World News in Spanish

El despertar del Orgullo Woke

Si en el final del siglo XX la principal victoria de Margaret Thatcher fue Toni Blair, en el principio del siglo XXI la asunción por parte de dirigentes de la izquierda de que la agenda woke nos arrinconaba ha sido una victoria del trumpismo de la que por fin empezamos a salir

“¿Sabes por qué Trump ganó las elecciones y Vox está comiéndose al PP? Por los excesos woke. Los excesos del feminismo, tanta defensa de los colectivos LGTBIQ+, la defensa de los derechos de los migrantes (¡hay que estar en los barrios para saber lo que es vivir con ellos!), las restricciones climáticas, parece que fuera obligatorio ir a todas partes en bici, la izquierda es una moralista que regaña a la gente, parece que si eres hombre ya no pintas nada, hablamos mucho de las minorías pero no de lo material…”

Si discursos como esos tienen capacidad destructora para la izquierda, no es porque los enuncie la derecha bully, que siente (con toda la razón) cómo el auge woke ha erosionado su libertad de machacar al prójimo. El problema está en la cantidad de análisis de la izquierda que han explicado a la izquierda que ese discurso dice la verdad, disfrazando de prestigiosa autocrítica lo que no es más que la asunción acrítica de la propaganda trumpista. En parte por pereza intelectual y también porque no pocas veces quienes aceptamos esos topicazos somos (yo lo soy) hombres heterosexuales, cis, de mediana edad, blancos y nacidos en España. Esos hombres de 45 a 50 años, amigos de Pedro Sánchez, que le explicaban al presidente que el feminismo había llegado demasiado lejos (hombres, como yo, que sufrimos un permiso de dos semanas cuando nacieron sus hijos y que ahora, gracias a los avances del feminismo, gozaríamos hoy de 19+2 semanas).  

Es posible que a muchos de esos hombres, heterosexuales, cis, cincuentones, blancos y autóctonos nos dé vértigo o incluso rabia perder la exclusividad del mundo, asumir que no tenemos que estar siempre liderándolo todo y diciéndole al resto lo que tienen que hacer; como al fondo buitre le parecería intolerable no poder echar familias de sus barrios para triplicar el precio de un alquiler. En el caso de que no seamos conscientes de que el mundo que supera esas dominaciones (el mundo woke) es un mundo más habitable en el que también nosotros viviremos una vida mejor, mala suerte: no ser el protagonista no es estar excluido por nadie; es perder el derecho a excluir a otros y otras. 

Pero vayamos al grano, que los protagonistas de este artículo no somos otra vez los hombres blancos cishetero…

Antes de la pandemia había dos movimientos sociales absolutamente masivos del ámbito de lo que la derecha trumpista empezó a calificar como “woke”: la juventud movilizada contra la emergencia climática y las mujeres logrando la mayor fortaleza del feminismo que ha habido en la Historia. ¿La juventud es de extrema derecha? El tiempo pasa para todos, pero la juventud que en 2020 tomaba las calles por el clima y la igualdad no son boomers aún. Ni tampoco se han hecho de extrema derecha.

Hay muchísimos signos de que la ofensiva trumpista, que ya es una forma de fascismo del siglo XXI sin necesidad de hipérboles, genera rápidamente anticuerpos woke allí donde Trump es una amenaza más fuerte. 

Según las encuestas, las principales preocupaciones de los estadounidenses bajo el gobierno de Trump son económicas y materiales: la inflación y los precios (53%), la atención médica (41%) y empleo y economía (38%). ¿Cómo se ha canalizado el enorme descontento popular antitrumpista? Con inmensas movilizaciones en defensa de los derechos migrantes y en contra de la violencia fascista perpetrada por el ICE. El manual de la autocrítica de izquierdas habría propuesto evitar el tema de la migración, que los obreros autóctonos odian a los migrantes y centrarnos en los derechos migrantes da alas a la extrema derecha. Sin embargo, la izquierda estadounidense (supuestamente muerta y enterrada hace apenas un año) afronta 2026 con encuestas que suponen muy buenos pronósticos y ya han traído importantes avances: la elección de un musulmán cuyo equipo está liderado por mujeres para la alcaldía de New York (casi una caricatura de la dictadura woke) es hoy una esperanza para la izquierda mundial. 

Los topicazos de la derecha antiwoke nos dicen que la izquierda tiene que elegir entre lo woke y lo material, pero las reacciones populares a la derecha trumpista muestran que la gente sabe de forma espontánea que tal distinción que se tragan algunos dirigentes de izquierdas es completamente falsa y además es suicida para la izquierda. Las luchas contra las opresiones materiales y vitales son la misma lucha; las propuestas woke siempre van de la mano de conquistas en justicia social; los gobiernos que más avanzan en aspectos materiales (indudablemente el actual gobierno progresista de la reforma laboral, el SMI, las pensiones y los avances en derechos sociales) son siempre acusados de ser woke y olvidarse de lo material; por alguna razón repetimos que la muy woke izquierda madrileña tiene mejores resultados en los barrios ricos que en barrios y municipios del sur cuando es una mentira que se desmonta mirando cualquier tabla de resultados electorales.

En el Reino Unido, el ¿socialdemócrata? Starmer copió los discursos ultraderechistas contra la inmigración y solo sirvió para que la ultraderecha creciera enormemente en las encuestas. La izquierda británica encontró su refugio en el Partido Verde, muy especialmente la juventud (47% de menores británicos está considerando votar al Green Party) y también entre las mujeres de todas las edades (31%). 

La respuesta verde a las políticas de extrema derecha ya tuvo un notable ejemplo en la capital de la Hungría de Orbán: Budapest cuenta con una mayoría verde y es la única región de Europa en la que la identidad europea supera a la identidad nacional y a la regional. En este patrón encaja que la manifestación del orgullo LGTBIQ+ que quería prohibir Orbán en Budapest se convirtió en la más importante manifestación de protesta europea en una ciudad de la UE a la que se desplazaron cientos de miles de personas de toda la UE.

El trumpismo está generando anticuerpos muy rápido. En Estados Unidos la movilización social y electoral antitrumpista explica los arrebatos irracionalistas de Trump y su incapacidad para contener a algunos cargos republicanos con instinto de supervivencia. Las amenazas de Trump a Canadá y Dinamarca supusieron un vuelco en las encuestas con una drástica subida de las alternativas a la derecha trumpista. Orbán parece estar a un trimestre de perder el poder en Hungría.

Allí donde se está produciendo la reacción de las fuerzas progresistas, está siendo con una suerte de Orgullo Woke que vuelve a tomar conciencia de que todas las banderas combaten juntas, que solo fuimos demasiado lejos para quienes quieren seguir machacando al prójimo, ya sea sacándolo de su casa para que se forre un fondo buitre, machacándolo por homosexual, protegiendo al multimillonario agresor sexual o contaminando más sin importar que ello genere danas, sequías ingestionables, un futuro inhabitable para los jóvenes actuales y una crisis energética que causa facturas imposibles de pagar en los hogares de familias trabajadoras.

Si en el final del siglo XX la principal victoria de Margaret Thatcher fue Toni Blair, en el principio del siglo XXI la asunción por parte de dirigentes de la izquierda de que la agenda woke nos arrinconaba ha sido una victoria del trumpismo de la que por fin empezamos a salir.

Confiemos un poco en la inteligencia de nuestros pueblos, observemos sin arrogancia las lecciones que nos han dado los jóvenes y las mujeres en todo el mundo, miremos con alegría el despertar woke que está respondiendo y va a vencer al trumpismo. 

Wokes del mundo, uníos. Porque no tenéis nada que perder salvo vuestras cadenas.

Читайте на сайте