: el estroboloma. ¿Qué es la resistencia a la insulina y por qué aumenta en la menopausia? Pongámonos en contexto. Cuando comienzan los primero cambios hormonales, la insulina, que es la hormona encargada de «abrir la puerta» de las células para la entrada de glucosa (y que así pueda utilizarla como energía), deja de trabajar tan eficientemente y los tejidos no van a responder adecuadamente: estaríamos hablando de una resistencia a la insulina, que no es lo mismo que la diabetes, aunque sí una antesala que altera el metabolismo de la glucosa y que favorece la acumulación de grasa corporal. Pues en la menopausia, esta resistencia a la insulina es más frecuente de lo que imaginamos, y se debe a la disminución de estrógenos , que hasta el momento se encargaban de: mantener una buena sensibilidad a la insulina, regular nuestra distribución de grasa y modular las señales de inflamación. Pero existen más cambios, lo que llamamos estroboloma es un conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino y están implicadas en el metabolismo de los estrógenos, siendo su principal función la de participar en la activación y recirculación de los estrógenos por el organismo. Cuando los ovarios dejan de producir estrógenos, no significa que estos vayan a desaparecer, sino que hay una parte que se metaboliza en el hígado y que se elimina a través de la bilis hacia el intestino. Y cuando llegan ahí, determinadas bacterias pueden reactivarlos y permitir que vuelvan a la circulación (vamos, como un reciclado de estrógenos), de manera que este proceso nos ayuda a mantener el equilibrio hormonal . Si es estroboloma no esta equilibrado, que por cierto es algo más frecuente de lo que pensamos en perimenopausia y menopausia, se reduce la cantidad de estrógenos activos disponibles en el organismo y esto no solo altera el equilibrio hormonal, sino que también altera el metabolismo, la sensibilidad a la insulina y la inflamación, vamos que no únicamente es cuestión de cuántos estrógenos se producen, sino de cómo se gestionan. Entonces, ¿por qué se gana peso comiendo lo mismo? Pues es una mezcla de varios factores: Menos estrógenos circulantes. Un estroboloma menos eficiente. Mayor inflamación de bajo grado. Un músculo que responde peor a la insulina. Como resultado vamos a obtener un metabolismo menos flexible que no sabe aprovechar bien la glucosa y que tiende a almacenar la grasa incluso cuando no hay un aumento de la ingesta calórica. Además, todo esto acompañado de una acumulación de grasa donde antes no estaba: la zona abdominal. Por eso, no podemos decir que sea una sensación subjetiva lo de 'estoy comiendo igual y sin embargo estoy ganando peso', sino que es una consecuencia de los cambios hormonales . Durante la menopausia, la resistencia a la insulina se da de una manera progresiva y silenciosa, que no siempre se va a detectar con análisis clínicos y que puede no ir acompañada de aumento de peso, pero también puede manifestarse como: dificultad para perder grasa (que no es lo mismo que perder peso), cansancio persistente, mayor apetito o antojos. Esto es importante entenderlo porque muchas mujeres se sienten frustradas y se culpabilizan a la hora de abordar este problema. ¿Qué se puede hacer? No hay que asustarse porque siempre se puede mejorar. La sensibilidad a la insulina y el equilibrio hormonal mejoran cuando se actúa sobre los factores determinantes. Es importante revisar la alimentación , priorizar alimentos frescos y ricos en fibra, aumentar el consumo de proteínas y modular el consumo de hidratos de carbono (no hace falta eliminarlos, pero sí medir frecuencia y cantidades), cuidar el descanso, manejar el estrés y mantener una actividad física (ejercicio de fuerza adaptado). Todo esto va a contribuir a reducir la inflamación, mejorar la respuesta a la insulina y favorecer un entorno intestinal más saludable. Comprender el papel del estroboloma y su relación con los estrógenos ayuda a explicar por qué el metabolismo femenino cambia en esta etapa y por qué no todo se reduce a comer menos, sino a entender mejor cómo funciona el cuerpo.

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