Cuando las llaves no cierran la esperanza
Nuestra llegada a la sala de Oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología rompe la dinámica habitual. Las miradas curiosas, expectantes, se detienen en los nuevos extraños, confirmando que la presencia interrumpe el ritmo diario. En medio de juguetes acomodados en las camas y no pocos silencios, la jornada adquiere otra significación: concientizar, movilizar voluntades y reunir todos los intereses en el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer.
En ese escenario, la voz de Arlenys Martínez Scull, madre de Ariannis, pequeña de cuatro años que enfrenta la enfermedad, se impone. «El día a día de una madre con una niña que padece este mal es una batalla silenciosa», afirma.
Cada mañana, dice, se levanta agradeciendo a Dios por la fuerza que le permite seguir adelante. «Cuando uno recibe la noticia de que su niño está enfermo, el mundo y las prioridades cambian. Todo se resume a darles la atención que necesitan y a sacar fuerzas por ellos», asegura.
De los Arabos, en la provincia de Matanzas, ella describe a su pequeña como una niña alegre, hiperactiva, que necesita constante vigilancia en casa para cumplir con el reposo indicado. «Aquí en el hospital está tranquila, porque le tiene un poco de respeto, pero allá hay que estar encima de ella para que no corra». Y claro, es algo propio de su edad infantil, de su ternura.
Aun así, la familia procura que la enfermedad no limite su infancia con juegos en su cuarto, dinámicas que la mantengan contenta y un ambiente que le permita sentirse como cualquier otra niña.
Sin embargo, la madre reconoce que el camino no está libre de obstáculos. La falta de insumos, medicamentos y recursos básicos se siente en cada etapa del tratamiento. «Las dificultades sí están, es una realidad», admite, recordando todas las veces que, a pesar de la falta de combustible, tanto el Gobierno como el Ministerio de Salud Pública gestionaron su traslado a la capital para que la pequeña no pierda ninguna sesión de quimioterapia.
El bloqueo que provoca tantas carencias de insumo para el tratamiento en la sala de oncopediatría, no doblega las voluntades ni las sonrisas. Foto: Favio Vergara
El peso de las dificultades
La experiencia de Arlenys refleja en carne propia las tensiones que atraviesa el sistema de Salud cubano bajo el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero, así como las nuevas medidas anunciadas por la administración de Estados Unidos. Los especialistas lo traducen en obstáculos estructurales que limitan el acceso a medicamentos, tecnologías y recursos imprescindibles.
El doctor Luis Eduardo Martín Rodríguez, director del Instituto de Oncología y Radiobiología, reconoció que la disponibilidad de recursos ha disminuido, y algunos equipos se han perdido por roturas, debido a la imposibilidad de acceder a piezas de repuesto. Sin embargo, destacó la disposición total de los trabajadores del centro, quienes conforman un dispositivo humano y técnico para sostener la atención.
«El compromiso con los pacientes y sus familias sigue siendo la prioridad. Nuestro esfuerzo está dirigido a mitigar los efectos tangibles de esas medidas, garantizando que cada niño y adulto reciba la atención que merece», afirmó. Al mismo tiempo, recordó que la labor del centro se sostiene sobre tres pilares fundamentales: la asistencia, la docencia y la investigación, que permiten mantener un sistema integral de atención oncológica.
En el trabajo colectivo
Ese compromiso no solo se percibe en las palabras del Director, sino también en la voz de las madres que acompañan a sus hijos en la sala. Ellas confirman, desde la experiencia cotidiana, el esfuerzo diario del personal médico y auxiliar, la preocupación y entrega constante por cada detalle. En medio de tratamientos largos y jornadas agotadoras, reconocen que la atención recibida es un sostén imprescindible.
Las madres, junto a sus pequeños, agradecen el esfuerzo cotidiano del país para aliviar, en la medida de lo posible, todas las dolencias físicas y emocionales. Foto. Favio Vergara
Mariuska Forteza Sáez, especialista de segundo grado en Oncopediatría y jefa de esa área, explica que el equipo multidisciplinario —integrado por médicos, enfermeras, sicólogos y trabajadores sociales— está totalmente comprometido con sus pacientes. «Los diagnósticos que damos son muy complejos, desestructuran su vida y la de sus seres queridos», explica, por lo que procuran ser sinceros, esperanzadores, brindando apoyo médico y sicológico sin ofrecer falsas expectativas. La confianza en el equipo médico es esencial para que la comunicación y el acompañamiento integral sea efectivo.
La especialista destaca que la sala cuenta con 20 camas y recibe pacientes de todo el país, desde recién nacidos hasta jóvenes de 19 años. El servicio forma parte de una red nacional de ocho centros de oncopediatría, con protocolos unificados que permiten medir
resultados y alcanzar tasas de supervivencia comparables con países desarrollados.
El trabajo cotidiano, sin embargo, enfrenta grandes retos. A menudo, el equipo debe reinventarse para adaptar tratamientos y protocolos ante la falta de determinados medicamentos oncológicos. «Sabemos cuál es el esquema de primera línea, pero muchas veces no tenemos los insumos para hacerlo», admite, lo que obliga a buscar alternativas para garantizar la recuperación y reinserción de los pacientes.
Continuidad de una estrategia nacional
A pesar de esas dificultades, Cuba se ha mantenido constante en la prevención y el control del cáncer. Desde 1968 se implementan programas intersectoriales y comunitarios articulados —desde la estructura misma del sistema de Salud— que funcionan a través de una red nacional que incluye oncología clínica, radioterapia, medicina nuclear y oncopediatría. «Es un esfuerzo sostenido que involucra a todo el país», subrayó el doctor Luis Alberto Martínez Blanco, jefe de la sección del cáncer del Ministerio de Salud Pública.
El especialista destacó que en este Día Mundial de Lucha contra el cáncer, se deben pactar, también, nuevas iniciativas dirigidas a la concientización, la promoción de hábitos de vida saludables y la garantía en la accesibilidad a diagnósticos oportunos, tratamientos y tecnologías adecuadas de las personas. «No se trata solo de prevenir, sino de crear condiciones reales para que cada paciente reciba la atención que necesita», puntualizó. En ese sentido, insistió en que, pese a las limitaciones externas, el sistema de Salud cubano mantiene su compromiso con la población y con la defensa de un modelo inclusivo y humano.
Cuba enfrenta grandes dificultades en su sistema sanitario, pero lo hace con un compromiso que trasciende las carencias, el de mantener la atención, la dignidad y la esperanza de su pueblo. Ese es, quizá, el mensaje más contundente, incluso en medio de las restricciones, la vida sigue siendo defendida con la misma fuerza con que se protege un país entero.