World News in Spanish

Un metro de tierra para José Santos Chocano, por Eduardo González Viaña

“¡Yo no espero ya ahora más que un metro cuadrado

donde tengan un día que enterrarme de pie!”.

Solo un metro de tierra quería, y lo tuvo. Cuando sus restos fueron repatriados y trasladados a Lima, el 14 de mayo de 1965, se les hizo ocupar esa porción de tierra en una tumba vertical del Presbítero Maestro.

José Santos Chocano (1875-1934) fue un poeta peruano de talla universal. Su poesía épica llenó las mejores páginas de la literatura hispanoamericana, al tiempo que su lírica, fabricada con magia y esmero, lo convirtió en uno de los mayores autores del modernismo.

La comparación entre varios momentos cumbres de su vida y su doloroso final nos muestran las antípodas de una vida sin par.

Había subido a un tranvía en Santiago de Chile la tarde del 13 de diciembre de 1934, cuando sintió a su lado la presencia de un individuo que se le había estado apareciendo a cada instante en las calles de la ciudad del río Mapocho.

-¿Dónde está el tesoro? -le preguntó el extraño.

Como Chocano no respondía y más bien se quedara mudo de asombro, Martín Bruce Padilla, un esquizofrénico, lo apuñaló por la espalda y después por el corazón.

Ese final contrastaba con el momento cumbre de su vida -el 5 de noviembre de 1922-, en que la Municipalidad de Lima puso sobre su cabeza una corona de oro. Como lo narra Luis Alberto Sánchez, la coronación constó de tres actos: el primero fue en el teatro del Palacio de la Exposición. Allí, el poeta recibió una corona de laureles de oro de manos de Clemente Palma, quien representaba al alcalde de Lima. Por su parte, Augusto B. Leguía, presidente del Perú, dijo las palabras de la consagración.

En el segundo acto, la comitiva se encaminó hacia el monumento a Bolognesi, donde se hizo recuerdo de las glorias de la resistencia peruana durante la guerra con Chile. Por fin, en otro teatro, se completó la serie de homenajes.

¿Contestaría el famoso poeta indicando que no merecía esas glorias? ¿Haría una concesión a la modestia, aunque fuera la falsa modestia?

De ninguna manera. Esto dijo:

“La corona con que ciñen mi frente los pueblos del Perú, no halaga mi amor propio tanto como mi amor patrio; así quisiera levantar la cabeza lo bastante como para que del mundo entero fuera vista esta corona como un emblema delicado a la vez que solemne de la cultura nacional”.

José Santos Chocano. Imagen: Difusión.

Y más todavía: “Bienaventurados los pueblos que aman a sus poetas porque de ellos es el reino de la inmortalidad”.

Al pasear por las calles de Lima, encontramos en la cuadra 2 del jirón Cailloma una modesta bodega en la cual dos placas de mármol aseguran que esa casa fue la cuna del ilustre aeda. Algún material de construcción desparramado por la acera hace temer lo peor, acaso un feo edificio es inminente.

Por otro lado, la información de algunos sectores próximos a la educación peruana, indica que el nombre de Chocano está desapareciendo de las lecturas obligadas de nuestros estudiantes.

La corriente literaria del modernismo hispanoamericano al que pertenecía Chocano señaló, de un lado, un rompimiento con la historia literaria heredada de España y, de otro, una respuesta contra el naciente imperialismo norteamericano. Así lo muestra Rubén Darío en su oda “A Roosevelt”, presidente de los Estados Unidos en esos momentos.

En su poema “Caupolicán”, Chocano exalta el coraje del líder mapuche quien va a ser ejecutado por los españoles y responde al peligro en forma altiva y, de esa manera, muestra la superioridad moral de los nativos de América quienes fueron llevados al cautiverio y a la muerte, pero jamás fueron destruidos.

La desbordante obra de Chocano colocó su figura en lo más alto de la literatura escrita en español. Sin embargo, los contrastes de su vida fueron muchos y muy evidentes, como aquel episodio en que sus apuros económicos lo llevaron a empeñar la corona de laureles de oro.

Volviendo al mayor de sus biógrafos, Luis Alberto Sánchez, conocemos que José Santos Chocano entregó una carta a su abogado con la autorización de rescatar la joya y de guardarla hasta cuando él pudiera recuperarla. Sin embargo, todos sus proyectos se fueron por la borda en ese tren de Santiago donde un desconocido le preguntó:

-¿Dónde está el tesoro?

Читайте на сайте